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Escapadas

Por la Córdoba norteña y real

Un recorrido para empaparse de naturaleza y rastrear años de historia; de idas y venidas hacia el Alto Perú. Jesús María, Totoral y Tulumba, algunas joyas del camino.

Por Pablo Bertorello (Especial).

La ruta 9 nos espera. Desde Córdoba, mate y termo a mano, partimos a un viaje en el tiempo, a la época en la que el Camino Real era un trazado de postas donde –desde 1762– descansaban los viajeros y reponían fuerzas los ejércitos. 

En la Córdoba norteña, que fue la vía de comunicación más segura entre el puerto de Buenos Aires y Lima, sobran paisajes naturales y rasgos culturales que se superponen en los poblados surgidos a la vera del antiguo camino. Hay iglesias, ríos, cerros, estancias, artesanos y mucho más.

En Caroya y la vecina Jesús María se levantan las primeras estancias jesuíticas de la región, como museos que ocupan construcciones impactantes. La de Jesús María –famosa por su producción vitivinícola– es Patrimonio de la Humanidad. Aseguran que el vino “lagrimilla”, que los jesuitas fabricaban, llegó hasta la mesa del Rey Felipe V en Madrid.

Más adelante, a escasos kilómetros hacia el norte, se pasa por Sinsacate, lugar que recibió a José de San Martín en su marcha para hacerse cargo del Ejército Norte. Además, en la capilla de esta posta fue velado Facundo Quiroga, quien fue asesinado en 1835 en una emboscada en Barranca Yaco.

Casas con historia

Frente al río Totoral, el hotel Camino Real se destaca por su verde y su silencio. Más allá de sus túneles naturales formados por añejos árboles, el Cajón de Piedra, la simple plaza San Martín que supo ser testigo de caminatas de Neruda y Urrutia sin que nadie los molestara, el Museo Octavio Pinto, la iglesia y el Paseo de los Murales, entre otros, el patrimonio más valioso es el circuito histórico cultural que incluye unas 25 casonas del siglo XVIII y XIX, que guardan historia pura de la alta sociedad cordobesa y tucumana.

Una de las más sobresalientes es la del entonces médico Gregorio Aráoz Alfaro, apoderado del partido comunista y hospitalario de algunos de los intelectuales y artistas exiliados más importantes del siglo pasado. Durante cuatros años, el poeta andaluz Rafael Alberti, junto con su esposa, María Teresa León, habitaron la casa huyendo del franquismo tras el fusilamiento de su inolvidable amigo Federico García Lorca. De allí nació el apodo de “el Kremlin”.

Otro tiempo

Siguiendo las dos opciones posibles (una, por la RN60; la otra, por la RN9 y luego por la RP16) se llega a Villa Tulumba, donde esperan calles empedradas, casas de adobe y un silencio de siesta. Alejado del tendido del ferrocarril, el tranquilo pueblo sorprende con su Centro de Interpretación del Camino Real, que ofrece valiosa información de la zona.

El centro cibernético está en plena manzana histórica –llamada Las Cuatro Esquinas–, ocupando la casa del padre Hernán Benítez, confesor de Eva Perón. Es un punto de encuentro, de reunión de amigos y de muchos artistas plásticos que se inspiraron y plasmaron en sus lienzos la pintoresca esquina. No hay que dejar de entrar a su iglesia (de 1882), absoluta protagonista de la manzana fundacional: su tabernáculo jesuítico, tallado en madera de cedro paraguayo y dorado a la hoja, es una obra maestra del barroco americano. La cúpula también es bella, con pinturas de Martín Santiago, discípulo de Fernando Fader.

Entre las casonas edificadas en el siglo XVII, se destaca la Casa de los Reynafé, con paredes de adobe que fueron levantadas a unos kilómetros del lugar donde ocurrió la masacre de Barranca Yaco. “1797. Este solar perteneció a don Guillermo Reynafé, esposo de doña Claudia Hidalgo Torres. De sus 12 hijos, cuatro varones prestaron importantes servicios a la provincia”. Así comienza el texto de la placa que en 2005 el municipio colocó sobre una vieja residencia de la Calle Real.

Dicen por aquí que el mejor momento del año es el primer domingo de octubre, cuando las apacibles calles se llenan de fieles que llevan en andas a la patrona del pueblo, la Virgen del Rosario de Tulumba. La celebración se corona con una serenata a cargo de agrupaciones gauchas.

Tulumba es un destino simple por descubrir. Un lugar de historias mínimas que arman el rompecabezas de la identidad cordobesa. Tan es así que las marcas de aquel pasado están a la vista y casi se pueden respirar.

Datos útiles

CÓMO LLEGAR: desde Córdoba por ruta nacional 9 norte, se pasa por Jesús María y Totoral hasta San José de la Dormida y, desde allí, hacia el oeste por la ruta provincial 16, sobre la que se ubica Tulumba. Más adelante, conectando con RP18 se encuentran otras postas.

PASEOS: en Totoral, para realizar el circuito turístico Casonas de los siglos XVIII y XIX, en la Dirección de Turismo y Cultura (Pte. Perón esquina Roberto Noble) se entrega un mapa con información. Por su parte, el museo Octavio Pinto abre de lunes a viernes de 8 a 13 y de 16 a 20, y domingos y feriados de 9 a 12.30 y de 16 a 20.

En Tulumba, al igual que en la mayoría de las postas, se pueden hacer cabalgatas con diversos itinerarios. Consultar en la Oficina de Turismo: (03251) 15410322 o culturayturismovt@gmail.com.

ALOJAMIENTO: en Totoral, el hotel Camino Real Plaza cuenta con salón de lectura, piscina con solárium, estacionamiento cubierto y driving de golf. La habitación doble con desayuno, $ 1.720. En Tulumba, el Hostal La Casona ofrece habitaciones sencillas y los servicios necesarios. Desde $ 830 la doble.

GASTRONOMÍA: la cocina del hotel Camino Real Plaza elabora platos típicos regionales, tradicionales e internacionales. Por su parte, Los Nietos ofrece pastas caseras y buenos escabeches. Además, hay una variada oferta gastronómica que va desde la tradicional parrilla hasta comida gourmet. En Tulumba, el restaurante Camino Real propone buenas pastas caseras y parrillada. Los platos oscilan entre $ 150 y $ 200.

MÁS DATOS: caminoreal.cba.gov.ar; cordobaturismo.gov.ar.

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