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Navegando por la laguna Mar Chiquita

En Miramar de Ansenuza, el paseo náutico para avistar aves y conocer el origen del espejo de agua es imperdible.

Por Redacción Voy de Viaje.

Abrocharse el chaleco salvavidas y comenzar el viaje por embarcación en la laguna Mar Chiquita –que junto con los Bañados del río Dulce forma uno de los humedales salinos más grandes del mundo– es una de las experiencias más gratificantes a la hora de visitar Miramar de Ansenuza. Mientras el viento golpea suavemente en la cara, navegar se convierte en una excelente oportunidad para deleitarse con paisajes únicos y conocer más sobre la localidad con un guía a bordo.

El paseo ofrece un recorrido de aproximadamente una hora, donde es posible rodear las costas de este espejo de agua y descubrir, entre otras cosas, que se originó hace alrededor de 50.000 años a causa de una falla geológica. La falla elevó el terrero sobre los bordes este y sur, generando un gran dique natural que cerró el paso de los ríos Dulce, por el norte, y Primero y Segundo, por el oeste, que anteriormente desembocaban en el río Paraná. En el transcurso de la excursión, el guía comenta que las dimensiones de la laguna sufrieron grandes oscilaciones a lo largo de la historia y que su salinidad se debe a que se trata de una cuenca endorreica, sin salida al mar. Es reconocida por las propiedades terapéuticas y curativas de sus aguas y su fango, una de las razones por las que los visitantes eligen este destino.

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Un detalle para no perderse: los árboles de eucaliptus, que emergen del agua inamovibles, conservados por la salinidad que no permite su descomposición. Son vestigios de tres inundaciones pasadas.

Entre aves y un hotel legendario

El objetivo último es llegar hasta la desembocadura del río Xanaes o Segundo, nacido de la confluencia del río Anisacate y Los Molinos, donde los distintos colores del agua reflejan el encuentro entre el río dulce y la laguna. Deteniendo la embarcación, es el punto ideal para avistar aves acuáticas: se observan gaviotas, garzas y flamencos rosados; sólo algunas de las más de 300 especies que concentra la rica biodiversidad de Mar Chiquita. Es común verlas a la orilla de la laguna, con sus picos curvos en busca de crustáceos.

Al emprender el regreso, nada mejor que rodear el antiguo Hotel Viena y contemplarlo desde otra perspectiva, recordando su trascendencia histórica y turística para la población de Ansenuza. 

Si bien este paseo puede disfrutarse en familia en cualquier momento del día, se sugiere hacerlo por la tarde, cuando la caída del sol brinda mucho más que una postal. Las excursiones en lancha, barco o gomón tienen un valor aproximado de $ 250 por persona y $ 150 para menores de 10 años. Menores de 2 años no abonan. 

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