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Escapadas

Una segunda mirada a La Cumbrecita

Planes y experiencias para quienes deciden volver a este rincón alpino en las sierras de Córdoba. Qué hay más allá de la Olla, la Cascada, y los símbolos más típicos del pueblo.

Por Florencia Vigilante (Especial).

Es muy probable que, después de haber descubierto La Cumbrecita, quiera volver. Los motivos son diversos: algunos aprecian la paz y la tranquilidad; otros, la arquitectura alpina, los cursos de agua y los bosques de pino; y hay quienes destacan su cualidad de pueblo peatonal. La Cascada, la Olla, la capilla y la fuente son algunos de sus puntos más visitados, pero existen otros lugares por conocer, otras formas de caminarlo y diversos espacios, además de los recurrentes, en donde la historia se mantiene viva.

DATOS. Información útil para una escapada a La Cumbrecita.

Descubra las esculturas de madera dispersas por la comuna

Un hada vigilando el bosque, un gaucho y un alemán en la Plaza de los Pioneros, dos lechuzas dándose la espalda o un duende pescando una trucha cerca del arroyo: en La Cumbrecita, seres tallados en madera cuidan el camino. La materia prima está compuesta por los restos de cipreses y cedros que quedaron en pie luego de la fuerte tormenta de viento que, en octubre de 2012, derribó unos 500 ejemplares. Entre los más antiguos, plantados por los pioneros, se seleccionó a unos 20 para que el artista Luis Carlos Pérez, de Villa General Belgrano, les diera nueva vida transformándolos en obras de arte. Así, puede recorrer el pueblo de una manera distinta, buscando todos esos árboles que fueron reconvertidos en animales locales, pioneros y personajes de cuento.

Disfrute de una comida en la antigua casa de uno de los fundadores

En una vivienda rodeada de árboles y con vistas al Río del Medio, el ingeniero alemán Helmut Cabjolsky, hijo del fundador de La Cumbrecita, ideó gran parte de los símbolos que hoy le otorgan identidad al pueblo. El puente de acceso que atraviesan los visitantes, la austera capilla abierta a todos los credos y la pintoresca fuente que aparece al costado del camino; además de imprescindibles obras de loteo y trazado de calles, se crearon a partir de sus trazos sobre el papel. En ese espacio que lo inspiró hoy funciona el restó Helmut, que conserva planos, bocetos, fotos en blanco y negro y objetos que le pertenecieron. Además de deleitarse con su oferta gastronómica, allí encontrará detalles como una foto de Helmut junto a su hermano en el río, valijas colgadas del techo y un curioso cartel en la barra que invita a dejar armas y sombreros antes de entrar al “despacho de bebidas”.

Olvídese de los pinos por un instante y camine entre abedules

La imagen de bosques de pinos con cascadas, pájaros, hongos rojos y ardillas está asociada indisolublemente a La Cumbrecita. Pero también existen otros ejemplares que forman parte del paisaje de la comuna, como los abedules. En otoño, son esos árboles salpicados en la montaña que se destacan por encima del resto gracias a los colores de sus hojas, que parecen encendidas. Del otro lado del arroyo Almbach, y ascendiendo gradualmente, los abedules se concentran creando zonas boscosas, por las que podrá pasear entre troncos delgados, ramas plateadas y hojas que, en esta época del año, brillan en verde claro. A unos cinco minutos de caminata desde el río ya distinguirá los primeros ejemplares.

Meriende con vistas al río en la confitería de una antigua ama de llaves

Cruzando el arroyo Almbach por un estrecho y rústico puente de madera se accede a la casa de té de la reconocida Tante Liesbeth, la mujer que, con 17 años, acompañó como ama de llaves al fundador del pueblo y su familia. Junto con su esposo, abrió la primera confitería de La Cumbrecita y la llamó “Ambachtklause” (en español, “rincón del río”). Allí perfeccionó sus técnicas de repostería y, con sus platos, generó sonrisas entre los visitantes que llegaban tanto desde su Alemania natal como de la vecina Villa General Belgrano. Actualmente, la casa de té sigue funcionando como tal. Empanaditas de frambuesa, strudel de manzana y otras exquisiteces centroeuropeas son algunas de las opciones con las que se podrá deleitar si decide atravesar el río y hacer una pausa allí.

Amantes del té, atentos 

El Camino del Té nuclea a cinco establecimientos del Valle de Calamuchita: Madre Restaurante, Hebras, Hoffmeister Haus (las tres en Villa General Belgrano), La Domanda (Villa Berna) y Edelweiss Delikatessen (La Cumbrecita). ¿Cómo funciona? Con la compra de té en hebras y repostería en alguno de estos locales, se entrega un folleto con información de todos y se sella el espacio correspondiente a aquel en el que se hizo el consumo. Al completar el recorrido, el visitante recibe una sorpresa. Las casas están abiertas todo el año, y no hay orden ni fecha de vencimiento para el circuito. Además, el 28 de noviembre realizarán el evento “Apasionados por el Té” en el Buen Pastor. En Facebook: El Camino del Té-Valle de Calamuchita.

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