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Playas

Angra, la perla de la Costa Verde

A tres horas de Río de Janeiro, una enorme bahía esconde más de 300 islas con playas para todos los gustos.

Por Silvina Pini (Especial).

"Cristo Redentor, los brazos abiertos sobre el Guanabara, esta samba es sólo porque te gusta Río”, canta eternamente Antonio Carlos Jobim en su Samba do avião. Llegar a Río de Janeiro –una de las pocas ciudades del mundo que combina playas, floresta y cerros– siempre da felicidad.

Son las nueve de la mañana de un lunes. Junto a la playa de Arpoador, que divide Copacabana de Ipanema, varios cariocas surfean un par de olas antes de irse a trabajar. Otros van y vienen en rollers, bicicletas (algunas con un accesorio especial para portar tablas de surf) o corriendo por la senda paralela a la rambla, de piedritas blancas y negras. El morro Dos Hermanos marca el final de Leblon. El mar verde ruge despacio y discreto. El sol acaricia la arena. Cómo no cantar con Jobim Rio, eu gosto de você.

PARA EL CALOR. Información útil para disfrutar de Angra dos Reis.

En ese enclave frente a Arpoador está uno de los hoteles más emblemáticos de Río: Fasano, la cadena de lujo brasileña que comenzó en San Pablo cuando Vittorio Fasano, llegado de Milán en 1902, abrió un restaurante italiano en la gran urbe brasileña. Hoy, el grupo cuenta con cinco hoteles. 

El último en abrir, en diciembre pasado, fue el Fasano de Angra dos Reis, a 150 kilómetros de Río, dentro de lo que se llama “la Costa Verde”. Es muy tentador contratar el paquete que combina noches en ambos hoteles y disfrutar de la adrenalina de la “ciudad maravillosa” junto con la calma y el romanticismo de “Angra”.

El principal atractivo

Angra dos Reis, que traducido al español quiere decir “ensenada de reyes”, recibió su nombre cuando el 6 de enero de 1502, Día de Reyes, una flota portuguesa encalló en la isla más grande del lugar, llamada –sin mucha imaginación– Ilha Grande. Este destino está a 10 minutos en barco de “Angra” y cuenta con 22 playas accesibles, un pueblito con encanto (Villa de Abraão), un faro, grutas y miradores en lo más alto de la isla. 

La playa más famosa aquí es Lopes Mendes, que está considerada como una de las cinco mejores de Brasil. Parte de su encanto se debe a su difícil acceso. Hay que tomar un barco desde Villa de Abraão de 30 a 45 minutos hasta la playa de Pouso y luego caminar un kilómetro, atravesando un morro, para llegar a este paraíso de tres kilómetros, donde sólo hay arena blanca, almendros y un mar perfecto.

También existen otras playas para disfrutar, como la escondida Caxadaço y Aventureiro. Quienes se queden con ganas de más, pueden pasar la noche en Ilha Grande.

De isla en isla

Además de Ihla Grande, otras 365 islas esperan a los improvisados navegantes con playas para todos los gustos.

En barco, las primeras que aparecen a los pocos minutos de dejar el muelle son las Botinas, dos islas pequeñas y rocosas que asombran por la transparencia de sus aguas. Son un punto privilegiado para el buceo y el esnórquel.

Otra isla muy visitada es Gipóia; cuenta con varias playas para elegir. Hay algunas desérticas –Amaral, Pequena y Fazenda– y otras con buenas olas para practicar surf, como Fora y Grande. La de las Flechas y Vitorino son las preferidas por celebridades brasileñas. Ofrecen servicios turísticos. 

Frente a la playa de Jurubaíba –más conocida como la playa del Dentista, porque un dentista famoso tenía su casa allí– suele atracar gran cantidad de barcos. Quienes llegan a la playa de las Flechas deben atravesar la isla por un sendero y pasar por la iglesia de la Piedad para alcanzar media hora después a Jurubaíba.

Con tantas islas por recorrer, el plan marinero puede repetirse por varios días y conocer otras perlas de esta gran ensenada, como las islas Cataguases, la bella Laguna Azul y la playa del Laboratorio, de aguas bien calientes.

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