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Córdoba

Los encantos de Córdoba a través de la ciencia

Caminos trazados a través de vestigios de volcanes, gliptodontes, maravillosos túneles y embalses, flora y fauna, fenómenos naturales. Cómo descubrir de modo virtual gran parte del turismo científico-tecnológico. 

Por Guillermo Goldes (Especial).

La pandemia de Covid-19 nos recluye como nunca antes a quienes jamás habíamos experimentado una cuarentena a gran escala. Y menos una global.

La actividad más resentida es la del turismo, que implica justamente circular, viajar. Explorar caminos e instalaciones y contactar gente, por el solo placer de experimentar, aunque sea fugazmente, su forma de vida, sus costumbres, sus comidas, sus festividades y sus deseos. Y claro, recorrer sus paisajes. Todo eso, rigurosamente vedado durante estas semanas.

Pero así como florecen iniciativas a distancia, con mediación tecnológica para educarnos, divertirnos, comunicarnos, curarnos, formarnos, contenernos psicológicamente o sencillamente expresarnos, también es posible hacer una suerte de turismo virtual.

El otro turismo

Muchas formas y aspectos diferentes del turismo pueden abordarse desde la virtualidad. Si nos centramos en Córdoba, además del clásico turismo de sol, río y festivales, muchas alternativas son posibles.

Una es el turismo científico-tecnológico, que se basa en explorar lugares, entornos, paisajes o instalaciones poniendo énfasis en los aspectos científicos que presentan, intentando disfrutarlos al mismo tiempo. Todo eso puede hacerse en forma remota.

Equipos de profesionales de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) recorrieron, durante más de dos años, la geografía de la Provincia, con el apoyo del Ministerio de Ciencia y Tecnología local y de otros organismos.

La iniciativa se denomina Turismo Científico siglo XXI: la guía fotográfica virtual de turismo científico-tecnológico de la provincia de Córdoba.

Estos equipos, que se articulan alrededor de la Especialización en Comunicación Pública de la Ciencia y Periodismo Científico de la UNC, combinaron el placer de la exploración con el rigor de la ciencia. Registraron imágenes, indagaron y recopilaron información.

Actualmente vuelcan todo lo visto en esos viajes en una guía virtual, que combina imágenes fotográficas con textos explicativos. Está disponible para todos en turismociencia.unc.edu.ar.

El sitio está estructurado en seis regiones y cada una de ellas cuenta con varias galerías de fotos y textos. Ideal para recorrer desde casa en esta época de reclusión obligatoria. Y probablemente para planificar futuras excursiones presenciales, cuando la cuarentena finalice.

Saber y disfrutar

La experiencia de recorrer un antiguo camino plagado de extrañas formaciones rocosas, palmeras de formas singulares y túneles excavados en la montaña puede ser asombrosa. También la de visitar un cristalino lago artificial en lo alto de las sierras de Córdoba y practicar allí kayak mansamente. O, con menos tranquilidad, hacerlo en las turbulentas aguas del río Xanaes en medio de una crecida.

Pero esas experiencias resultan inolvidables si se las complementa con reflexiones, datos e información que permitan interpretarlas en contexto. En definitiva, si se incluye la dimensión de la comunicación científica en la experiencia turística.

Más allá de lo que se ve

La información nos interpela y despierta la curiosidad, la experiencia sensorial fija a fuego las vivencias en nuestra memoria. Si comprendemos que las extrañas formas del camino, en este caso nuestra ruta provincial 28 en el oeste provincial, son vestigios de volcanes que estuvieron activos hace cinco millones de años, la experiencia adquiere otra dimensión: nos transporta en el tiempo e instala en nuestras mentes imágenes de poderosas erupciones.

Si sabemos que las palmeras que nos custodian se llaman caranday y que crecen en una franja del territorio del país que abarca parte de Córdoba, San Luis, Santiago del Estero, Chaco y Formosa, una impresión local se transforma en nuestra mente en un mapa de ecorregiones de Argentina.

La imaginación se combina con el paisaje cuando nos cuentan que por aquí caminaban, hace decenas de miles de años, los gliptodontes y otros animales ya extintos. O que los túneles fueron cavados en parte con explosivos y en parte también con picos y palas a partir de 1930, los sufrimientos de aquellos trabajadores en el interior de la montaña pasan a formar parte de la vivencia turística.

Gracias a ellos, la ruta pudo unir Córdoba con San Juan, atravesando primero las Sierras Grandes por Tanti y Taninga, y luego las Sierras de Pocho. Hoy, esa misma ruta lleva al pueblo de Chancaní, donde se encuentra una reserva natural provincial. Durante el descenso, se puede contemplar la impactante cascada de La Mermela, la más alta de Córdoba.

Tampoco son iguales las sensaciones que produce navegar por las aguas someras de la laguna de Mar Chiquita si sabemos que, desde el punto de vista geológico, ese espejo de agua es sumamente joven: unos 50.000 años. Antes, los ríos que hoy lo alimentan desembocaban en el Paraná. Como sus similares ubicados más al Sur, el Ctalamochita o río Tercero y el Chocancharava o río Cuarto.

Visitar el pequeño paraje de El Cadillo, en los confines del oeste cordobés, quizás no figure en los planes turísticos de nadie. Pero si se sabe que se encuentra sobre uno de los siete puntos tripartitos de la provincia, la cuestión cambia. Su centro de salud está en San Luis. Su capilla, en La Rioja. Su Sede Comunal Tripartita, en Córdoba.

Los factores cognoscitivos, emotivos y sensoriales se retroalimentan. Los pedagogos saben hace tiempo que los aprendizajes que resultan significativos se fijan fácilmente y no se olvidan. Y las experiencias de aprendizaje pueden volverse significativas cuando se asocian a la emoción, al placer o al displacer, a sensaciones intensas.

Paralelamente, sabemos que aún el disfrute estético está profundamente modelado por cuestiones relacionadas al conocimiento.

Patrimonio científico

Córdoba cuenta con un patrimonio natural, científico y tecnológico que, desde el punto de vista turístico, está escasamente desarrollado. Desde los potenciales circuitos hidráulicos-eléctricos asociados al Suquía, al Xanaes y al Ctalamochita, con sus usinas, diques e historias, pasando por su extenso sistema ferroviario, hoy parcialmente en desuso, hasta los circuitos espaciales y mineros, la oferta es enorme.

El desafío es desarrollarla en forma respetuosa con el ambiente y con el patrimonio histórico y, ante todo, en forma participativa con las comunidades locales.

 

* Guillermo Goldes es divulgador científico, UNC

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La Voz.