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Cuaderno de viaje

Un dinosaurio embalado en Oncativo

Un regalo impensado que sorprende a propios y extraños en una pequeña ciudad cordobesa. 

Por Marina Perassi (Especial).

Oncativo es el pueblo donde nací. Un dato curioso es que no se ha encontrado documentación concreta sobre la fecha de su fundación, pero gracias a las exhaustivas investigaciones de un vecino del lugar, que es historiador aficionado y está a cargo del museo hace años, Juan Alejandro Malissia, se ha podido llegar a una fecha estimativa. Esos datos revelarían los comienzos del poblado, que fue desplegando su territorio hace ya unos 151 años, tomando así como fecha fundacional de referencia el 1º de septiembre de 1869.

Geográficamente, está ubicado a unos 80 kilómetros al sur de la Ciudad de Córdoba y en la actualidad hay tres vías de acceso posibles: la tradicional Ruta Nacional 9, la Estación Ferroviaria y la Autopista Córdoba-Rosario, a la altura del km 629.

El museo se creó hace 25 años. Es un espacio en donde la historia está atesorada y al alcance de todos. (Marina Perassi)

Por sus más de 16 mil habitantes fue denominada ciudad hace algunos años, pero desde mi percepción, tiene la esencia de pueblo como impronta. Siestas silenciosas, algunas calles de tierra en los extremos aledaños a los campos y, a pesar de las jóvenes construcciones de edificios en altura que se distinguen desde la autopista, sigue siendo un pueblo, el pueblo al que llegó mi bisabuela Maringa hace más de 115 años en un tren del que bajó con proyectos que pudo concretar por su inquebrantable coraje y su enraizada fortaleza. Fue una de las primeras parteras diplomada en su Italia natal, además de aportar al crecimiento de la localidad, curando, cosiendo y organizando eventos sociales en el bar de la esquina de Belgrano e Intendente Matta.

Hace unos 25 años se creó el museo Amigos del Museo de Oncativo, un espacio en donde la historia está atesorada y al alcance de todos. Funciona en la antigua estación de trenes, hoy remodelada y puesta en funcionamiento. Los objetos allí expuestos son en su mayoría donaciones de las familias de inmigrantes y nativas. Con cada uno ha sido posible armar ese sitio en memoria de aquel pasado que forjó nuestro presente.

Son muchas las fotos, los cuadros y objetos que fueron construyendo el lugar, pero hago un alto en el texto y me detengo en uno muy especial. Resulta que hace 11 años, Oncativo ha sido privilegiado con un obsequio tan grande y pesado como un dinosaurio. Sí, dije dinosaurio. En el Museo Amigos de Oncativo descansa la réplica del Giganotosaurus Carolinii, un regalo con el que honró sus raíces Rubén Carolini, mecánico de profesión y paleontólogo aficionado. Él fue quien hizo ese hallazgo en 1993, a 18 kilómetros de Villa El Chocón, Neuquén.

Son muchas las fotos, los cuadros y objetos que fueron construyendo el lugar. (Marina Perassi)

Cuando ingresé por primera vez al museo, creí que me iba a sentir intimidada por la imponente presencia del Giganotosaurus, pero sólo me topé con el cráneo. Entonces me explicaron que la réplica completa ha sido armada no más de tres veces en 11 años, para ocasiones particulares como los festivales de primavera del pueblo. Inmediatamente se cruzó por mi mente la idea de que el destino caprichoso se empeña en mantenerlo en partes, archivado, digno de un tesoro. Pero reaccioné en un parpadeo y me sobresalto la idea de que semejante pieza no esté expuesta. Un obsequio invaluable económica y emocionalmente, aletargado en embalajes.

Oncativo tiene la réplica del dinosaurio más grande del mundo, un carnívoro que medía más de 14 metros de largo y 4.60 de alto, que vivió hace millones de años y que encabeza hasta hoy el Récords Guinness mayor que el Tyrannosaurus Rex. Y yo, lejos de tener el gusto de toparme con semejante presencia, vestigio de la historia previa a la aparición del hombre, encuentro el espacio destinado a su exposición vacío como esperando anidarlo para mantener al museo custodiado.

En la ciudad están recaudando fondos para techar y cerrar el espacio asignado al gigante de Carolini. (Marina Perassi)

Ante mi interrogatorio sumido en decepción, Juan me explica que recaudan fondos cada año a través de eventos municipales. Este año en particular se está preparando un plan de trabajo para conseguir fondos a través de contribuciones voluntarias, además del proyecto de editar una revista, para avanzar en los detalles que faltan para techar y cerrar el espacio asignado al gigante de Carolini. Le respondo que espero podamos honrar muy pronto semejante obsequio devolviéndole su imponente postura. Según mis cálculos rápidos, la cifra necesaria es sumamente alcanzable por los entes gubernamentales del pueblo. Creo que es la manera de agradecerle a Carolini y darle la entidad que merece tan valioso gesto.

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La Voz.