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Córdoba

Villa Cura Brochero: los caminos del Cura Gaucho

José Gabriel del Rosario Brochero cruzó muchas veces las serranías cordobesas, desde el valle de Traslasierra hacia la ciudad de Córdoba y viceversa. Lo hacía con el propósito de tramitar el progreso para sus olvidados paisanos.

Por Marta Álvarez Moncada*.

La diminuta figura de José Gabriel del Rosario Brochero, el popularmente llamado Cura Gaucho, contenía un espíritu gigante y emprendedor que en su lucha por reclamar mejoras le hizo conocer los diferentes pasos entre Córdoba y el valle de Traslasierra, donde realizaba tareas de evangelización.

En la actualidad, el cruce por las Altas Cumbres es fluido. Brochero lo hacía a través de las huellas apenas marcadas por el paso de otros jinetes. En muchas ocasiones, hizo la travesía solo y dormía en aquellos ranchos que le daban abrigo y unos mates calientes para contrarrestar el frío. 

Escultura del religioso en plaza Centenario de Villa Cura Brochero.

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Otras veces, cruzó las Sierras Grandes junto a fieles, hombres y mujeres, deseosos de participar de los ejercicios espirituales que se realizaban en pleno centro de la ciudad, donde hoy se encuentra el coqueto Paseo de la Oriental.

El religioso cuidaba que los ejercicios espirituales siempre se hicieran en invierno porque era la época de menor trabajo en la región lo que permitía justificar las ausencias de feligreses en los campos pero se exponía a los rigores del clima de la Pampa con temperaturas nocturnas de 10 y hasta 20 grados bajo cero. Con el transcurrir del tiempo pudo construir la Casa de Ejercicios Espirituales en la Villa del Tránsito, hoy Villa Cura Brochero y aunque ya no fue necesario acompañar a los paisanos a la ciudad, siempre se involucraba en lograr desde fondos para construir caminos hasta gestionar un banco en Villa Dolores. Y nuevamente, cruzaba por las alturas en su mula Malacara.

Iglesia parroquial Nuestra Señora del Tránsito, en Villa Cura Brochero.

Aunque utilizó diversos caminos para unir Córdoba con Traslasierra, como San Clemente; Cuesta de Árgel; San Miguel, para descender por la Cuesta de los Algarrobos hacia Nono; Los Gigantes, o evitar las serranías por Villa de Soto.

En enero de 1880, condujo a las religiosas de la orden Esclavas del Corazón de Jesús con el fin de ser las primeras maestras de su escuela de niñas. El recorrido que hicieron fue por Malagueño y pernoctaron durante la travesía en Punta del Agua, San Antonio, Copina y en la estancia Las Ensenadas, respectivamente, para descender en la Villa del Tránsito.

Tras la huella

En la actualidad, se viaja por cómodas autovías y rutas, aunque aún se pueden observar algunos retazos de los paisajes por donde Brochero avanzara lo que permite recrear los arriesgados viajes de esos tiempos. 

Después de realizar sus gestiones en la ciudad de Córdoba, cruzaba el arroyo La Cañada por Pueblo Güemes, cuando todavía no estaba construido el “Almacén de Pepino” y acostumbraba aprovisionarse de mercaderías necesarias para su Casa de Ejercicios y los serranos más necesitados, en un comercio de la zona. La bajada San Roque, hoy transformada en la avenida Julio A. Roca, era el camino que tomaba cuando iba rumbo a Malagueño. En el presente el camino transita por el Observatorio Bosque Alegre y cruza las Sierras Grandes. Muy cerca de Pampa de Achala, la estancia Las Ensenadas, donde hizo escala con las religiosas encargadas de brindar educación a las niñas de Traslasierra, permanece escondida a pesar de estar tan cerca de la ruta y a pocos metros del histórico hotel El Cóndor.

En el cruce de Pampa de Achala, el merecido homenaje a Brochero. El religioso unió Córdoba con Traslasierra en sucesivos viajes por sendas.

El cruce de la Pampa de Achala muestra una estatua del Cura Gaucho, en el paraje conocido como La Posta, y más adelante aparece cada tanto el símbolo de “Los Caminos de Brochero”, señales de que por allí se encuentra la huella. Al bajar hacia el valle, bien marcada está la Cuesta de los Algarrobos, camino construido en 1883 y que desciende hacia Nono. 

Se gira hacia Mina Clavero y frente al hotel Merlo, donde doña Anastasia y su esposo Manuel Merlo abrieron en aquellos tiempos un humilde alojamiento, por consejo del cura, quien veía en el turismo una herramienta de progreso. El austero establecimiento tuvo como primeras mesas de luz cajones de frutas.  

Con los años y viuda ya, doña Anastasia logró convertir el alojamiento en el más famoso hotel de la región. En él dio hospedaje a visitantes de todo el país, que disfrutaban de comidas caseras y de las aguas curativas del río.

*Especial

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