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Escapadas

Una caminata “exprés” a la cima del Pan de Azúcar

En 40 minutos de trekking se llega a la cumbre de este cerro, ubicado en las Sierras Chicas. Es un paseo accesible y gratuito.

Por Florencia Vigilante (Especial).

El trekking al Pan de Azúcar es uno de esos planes que encuentran espacio en cualquier “finde”: basta una mañana o una tarde para ir, registrar las vistas desde la cima –a 1.260 metros sobre el nivel del mar– y volver.

Está ubicado en las Sierras Chicas, y desde Córdoba capital se puede acceder tanto por Villa Allende como por Cosquín. Si la opción es Villa Allende, hay que ir por Elpidio González (continuación de la avenida Goycoechea, una de las principales de la localidad) y seguir el trazado de la ruta provincial E 54, que conduce hasta el pie del cerro.

DATOS ÚTILES. Información útil para una escapada al Pan de Azúcar.

El camino es un viaje en sí mismo: son aproximadamente 21 kilómetros, la mayor parte de ripio. Apenas empieza la tierra –hay que decirlo– hay algunos sectores descuidados, pero el resto es de lo más atractivo y combina túneles de árboles, puentes y construcciones sobre las que se tejen numerosas historias populares.

Olmos, siempreverdes y paraísos enmarcan el recorrido, que atraviesa en varios trayectos el arroyo Seco. Una recomendación: si se va en auto, estar atento a las motos y “cuadris” que pueden aparecer en la ruta a gran velocidad.

Al llegar a la base del cerro hay un estacionamiento (se cobra 30 pesos por auto), dos restaurantes y una aerosilla. El sendero para los que quieran hacer trekking comienza a la derecha del ingreso a la aerosilla.

Sobran motivos

Algunas razones para elegir el recorrido a pie: es relativamente corto y accesible, ofrece buenas vistas a los pocos minutos de empezar y se puede hacer de manera gratuita.

El tiempo de ascenso y de descenso depende del ritmo de cada uno, pero es factible llegar a la cima en unos 40 minutos y bajar en menos de media hora. Además, el sendero está bien marcado, por lo que es fácil orientarse.

Conviene arrancar alrededor de las 10, cuando hay menos gente y no hace tanto calor. Al principio el terreno es más bien plano y árboles de distintas tonalidades bordean el camino, pero enseguida la pendiente aumenta, la vegetación cambia y quedan pastizales, arbustos y algún que otro aromito.

Un tapiz

La senda se va haciendo más angosta a medida que se gana altura, y en algunos tramos se forman “escalones” de piedra que exigen un poco más de esfuerzo. Más allá de eso, el recorrido, si se hace de a poco, es tranquilo. Dos consejos que nunca están de más: avanzar despacio y con pasos cortos para no cansarse y mantenerse hidratado todo el tiempo (no hay que esperar a tener sed).

No hace falta llegar a la cima para apreciar el paisaje: a lo largo del trayecto se puede ver cómo las sierras, que parecen tapizadas, se extienden en varias direcciones. En esta época del año, el verde de las montañas sólo se ve interrumpido por los sinuosos caminos de tierra que las atraviesan, y el cielo, por las sillitas amarillas y rojas de la aerosilla que por momentos “flotan” varios metros por encima de los que caminan.

Punto de encuentro

En la cima esperan una cruz de hierro de 14 metros y una virgen cargada de ofrendas. En este punto se mezclan los cansados que terminan una parte del trekking con los descansados que optaron por la aerosilla.

Desde sus 1.260 metros sobre el nivel del mar se puede ver, hacia el oeste, gran parte del Valle de Punilla y, hacia el este, la ciudad de Córdoba. Después del esfuerzo, vale tomarse todo el tiempo del mundo para admirar el paisaje.

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