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Escapadas

Miramar de Ansenuza de punta a punta

Destino de playa y de museos, de palmeras y flamencos, de historias de fantasmas y deportes náuticos. Junto a la laguna Mar Chiquita, esta localidad invita a disfrutar desde su costanera hasta su casco céntrico. 

Por Redacción Voy de Viaje.

Llegar a Miramar de Ansenuza es encontrarse con su principal atracción a pocas cuadras de la terminal de buses: la laguna Mar Chiquita, la primera maravilla natural de Córdoba y uno de los humedales salinos más grandes del mundo. Por su costanera oeste y sur, se puede transitar de diversas maneras y comprobar que, desde temprano, la playa central comienza a llenarse de turistas entre canastas y sombrillas. Los niños juegan al vóley sobre sus arenas o saltan por los muelles, exclamando lo salada que está el agua. Es esa salinidad y la particularidad de su fango otra de las excusas que esgrimen los visitantes para conocerla, debido a sus propiedades curativas y medicinales. Siguiendo por la orilla del espejo de agua, es infaltable tomarse la foto familiar junto a las enormes letras que indican el nombre de la región, ubicadas por delante de la última torre que continúa en pie del viejo hotel casino Copacabana; un clásico y un sitio perfecto para contemplar puestas de sol increíbles.

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Reconocida por su actividad náutica, un puñado de propuestas desde las costas amerita subirse en lancha y recorrer la laguna hasta la desembocadura del río Xanáes o Segundo para avistar la flora y fauna autóctonas. Es el escenario ideal, también, para hacer kayakismo, parasailing o paratrike, otras de las propuestas de turismo alternativo, u obtener clases de esquí y windsurf. En este rincón cordobés, las distancias son relativamente cortas y es por eso que la gente prefiere moverse caminando; en bicicletas de dos, tres o cuatro pasajeros para disfrutar del sol y del viento pegando sobre los rompeolas; o a través de un pequeño trencito de color azul que atraviesa la costanera y los principales barrios a un costo mínimo.

Cerca de la sede de la Reserva Natural, se puede acceder a un mirador de aves. Desde allí no hacen falta binoculares; sólo se recomienda ascender durante el amanecer, el atardecer o después de una lluvia, ya que de esta manera es más factible observarlas. Gaviotas, cisnes blancos y los tan reconocidos flamencos rosados son algunas de las especies que pueden divisarse.

Por la noche, la laguna sigue siendo protagonista. Muchos deciden cenar en reposeras sobre la playa y otros prefieren degustar algún plato típico, como el pejerrey, en las calles que se transforman en peatonales o en los bares de la costanera, donde se escucha a varios cantautores interpretando temas musicales.

Para alternar los días de playa

Son cuatro los museos dignos de recorrer en este enclave. Se sugiere comenzar visitando el de Ciencias Naturales Aníbal Montes y el museo fotográfico Dante Marchetti, ambos a unos metros de la principal avenida del centro. El primero explica los orígenes de la falla geológica que hizo nacer la laguna millones de años atrás, describe las diversas especies que cohabitan en la zona y expone cómo fluctúa en ciclos de diez años el caudal del agua y porqué. Mientras, el museo de fotografía Dante Marchetti reúne la historia de la localidad: fotos antiguas de turistas recubiertos de barro o en aguas termales y cómo se veía la ciudad antes de las inundaciones que azotaron el pueblo fueron ordenadas cronológicamente en dos salas.

Siguiendo por calle Rivadavia y doblando en Croacia, esperan dos museos más. La Capilla San Antonio es la primer capilla croata de la provincia, y el museo hotel Viena, repleto de leyendas sobre su pasado alemán y decenas de mitos de fantasmas, es uno de los más concurridos de la zona. Para más información: oficina de Turismo Miramar: (03563) 49377.

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