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Córdoba

Minas de Oro Grueso

La riqueza de un lugar está en su historia y en quienes la recuerdan / Oro Grueso abre sus puertas a la casa del pionero que hizo posible extraer oro de sus minas y descubrir la paz y energía que brinda el enclave, que vale más que el preciado metal.

Por Erica Marcel (Especial).

Para llegar a las Minas de Oro Grueso (distante 45 kilómetros de la ciudad de La Falda y 15 kilómetros de Characato), hay que atravesar un atractivo pueblo fantasma llamado Canteras Iguazú, se trata de un pequeño caserío abandonado donde tiempo atrás vivieron los mineros que trabajaban en esa cantera de mármol y caliza. De ese poblado se mantienen en pie únicamente las blancas paredes de las casas desde cuyas aberturas sólo asoman grandes cactus.

Antes de llegar al desvío llamado Cabeza de Novillo, que conduce a la estancia jesuítica La Candelaria, el camino comienza a dar camufladas pistas de la proximidad de Oro Grueso. Las señalizaciones están escritas en troncos de árboles o en pircas de piedras calizas; muchos pasan de largo porque el ingreso es tan pedregoso e irregular que se suele confundir con el cauce de un río seco.

Luego de atravesar cuatro tranqueras se abren a la vista los techos a dos aguas de la posada serrana de Oro Grueso, que parece sumergida en medio de la naturaleza y a la cual se accede por varios tramos de escalinatas. Allí el turista es cálidamente recibido por Cesar “Pepe” Pascual, el nieto del pionero que descubriera estas minas y las explotara artesanalmente.

Posada de Oro Grueso. Las minas de oro se encuentran a 200 metros serranos de la casa de estilo español e inglés e invita a un continuo descubrimiento arqueológico ya que todos los elementos de trabajo minero que se usaron en 1800 están dispersos por cada rincón de la vivienda y alrededores; como si se tratara de una búsqueda del tesoro, la historia se va abriendo de a poco a través de los objetos encontrados a cada paso.

Todo en la vivienda se mantiene como detenido en el tiempo, tanto el mobiliario antiguo como la vajilla de plata y la cristalería fina traída de Castilla La Vieja, ahora todo está al servicio del turista. La galería que mira hacia el cristalino río Candelaria es testigo de los tiempos de esplendor, cuando había criaderos de truchas y pejerreyes y personal encargado de los jardines colgantes, y quinteros que atendían las 3.800 plantas frutales.

En 1860 don Pascual llegó de España con el título de “adelantado en minería” (equivalente a ingeniero en minas) guiado por los informes sobre explotaciones hechas por los jesuitas. En 1870 construyó la casona como vivienda para los socios que tenía en el emprendimiento minero y para compensar el cambio de vida que suponía dejar el confort que tenían en Europa en pos de una aventura en lo que suponían era el confín del mundo.

Origen del nombre. Antes de la llegada de don Pascual estas tierras se llamaban cerro de las Gómez pero al descubrir en 1875 entre un bochón de 14 kilogramos de cuarzo aurífero 960 gramos de oro como un lingote, se nombró al lugar Oro Grueso. Ese precioso hallazgo fue donado al Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

En esos tiempos el trabajo de extracción era artesanal y se usaban elementos traídos del exterior porque aquí no había más que piedras con vetas que indicaban que había mucho oro pero nada para poder extraerlo.

Tanto es así que 100 morteros, puntas de martillos y picos se fabricaron con el hierro que tardaba como dos meses en llegar de Europa.

La explotación minera y la limpieza de los restos de extracción de minerales de la piedra (no sólo se extraía oro, sino también pirita blanca, plata, óxido de hierro y óxido de cobre) requería varios pasos, desde triturar el mineral en los morteros, lavarlos en las tinajas y luego llegar al laboratorio para purificarlos.

Al principio toda la tarea la hacían con mano de obra de lugareños pero la superstición ganó paulatino terreno a través de historias que aseveraban desde ruidos extraños que provenían de las profundidades de las minas hasta un creciente rumor de que “el gringo Pascual” estaba relacionado con la magia, idea que habrá surgido al verlo trabajar en medio del vapor de los ácidos en su laboratorio cuando realizaba la purificación del oro.

Minas de oro. La mina de Oro Grueso tiene una longitud de 150 metros aproximadamente. Aunque la boca de ingreso es angosta, en el interior se puede caminar cómodamente erguido. El túnel es ancho, de placentera frescura y con una sola bifurcación a los pocos metros. Como carece de desniveles el turista puede ingresar sin necesidad de cascos ni mamelucos, aunque sí es necesario usar una linterna que permita apreciar la riqueza mineral expuesta a simple vista.

En la zona existen 200 minas en total, y dentro del campo de Oro Grueso hay entre 30 y 40, cada una de ellas debidamente mensuradas y con su respectiva denominación: Mina de Oro grueso (la única habilitada para visitar); La Barranca (de 800 metros que llegan hasta la parte subterránea de la casa-hospedaje); La Quinta; Niño Dios; Los Ingleses; Porvenir; La Cascada (al pie de la cascada), y muchas más.

“Ya hace muchos años un satélite italiano detectó que en la parte noroeste de Córdoba había, a gran profundidad, mucho oro. Mi abuelo lo supo rudimentariamente, al seguir las vetas de oro y lo descubrió de manera artesanal, un verdadero trabajo de hormiga”, dice Pepe Pascual.

La paz que vale oro. Además de disfrutar del turismo minero, el lugar también ofrece la posibilidad de pasar una jornada en pleno contacto con la naturaleza, relajados debajo de las parras, en las galerías o junto al río, mientras se disfrutan los aromas de hierbas serranas o de flores silvestres.

La oferta gastronómica es de la producción local: una tierna carne de ternera o cabrito faenada por los hijos de Pepe y esmeradamente cocinada por él, una sabrosa comida casera.

En el ingreso, entre medio de una gran variedad de cactus decorativos, asoman (como ajenas a la época) cuatro pantallas solares que desde 1999 brindan una energía limpia al lugar, al igual que una gran antena satelital de Telecom para las comunicaciones. Todo esto permite aprovechar la magia de la posada como lugar donde se han oficiado casamientos, bautismo, cumpleaños y fiestas de fin de año.

Esta idea de abrir las puertas de la casona (habilitada con cuatro habitaciones que permiten albergar entre 20 y 22 personas) es la manera en que don César “Pepe” Pascual puede rendirle homenaje a ese abuelo que tanto admira, fundador de firma de Oro Grueso. Como bien él lo dice: “Mi Dios ha puesto la belleza del lugar, mi abuelo ha puesto el complemento y yo les voy a dejar turistas de cinco estrellas”.

Informes y reservas: teléfono (03548) 44-1001 (de 13 a 15).

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