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Escapadas

Tanti: un antídoto contra la ciudad

A 55 kilómetros de Córdoba capital, las sierras emergen con su verde poderoso y los ríos invitan a una zambullida, en un combo que incluye al Diquecito, la Cascada y la Cueva de los Helechos.

Por José Santiago (Especial).

Hugo Delallave espera sin desesperar. El anzuelo de su caña no engañará a ningún pez y tampoco le importa. Lo devolverá al arroyo manso de Tanti. Lo que en verdad le interesa a este hombre canoso, con 50 años y el ruido de Bransen en la cabeza, es respirar al ritmo de Tanti.

DATOS ÚTILES. Información útil para una escapada a Tanti.

“La paz de acá es impagable. Vinimos unos días a descansar. Uno se desenchufa del ruido que es Buenos Aires”, le dice a Voy de Viaje. Desde abajo de un árbol, su compañera mira al hombre que eligió muchos años atrás.

En Córdoba, a 49 kilómetros de la gran ciudad, Tanti es un destino tentador. Las sierras emergen con su verde poderoso y los ríos invitan a una zambullida sin fecha de vencimiento. Aquí no hace falta andar mucho para encontrar el paraíso.

A unas cuadras de la plaza principal del pueblo –donde hay residencias cuya arquitectura tiene elementos de arte europeo e indígena–, está el balneario del Diquecito. Es una especie de piletón en el que los visitantes nadan o se echan al sol. A unos metros, un artesano despliega el “parche” a la espera de un contingente de jubilados que mirarán sus piedras preciosas.

Cascada en la mira

Entre árboles tupidos la escenografía impacta. Al avanzar aparece la Cascada, otro de los atractivos naturales de Tanti. Hay playas de arena, reparos y ollas para sumergirse de cuerpo entero. Algunos niños construyen castillos enormes a cero pesos y dos chicas beben cerveza con los ojos cubiertos por gafas de sol que ocultan el cansancio traído de la noche en Carlos Paz.

Entre la montaña, al levantar la vista, el chorro de agua cae impune y la cascada se roba la atención. Si hay estado físico, se puede bordear el camino hasta llegar a la cima. Arriba surgen otras ollas ideales para refrescarse.

“La gente es muy cordial aquí. Lo mejor es el paisaje y la tranquilidad del sitio. Hay mucha paz”, dice Luis, venezolano radicado en nuestro país. A su lado, Pilar, su novia, cuenta que no es la primera vez que viene. Después se pierden entre la vegetación y los beneficios del microclima.

La vista panorámica desde la altura no tiene desperdicio. Leer un libro o dejar que la correntada haga de hidromasaje sobre la espalda es un servicio gratuito de la naturaleza. Ahora, si la idea es alejarse todavía más del gentío, entonces convendrá explorar los senderos y llegar a un paraje encantador.

Naturaleza mía

A un kilómetro del Diquecito, la Cueva de los Helechos es una opción recomendada. Los hay de todos los tamaños y dejan sus marcas de humedad en las piedras. Mientras uno avanza por el curso del agua hacia piletas naturales y saltos, va ganando en serenidad. El recorrido puede hacerse a pie, cabalgatas, mountain bike o camionetas 4x4 aunque, para infortunio de los perezosos, el último tramo hay que caminarlo obligadamente.

Cuando el sol se esconde, por calle Belgrano el bar Otilia ofrece eventos culturales con una mística de arte y resistencia. Para esa hora los pastelitos del río habrán saciado el hambre y, si pesan algunos pecados, los creyentes podrán arrimarse al Santuario del padre Celestial y Nuestra Señora Einsiedelen.

Otro sitio para visitar es la Capilla del Rosario, construida en 1848. Camino al Balneario, resulta imposible no detenerse a sacarle una foto. De vuelta en el pueblo, afiches ofrecen visitar Tanti por sus aguas de yodo con poder curativo. En un cartel indicativo se lee, en aerosol negro, “L Y C”. Una pena que lo hayan dañado, aunque ojalá sigan juntos. 

A lo lejos, en colores vivos, la biblioteca Rosa Areal de Molina es un semillero de cultura e inclusión. Tanti es diversidad pura. Más adelante, sobre una vidriera, sobreviven los flyers de un cross nudista en la reserva naturista Yatan Rumi. También, una indicación para llegar hasta el museo de minerales en el barrio Villa de Muñoz, otro pasatiempo de los más elegidos por los visitantes.

La noche llegará sin apuro. Quizá Hugo haya devuelto las mojarritas al arroyo y compruebe que Tanti es el bálsamo buscado por todos los que huyen de la ciudad y su furia.

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