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El Negro, el cerro cordobés que hay que escalar

Llegar a la pequeña y escarpada cima del cerro Negro, en el Valle de Calamuchita, es una experiencia de montaña recomendable.

Por Carina Mongi.

Con linternas frontales, enfocando sólo el paso siguiente. A las 5 de la madrugada, la hilera compacta dejó el Rancho de Luna con sus domos espaciales recortados en un cielo forrado de estrellas, para comenzar a trepar.

Mariano Bearzotti, guía de montaña de Alto Rumbo, se adelanta unos metros para hacer scouting, explorar un terreno que conoce de memoria, pero que de noche suma dificultades. Cuando prueba el trayecto, le avisa con señas de luces a Mauro Álvarez, su coequiper, y el grupo continúa su marcha.

Una cima en serio

Totora, Bonetes o Grande son otras denominaciones menos difundidas del Negro, que se levanta imponente en la cadena de las Sierras Grandes. Opacado por la fama del Champaquí, su hermano unos metros mayor, pero con suficiente potencial para emerger con nombre propio.

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“Es el primer paso de la escalada, porque en algunos tramos tenemos que usar las manos”, describía Bearzotti en la sobremesa de la noche anterior. Y lo comparó con algunas montañas que conoció en Francia e Italia, de cima pequeña y angulosa.

Caminar bajo un cono de luz obliga a confiar en quien va adelante e hilvanar cada pisada justo adonde la otra persona levanta su pie. La oscuridad, a su vez, no permite dimensionar el entorno ni deja espacio a la mente para suponer que no podrá. Si la montaña encierra muchas enseñanzas, esta travesía revelará un compilado de aprendizajes en una mañana.

Así fue avanzando la marcha en fila india, trepando piedras, cruzando arroyos y atravesando pastizales. Por unos cuantos metros, en un silencio cerrado para evitar a los perros del puesto de Marcos Domínguez, el serrano más antiguo. Casi sin pausa, el grupo estaba encauzado hacia la cumbre.

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“Guarden bastones, en esta parte vamos a usar las manos y los pies, avanzamos en cuatro patas”, arengó Mariano en el ataque final. La médica Mariela Colson (42) enseguida se dio cuenta de que no era una metáfora lo que escuchaba, como quiso creer. La pared de Totora, en su último trayecto, es prácticamente vertical.

Aunque el cuerpo se sienta exhausto, un poco de resto siempre queda. Y el esfuerzo por exprimir esos últimos resabios, valen la pena. Fue otra de las enseñanzas que recogió Paola Díaz (39), quien se desempeña como empleada administrativa. Unos metros antes de la cima, creía que no llegaba. Empezaba a amanecer y se acomodaba para verlo desde ahí, en plano inclinado. El empujón de Nelson, un compañero que la tomó de la mochila y la llevó a tiro un trayecto, la puso de nuevo en carrera para trepar los últimos metros. Y la recompensa fue grande. “De lo que me hubiera perdido si no lo hacía”, pensó cuando pisó la piedra más alta. “Me encantó la experiencia, caminar en la oscuridad, con las luces, esperar que saliera el sol”, contó.

La pequeña cima se siente en el pecho y activa la función 360 sin necesidad del celular. A 2.650 metros de altura, el amanecer se pinta de azulados y rojizos que se mezclan en el cielo, mientras asoman de un lado las luces de Villa Dolores y del otro los manchones de los espejos de agua de la zona. Las bajas temperaturas en las alturas están compensadas.

Llegar a la cima del Cerro Negro cuando va amaneciendo no tiene precio. no había vivido algo así nunca. Ezequiel Brizuela (36), profesor de Educación Física.

En el regreso, ya no hubo silencios. Ni por los perros. A plena luz, se instaló un microclima que se siente después de vivir una experiencia que hermana a quienes fueron parte. Esos momentos que no se olvidan y que hacen la diferencia, en un rincón del Valle de Calamuchita.

Rompe el molde

Estar pegado al Champaquí, el cerro más alto de Córdoba (2.790 metros), incidió en que el Negro no fuera valorado como debería. Están en la misma cadena montañosa y a menos de cuatro kilómetros en línea recta. Esa condición permitió que el tapado mantuviera un estado más agreste.

Toda la información para ir al Cerro Negro

Cómo llegar.

Para ascender al cerro Negro, se debe hacer noche en uno de los puestos de la base del Champaquí. El más cercano es Marcos Domínguez. Se llega después de varias horas a pie o a caballo, por varios accesos: Villa Alpina, Tres Árboles o cerro Linderos.

Cómo subir.

Se recomienda contratar a un guía habilitado para esta actividad, quien acompaña el recorrido desde el inicio. En general, la excursión se realiza en tres días.

Qué llevar.

Una mochila de 65 a 80 litros con bolsa de dormir y una muda. Se sugiere ropa de telas sintéticas, calzado cómodo, elementos de protección (gorro, lentes, protector solar) y agua.

Más datos.

La empresa Alto Rumbo ofrece el servicio a partir de 7.500 pesos. Hay otras empresas y guías que brindan servicios similares.

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La Voz.