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Escapadas

Un viaje tras los pasos del cura Brochero a 105 años de su muerte

Durante una visita a Traslasierra, vale la pena conocer las huellas del “Cura Gaucho”.

Por Cristian Walter Celis.

Andar por el Camino de las Altas Cumbres, con las nubes colándose en las Sierras Grandes, parece el prólogo de la vida del Cura Brochero. A fines del siglo XIX, en ese sendero ubicado a dos mil metros de altura, el “Cura Gaucho” emprendió gran parte de su obra apostólica y de ayuda a los humildes de Traslasierra.

En la plaza de Villa Cura Brochero, la bandera del Vaticano es agitada por el viento, que llega desde las sierras con aires de religiosidad. El pueblo resulta un museo a cielo abierto dedicado al sacerdote. Como si se tratara de un rosario, a cada paso, estampitas, monumentos y suvenires van uniendo las cuentas de su historia de vida.

Al “Cura Gaucho” se lo ve a lomo de mula, con poncho y sombrero o vestido con una sotana negra que contrasta con su blanca cabellera. Más allá de la fisonomía, su figura concita las mismas acciones en sus feligreses: lo acarician, le oran, le piden. Entre Brochero y los fieles hay un diálogo que sólo logra entenderse con el lenguaje de la fe.

De las sierras al Vaticano

José Gabriel del Rosario Brochero nació el 16 de marzo de 1840 cerca de Santa Rosa de Río Primero (Córdoba). Hacia 1866 fue ordenado sacerdote. Tres años después, llegó a Traslasierra. Al tiempo, fue nombrado párroco de Villa del Tránsito, localidad que desde 1916 lleva su nombre. Obsesionado por dignificar la vida de los serranos, durante 40 años anduvo a lomo de mula por los senderos de las Sierras Grandes para asistir a enfermos, celebrar misa, recolectar donaciones y educar, en medio de la pobreza y el olvido.

“Al viajar cómodamente en el colectivo y ver todas esas piedras enormes, esos precipicios en el Camino de las Altas Cumbres, me hace pensar en el curita haciendo lo mismo pero sólo con un ponchito y arriba de una mula. Yo pienso cómo se sacrificó. A él no le importaba el clima ni los inconvenientes para cumplir con su misión”, comenta Carmen Cuello, una docente jubilada y seguidora del santo cordobés, que suele visitar este destino.

Brochero también fue un gran emprendedor: realizó acueductos, fundó pueblos e iglesias, promovió la llegada del tren y del correo a la región y trabajó para crear un camino entre Traslasierra y Córdoba. Enfermo de lepra y ciego, murió en Villa del Tránsito el 26 de enero de 1914, a los 73 años. En 2013 fue beatificado y en 2016 el Papa Francisco lo santificó, reconociéndole dos milagros.

En esta localidad bañada por las tibias aguas del río Panaholma, todos encuentran en Brochero un atractivo: mientras algunos llegan guiados por la fe, otros se acercan a la historia del santo para conocer la identidad regional. Lugares a tener en cuenta:

-Plaza Centenario (1882): una gran fila de puestos artesanales ofrecen productos regionales y suvenires del santo. Una estatua de bronce de Brochero extiende su mano derecha en dirección al santuario y el Museo Brocheriano. La imagen, realizada en 1927 por el artista Alejandro Pereckrest, es un símbolo del lugar.

-Museo Brocheriano: está ubicado en la Casa de Ejercicios Espirituales (1877), donde los fieles se reunían a orar y meditar, guiados por el cura. En las 16 salas se ven fotos y objetos. Se destaca el relicario con los restos del sacerdote. La cocina de la casa es muy interesante. 25 de Mayo 36. Tel. (03544) 471528. Abre todos los días, de 9.30 a 14 y de 18 a 21.30.Entrada: 100 pesos; jubilados y menores (de 10 a 16 años), 60 pesos.

-Santuario Nuestra Señora del Tránsito: la construcción, de estilo neogótico, data de fines del siglo XIX. En una pared compartida con el museo se encuentran los restos del sacerdote. Cientos de fieles se congregan frente a la urna funeraria para rezar y tocar el vidrio protector, junto a una escultura del santo de más de un metro de alto. 25 de Mayo e Yrigoyen (frente a la plaza). Todos los días, de 8 a 22.

-Casa de Brochero (1886): fotos, documentos, poemas, cuadros y objetos conducen por la vida del cura en cinco salas. Dos momentos emotivos: la visita al cuarto donde está la mecedora de Brochero (pasaba horas sentado en ella, mirando por la ventana) y los relatos de la guía sobre las penurias que sufrió el sacerdote debido a la lepra. Mariano Moreno y Salta. Entrada libre y gratuita.

La “4x4” de Brochero

Una de las imágenes que se repite en esculturas y estampitas es la figura del “Cura Gaucho” montado en una mula Malacara. El animal era usado por el sacerdote en sus viajes por el curato de San Alberto, una jurisdicción religiosa integrada por valles y sierras. Si bien esta no fue la única mula del santo argentino, resulta la más famosa. En el Museo Brocheriano hay una réplica del animal para sacarse fotos.

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