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Ciudades

48 horas en Viena

Un paseo por iglesias, palacios, personajes y platos de la capital austríaca, que vibra a orillas del Danubio.

Por Juan Carlos Lopresti (Especial).

En Viena se respira música y vals, Mozart y Strauss. La capital austríaca, además de las bellezas naturales que la rodean y del imponente legado histórico que atesora, cuenta con la presencia permanente de estas dos figuras, que hicieron prodigios en una música que aún hoy se conserva y disfruta.

El centro histórico de la ciudad está diagramado en forma de triángulo, en cuyos vértices se encuentran la Ópera, de estilo barroco; el Palacio Imperial, con siete siglos de historia; y la catedral de San Esteban, de la época medieval. Todos atractivos que pueden visitarse en un recorrido de dos días.

Una buena alternativa es comenzar por la catedral, una gran mole de color oscuro que revela el paso del tiempo y cuya figura se ve reflejada en los cristales de un moderno edificio que se ubica al frente. Aquí, el viajero deberá demostrar su estado físico y subir los 340 escalones que conducen hacia la torre norte, cuya cúpula es de estilo renacentista. El esfuerzo, agotador, se compensa con la panorámica de la ciudad que se observa desde lo alto.

Alrededor de la iglesia, los carruajes tirados por caballos los únicos que pueden circular a toda hora por el casco antiguo son un buen atractivo para los turistas. Además, muy cerca de este templo se localiza el único departamento de Mozart que se conserva en Viena. Es un espacio de cuatro habitaciones, dos salones y una cocina, en el que el músico vivió tres años y encontró la inspiración para componer Las bodas de Fígaro.

Para reponer energías antes de continuar con el paseo, nada mejor que recurrir a un kiosco callejero y probar las tradicionales salchichas frankfurter würstel (de oveja), con una cerveza nacional bien helada.

Por la tarde se impone contemplar el río Danubio, inmortalizado por Strauss, que fluye por el este de Viena. Entre dos de sus brazos que cruzan por el centro se ubica la Isla del Danubio, una superficie de 20 kilómetros de largo a la cual se accede a través del metro U1. Este es el sitio de encuentro durante el verano, ya que cuenta con alquiler de barcos, bicicletas y tablas de surf, y con piscinas naturales y artificiales.

DATOS. Información útil para visitar Viena

De palacio en palacio

El segundo día empieza a lo grande. Luego de pasar por la Columna de la Peste, levantada en 1679 para conmemorar el fin de una epidemia, se llega al impresionante Palacio Imperial, ubicado en la plaza de San Miguel, que fue sede de la dinastía de los Habsburgo hasta el fin de la Primera Guerra Mundial.

Es posible visitar los aposentos reales de Francisco José I y su bella y rebelde esposa Elizabeth, más conocida como Sissi. Si el viajero recuerda la famosa película Sissi Emperatriz, interpretada muy bien por Romy Scheneider en 1956, disfrutará especialmente de este espacio. Aquí, la emperatriz de Austria y Reina de Hungría, que fue asesinada en Ginebra, tiene su propio museo. Lujosos trajes, como un vestido de novia con cola bordada en oro y plata, y carruajes, como el dorado que utilizó para su boda, son algunas de las piezas que asombran.

A esta altura del recorrido, es necesario hacer una pausa y deleitarse con la típica comida austríaca. Una buena alternativa es sentarse en alguna de las tabernas, llamadas beisl, y probar la frittatensuppe (una sopa con trozos de crepe), el wiener schnitzel (un escalope empanado) y, de postre, tortillas dulces.

Ahora sí, el camino continúa en el monumental palacio Schonbrunn, de estilo barroco, cuyos jardines son motivo de admiración. Antigua residencia de verano del emperador y su familia, conserva en su interior todo el glamour de la época, distribuido en sus 1.441 habitaciones.

Una cena con música en vivo en este palacio, en un marco de lujo absoluto, cuesta unos 1.500 pesos, pero vale la pena para cerrar un viaje con todas las letras a la imponente capital austríaca.

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Dos músicos y un psicoanalista

La casa de Wolfgang Amadeus Mozart, en Domgasse Nº 5, es su única residencia en Viena. La entrada cuesta alrededor de 180 pesos. Por otra parte, en Berggasse 19 se puede visitar la casa museo de Sigmund Freud, donde residió entre 1891 y 1938. Por unos 130 pesos, es posible acceder a su consultorio y a una biblioteca con sus obras. Finalmente, la vivienda de Johann Strauss, el “rey del vals”, se sitúa en Praterstra Be 54. Allí compuso en 1867 El Danubio Azul. Entrada: aproximadamente 66 pesos.

Dulzuras vienesas

La capital austríaca es reconocida por su pastelería y sus dulces, que son un manjar. Muy cerca del Palacio Imperial está Demel, sinónimo de calidad y de historia, ya que allí se elaboraban los productos que consumían los miembros de la corte de los Habsburgo, especialmente las violetas abrillantadas que volvían loca a Sissi. El lugar es caro pero merece una visita para disfrutar de un café con una tarta Sacher, una delicia de chocolate.
 

 

 

 

 

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