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Córdoba

Jesús María y Colonia Caroya, Las dos vecinas norteñas

A 45 kilómetros de la Capital provincial se abre una puerta al norte de Córdoba. Por ruta nacional 9 se encuentran dos ciudades de valioso legado histórico, sabores distintivos y fiestas tradicionales que se ofrecen como vecinas de lujo.

Por Redacción LAVOZ.

Con contrastes y complementos perfectos, juntas forman un mismo conglomerado urbano, tan sólo separado por avenidas y la ruta nacional 9. Comparten un pasado común surgido en tiempos de la conquista española y la posterior llegada de los jesuitas a principios del siglo XVII. Ambas también son conocidas por ser portadoras de sabores regionales de amplia difusión. 

En la actualidad, Jesús María sobresale por ser un símbolo de las tradiciones criollas, mientras que Colonia Caroya luce las costumbres típicas legadas por los inmigrantes friulanos llegados a fines de 1878. Un contrapunto muy interesante para el viajero que llega a esas latitudes.

Otro punto a favor es la relativa cercanía de estas dos ciudades con la capital provincial y el fácil acceso a valles de Punilla y Sierras Chicas, las transforman en oportunidades de visita permanente. Puede sorprender, pero tal vez sea necesario dedicar varias jornadas para desandar los lugares, historias, sabores y fiestas que ofrecen Colonia Caroya y Jesús María. 

El camino de los jesuitas

La primera recomendación para quienes no conocen la zona es descubrir el Camino de las Estancias Jesuíticas. Sólo 19 kilómetros separan los tres establecimientos de dicha orden que fueron declarados por la Unesco Patrimonios de la Humanidad, junto a la estancia Alta Gracia, La Candelaria al noroeste de la provincia en el departamento Cruz del Eje y la Manzana Jesuítica en la ciudad de Córdoba. Pocos lugares cuentan con este privilegio.

El punto de partida del recorrido puede ser la estancia Caroya, ubicada a la vera de la ruta E-66, que abre el camino hacia las Sierras Chicas. 

El establecimiento data de 1574 cuando fue concedida en merced por don Jerónimo Luis de Cabrera a Bartolomé Jaime, uno de los miembros de su expedición conquistadora. 

En 1616, se convirtió en la primera estancia de la Compañía de Jesús en su misión en tierras cordobesas hasta su expulsión en 1767. Durante un siglo y medio, la producción agrícola sirvió para sostenimiento del Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat y como casa de veraneo de los alumnos de ese establecimiento. El siglo 19 le reservó pasajes importantes en la historia del país. Entre 1814 y 1816, la Casa de Caroya se convirtió en la primera fábrica de armas blancas para pertrechar al Ejército de la Independencia.

En 1878 un alumno del Monserrat devenido en presidente, Nicolás Avellaneda promovió la creación de la primera colonia de inmigrantes de la provincia de Córdoba en las tierras de esa estancia. Así, la Casa de Caroya se transformó en el Hotel de los Inmigrantes que dio albergue a las familias llegadas del Friulli. 

Los antiguos claustros, hoy salas del museo, testimonian estos tres períodos de su historia.

Estancia Jesús María

A través de la traza del recuperado Camino Real y a tres kilómetros, recibe la estancia Jesús María. Si bien su origen se remonta a 1575, su período de mayor esplendor comenzó en 1618 al transformarse en la segunda estancia de los jesuitas. Por su gran extensión se desarrolló la actividad agrícola y ganadera con el fin de contribuir al sustento del Colegio Máximo de los jesuitas, pero fue particularmente la vitivinicultura la actividad que le dio su carácter distintivo. De la bodega que aún subsiste en la estancia salió el primer vino americano servido en la mesa de un rey de España: el lagrimilla de oro.

Esta referencia cobra vigencia en la actualidad al revalorizarse el Camino del Vino en la región que destaca el rol de pionera en el desarrollo de la vitivinicultura en Argentina.

El camino iniciado por los jesuitas (siglo XVII), renovado con la llegada de inmigrantes italianos (siglos 19 y 20) y revalorizado con la reconversión vitivinícola de fines de la década de 1990, refuerzan el motivo para descubrir la personalidad de un vino criado con siglos de historia. 

Las salas de la estancia jesuítica, actualmente es museo turístico nacional y proponen descubrir esas huellas marcadas en el tiempo por la orden.

Historia y festivales

La monumental estancia Santa Catalina es el tercer hito en el camino propuesto. Para acceder a ella es necesario volverse en el camino y retomar la ruta E- 66 en dirección a las Sierras. A los 13 kilómetros, un cartel indica el ingreso a mano derecha que conduce por un camino secundario de ripio transitable hacia el más bello de los establecimientos de la orden.

Los jesuitas arribaron a estas tierras en 1622. Con su gran capacidad de liderazgo y gestión montaron ahí una gran empresa que producía mulas y textiles en el obraje.

Encontrarse con la impactante iglesia en este paraje tranquilo de las sierras cordobesas emociona y magnifica el trabajo realizado por estos religiosos y sus nativos a cargo.

La visita de la estancia está divida en tres sectores: la Iglesia disponible todo el año; el noviciado y los claustros cuya disponibilidad está restringida en determinadas épocas por sus dueños.

