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Escapadas

Escapada a Villa Alpina

Entre cerros y coníferas, se encuentra esta hermosa localidad que lleva ese nombre por su similitud con el paisaje de los Alpes europeos.

Por Ariela Malem (Especial).

Al pasear por la conocida Villa General Belgrano, decidimos tomar el camino hacia Villa Alpina. Son aproximadamente 16 kilómetros de tierra, con subidas y bajadas. Cuesta llegar, pero el trayecto vale (y mucho) la pena. El aroma de los pinos, la cercanía de las nubes y las formas de las montañas nos enamoraron.

Llegamos hasta el punto de partida para quienes eligen subir el cerro Champaquí, el más alto de Córdoba, con 2.890 metros. Dejamos el auto y fuimos a conocer la capilla, desde donde hay una vista increíble.

Luego, caminamos hasta el río Los Reartes, de aguas frías y cristalinas. Allí aparece un puente colgante que hay que cruzar de a uno. Las playas de arena son ideales para sentarse a tomar unos mates y disfrutar de la tranquilidad asegurada que ofrece este pueblo, donde no hay hoteles, restaurantes ni energía eléctrica. Justamente por eso resulta tan encantador.

DATOS. Información útil para visitar Villa Alpina.

 

El reino de la tranquilidad

En Villa Alpina hay una escuela, un almacén de provisiones, un puesto sanitario de primeros auxilios, un teléfono, un albergue que puede alojar hasta 70 personas y algunas cabañas, que ofrecen sus servicios en base a energía solar. No mucho más.

Además, la localidad no cuenta con transporte público. Sólo se puede llegar en auto o en Trafic desde Villa General Belgrano. Por eso, es ideal para hacer trekking, montañismo y turismo aventura.

Zarzamoras, dueñas del bosque

De regreso, pasamos una tranquera y fuimos a tomar el té a Los Abedules, un rancho de adobe totalmente renovado, rodeado de caballos y ovejas. Allí nos atendió amablemente Elena, quien nos hizo probar la exquisita tarta de zarzamoras, hecha con frutos del lugar.

En este sitio no sólo se puede merendar, sino que también hay cabañas para alojarse. Las construcciones cuentan con todo lo necesario para pasar una estadía inigualable. De noche, el cielo se llena de estrellas. Sólo hay que sentarse en una reposera y contemplarlo.

 Tarta de zarzamoras, delicias de Villa Alpina. (Foto: Ariela Malem).

Sus orígenes

En 1946, la familia Storch adquirió una estancia a la que denominó Cerro Negro. Un año más tarde, realizó un loteo. Al poco tiempo, se instalaron en el lugar varias familias de origen alemán, que comenzaron a plantar pinos, abedules, robles, sauces, eucaliptos, álamos y otras especies forestales, que se adaptaron a la zona. Actualmente, esos árboles le dan a Villa Alpina un encanto sin igual. En 2013, un incendio quemó miles de hectáreas de pinos. Aún hoy se pueden ver los rastros.

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