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Ciudades

48 horas en Florencia, la ciudad del Renacimiento

Mercados auténticos, arte con mayúscula, gastronomía toscana y una cúpula roja que lo domina todo: así es Florencia. Para conocerla en dos días, nada mejor que un paseo a pie por sus imprescindibles.

Por Florencia Vigilante (Especial).

Florencia es, ante todo, una ciudad concentrada, lo que representa una gran ventaja a la hora de recorrerla. Y si bien 48 horas no alcanzan para disfrutar de todas sus iglesias, museos, plazas y restaurantes, sí son suficientes para caminar hasta la catedral, el Ponte Vecchio y la galería de los Uffizi.

DATOS. Información útil para viajar a Florencia.

Primer encuentro

Un buen punto para empezar a lo grande es la plaza de la Señoría, centro de la vida política florentina. Entre estatuas mitológicas y réplicas de esculturas se levanta el Palacio Viejo, una imponente fortaleza que es, desde hace siglos, la sede del gobierno. Su torre, de 94 metros, forma parte fundamental del skyline de la ciudad.

Muy cerca de la plaza fluye el río Arno. Si bien es atravesado por varios puentes, el Ponte Vecchio concentra todas las miradas (y los pasos). Sin embargo, vale la pena caminar hasta el siguiente y atravesar el río por allí, para apreciar, en toda su dimensión, al único puente que quedó en pie después de la Segunda Guerra Mundial.

Volviendo a este lado del Arno, el almuerzo espera en el Mercado Central, un lugar interesante para contemplar la vida local. Los florentinos consiguen productos de calidad en las carnicerías, verdulerías y fruterías de la planta baja, mientras que el primer piso ofrece platos típicos para degustar bajo una estructura de hierro y cristales.

La tarde se asoma con una visita obligada: la catedral de Florencia. Por unos 250 pesos, se puede acceder a la catedral de Santa María del Fiore, el baptisterio de San Juan, el campanario de Giotto, la cripta y el Museo de la Ópera.

Construido por los mejores arquitectos del Renacimiento y cubierto por mármol de colores, el templo es uno de los símbolos más representativos de la ciudad. Lo corona la cúpula diseñada por Filippo Brunelleschi, de 114 metros de altura, a la que se puede subir a través de estrechas escaleras para experimentar una impresionante panorámica. Sin embargo, gana la vista de la terraza del campanario de Giotto, desde donde la postal de los techos terracota se completa con la icónica cúpula.

Se puede cerrar el día caminando por Via Tornabuoni, una calle que aglutina a diseñadores como Prada, Burberry y los locales Salvatore Ferragamo o Gucci. Otra lección de estilo y elegancia de Florencia.

[video:https://www.youtube.com/watch?v=yyTJ4Oft6Pw]

Cuadros, parques y miradores

El segundo día arranca en una de las colecciones de arte más grandes del mundo: la galería de los Uffizi (entrada aproximada, 130 pesos). Pinturas y esculturas copan las habitaciones, en las que destacan las obras renacentistas de Miguel Ángel, Sandro Boticelli y Leonardo da Vinci. Conviene dedicarle unas horas y recorrerlo con tranquilidad.

Después de la dosis artística, suma picar algo en La Prosciutteria, conocida por sus fiambres, vinos y schiacciata  (sándwich con pan de focaccia). Es necesario reponer fuerzas para lo que se viene: los jardines de Boboli, en Oltrarno (la zona ubicada del otro lado del río Arno).

Plagados de fuentes y grutas, estos jardines simétricos acompañan la opulencia del palacio Pitti, antigua residencia de los Médici. Fueron el primer parque-jardín creado en terrazas, un modelo que luego utilizaron palacios como Versalles. Escaparse del asfalto en este lugar cuesta unos 115 pesos.

Finalmente, toca subir algunos escalones más para llegar hasta la plaza Miguel Ángel. La panorámica es, sin dudas, la mejor que ofrece la ciudad: desde allí se distinguen el Ponte Vecchio, el Palacio Viejo y la cúpula de la catedral. Al atardecer, Florencia cambia de color a los pies de los viajeros, transformando las despedidas en promesas de regreso.

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