Un buen recreo en el camino puede ser un almuerzo en la ranchería de la estancia o un pícnic en el río Santa Catalina en el bello de paraje de Colonia Hogar, situado a pocos kilómetros.

Otra alternativa sería retornar a Jesús María a degustar el exquisito asado argentino en alguna de las famosas parrilladas como Don Aristóbulo, El Faro, El Pipi o Pancho's.

Posta de Sinsacate 

Todo este camino de historia se puede complementar con otra media jornada para desandar unos kilómetros al norte de la estancia Jesús María por el Camino Real y visitar la Posta de Sinsacate a cinco kilómetros y Barranca Yaco a 13 kilómetros. El primero es Museo Histórico Nacional y en sus salas alberga una colección de objetos, carruajes e información sobre la vital importancia que prestaban esos establecimientos en el sistema económico y político en los tiempos de la colonización española y la independencia del país. La capilla fue sala velatoria de los restos del caudillo riojano Facundo Quiroga emboscado y asesinado en 1835 en el paraje de Barranca Yaco. En aquel lugar una plazoleta recuerda este sangriento hecho de nuestra historia.

Verde Caroya

La temporada de verano despliega sus verdes pinceladas en cada uno de los rincones de Colonia Caroya. Plantaciones de frutales, viñedos, casonas antiguas, la frescura de sus acequias y el impactante túnel de centenarios plátanos de 13 kilómetros que cubre la avenida San Martín, la principal, son un buen motivo para adentrarse a esa campiña de inmigrantes friulanos.

Una buena forma de conocerla es dejarse llevar por la avenida y atreverse a ingresar algunas cuadras hacia sus laterales para descubrir ese fascinante paisaje.

Una recomendación importante es la conveniencia de almorzar en algunos de sus numerosos restaurantes de comida casera y tradicional.

Para quienes dispongan de tiempo se le sugiere conocer las bodegas que como parte del Camino del Vino de Córdoba ofrecen visitas guiadas por viñedos y sectores de elaboración y degustar los tradicionales vinos caroyenses como el Frambua o las nuevas cepas finas que están obteniendo importantes galardones nacionales e internacionales. Bodega La Caroyense y Bodega Nanini pueden ser algunas de las varias opciones.

Pero sin duda que no se puede estar en Colonia Caroya sin haber probado el famoso salame. Norma Lóndero, conocida productora ofrece desde hace más de una década una visita guiada a su establecimiento y sótano en donde los visitantes se sorprenden al descubrir con todos los sentidos el típico producto caroyense.

Otro lugar recomendado es el Establecimiento Rural Rosel. Bajo la propuesta de vivir la Colonia, Elio y Rosalba invitan a los viajeros a compartir las vivencias cotidianas de una familia de descendientes de inmigrantes en su predio de seis hectáreas con posada, viñedos, frutales, elaboración de dulces, conservas y vinos caseros. Allí las posibilidades van desde una visita guiada de una hora; un día de campo con almuerzo y actividades propias de la casa; hasta alojarse para disfrutar en varias jornadas la vida de campo. Quienes visiten el lugar en febrero y en marzo podrán ser protagonistas de la juntada de uva, desayunando al pie de las moras sentados en cajones de recolección a la tradicional usanza, y la elaboración del vino casero.

Tiempo de festivales

Quienes estén programando sus próximas vacaciones, Jesús María y Colonia Caroya además de ofrecer importantes lugares turísticos cuentan con un calendario de fiestas todo el año.

Un buen momento para vivir a pleno Jesús María durante esta temporada que se inicia será del 10 al 19 de enero, días en los cuales se realizará el 49° Festival Nacional de Doma y Folklore en el Anfiteatro José Hernández. El encuentro solidario, a beneficio de 20 escuelas de la zona, convoca a miles de personas, importantes figuras del folklore nacional al tiempo que muestra de las tradiciones criollas en su máximo esplendor. Más información en: www.festival.org.ar

A fines de febrero y a principios de marzo cuando está a pleno la cosecha de la uva y los carros viñateros perfuman las calles de la Colonia tienen lugar tres fiestas temáticas que son: la Fiesta Provincial de la Vendimia, la Pisada de Uva y la Sagra Nacional de la Uva. Informes en el teléfono (03525) 46-5700.

Un dato fundamental para mitigar el intenso calor del verano es buscar la frescura de los ríos serranos. Se sugiere conocer la renovada costanera del río Jesús María o el balneario Los Nogales que ofrecen rincones bajo la arboleda para compartir entre amigos o en familia.

En tanto, aquellos que gustan conocer otros rincones serranos, a sólo 20 minutos, encontrarán Ascochinga y de allí lugares como las Cuatro Cascadas, donde Susana Giménez filmó la publicidad de un jabón que la lanzó a la fama. Otra alternativa son los balnearios de La Granja o Agua de Oro, y Candonga.

Lo que hay que saber

Alojamiento

En Colonia Caroya. Hotel habitación con desayuno, aire acondicionado, cable, frigobar y cocheras desde $ 220. Posada habitación por día y por persona desde $ 150. Hospedaje en habitaciones con baño privado y cocheras por día y por persona desde $ 150. 

En Jesús María. Posada con desayuno, piscina, aire acondicionado, cochera desde $ 250, Hotel, habitación con desayuno, cochera, piscina desde $ 250. Precios estimativos.

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