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Ciudades

48 horas en Madrid

Un fin de semana en la capital española implica elecciones, porque hay mucho para ver y hacer. Aquí, un paseo para exprimirla a través de algunos de sus monumentos, museos y espacios verdes.

Por Florencia Vigilante (Especial).

Es indiscutible que una ciudad no se agota en 48 horas. Pero más cierto es que muchas veces sólo se dispone de ese tiempo para conocerla. Por eso, este es un recorrido (entre los miles posibles) para aproximarse a una cara de la capital española. Advertencia: en este circuito no hay iglesias ni restos egipcios como el Templo de Debod. Pero sí paseos por barrios, un mirador urbano, un parque con lago y palacio, arte afuera y adentro de los museos, “la” plaza madrileña y uno de los escenarios más pintorescos de cualquier viaje: los mercados.

DATOS. Información útil para visitar Madrid.

Primer encuentro: símbolos, arte y buenas vistas

Ante la inevitable perspectiva de un día de caminata intensa, nada mejor que empezar con las energías bien arriba. Y para eso existe el brunch, que fusiona desayuno (breakfast) y almuerzo (lunch). El resultado: una comida para disfrutar entre las 11 y las 15 sin apuros, sobre todo durante los fines de semana. En Madrid, el bar Vacaciones, en el barrio de Malasaña, es un excelente punto para probarlo.

Después del ritual gastronómico, toca emprender camino hasta la simbólica Puerta del Sol, la plaza que reúne la placa del Kilómetro Cero (donde nacen las calles radiales españolas), la estatua del Oso y el Madroño, y la Casa de Correos con su torre de reloj. Una vuelta es suficiente para conocerlos y seguir unos metros más hasta la Plaza Mayor.

Antigua sede de ejecuciones públicas, coronaciones y corridas de toros, este imponente espacio acoge hoy eventos como conciertos y mercados navideños. Junto a la plaza, se levanta el Mercado de San Miguel, donde se pueden tomar unas cañas (cervezas), picar unas tapas entre puestos especializados o comprar algún producto para llevar (como los “cucuruchos” de jamón ibérico).

La tarde llega con ganas de arte y tres propuestas para saciarlas según los gustos del viajero. Los más clásicos podrán deleitarse con Las Meninas de Velázquez o El jardín de las Delicias de El Bosco en el Museo del Prado (entrada: unos 242 pesos) mientras que los que se inclinen por obras del siglo XX y contemporáneas se sentirán más identificados con el Museo Reina Sofía (entrada: unos 160 pesos). Allí se encuentra el célebre Guernica de Picasso, que no sólo impacta por la temática (representa las consecuencias del bombardeo alemán a esa ciudad vasca) sino por su tamaño. Por su parte, el Thyssen Bornemisza (entrada: unos 195 pesos) ofrece piezas de Van Gogh, Mondrian y Ernst, entre otros.

Al atardecer se puede caminar por calle Alcalá hasta el Círculo de Bellas Artes, esta vez para disfrutar de la panorámica que ofrece su terraza a 56 metros de altura. Por unos 65 pesos, es posible acceder a este espacio y divisar el skyline madrileño entre tragos, gente y buena música.

Las segundas 24, de feria y en el verde

El domingo toca levantarse temprano y tomar el metro hasta la parada La Latina. ¿Por qué el apuro? En esa zona se celebra desde hace casi 300 años uno de los mercados más populares de Madrid –El Rastro– y, a medida que avanza la mañana, las calles con puestos de libros usados, muebles, ropa de segunda mano y muñecos vintage se transforman en una marea de gente.

Otro imprescindible es el Mercado de la Cebada, en cuya explanada, repleta de murales de arte callejero, se realizan espectáculos y recitales. Y como La Latina es un área de referencia cuando de comer y beber se trata, se puede almorzar en algún local de la calle de la Cava Baja, especialista en el tapeo.

Si se quiere descansar por unas horas del gris de la ciudad, el parque El Retiro (metro mediante) espera con los brazos abiertos. Es un jardín histórico con 125 hectáreas que invitan a hacer un pícnic, recorrer espacios temáticos, navegar por un estanque artificial y visitar la exposición de arte de turno en el hermoso Palacio de Cristal.

Y para salir del parque (y de la ciudad) a lo grande, basta con tomar la calle Alcalá, atravesar la puerta homónima y continuar unos metros hasta toparse con la luminosa y teatral Gran Vía, para guardar en la memoria la última postal de Madrid.

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