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Escapadas

El Mistolar, la isla para descubrir en medio de la Mar Chiquita

Fue una antigua estancia que, luego de ser rodeada por la creciente de esta cuenca endorreica, se transformó en una isla. Hoy, resguarda una importante biodiversidad nativa. 

Por Redacción Voy de Viaje.

En la región de Ansenuza, los paseos acuáticos y costeros en la laguna Mar Chiquita y en la desembocadura del río Xanaes son un clásico. Entre las propuestas preferidas se destacan los avistajes de aves en lanchas y gomones, las excursiones para deleitarse con la magnitud del espejo de agua y travesías dedicadas a la pesca. 

Otros turistas también eligen los deportes en el agua como el kayak, el windsurf y el esquí. A su vez, existe un paseo muy especial que implica el encuentro directo con la historia de un viejo poblado cordobés. Tras las inundaciones de los años ´70, el lugar mutó en la formación de un nuevo hábitat, que hoy es refugio de la flora y la fauna autóctonas de la zona. Un sitio digno de conocer. 

De estancia a isla

Llamada así porque en su superficie abundaban grandes plantaciones de mistol, la isla El Mistolar fue un antiguo paraje ubicado al norte de La Para. Por entonces, comprendía 7.500 hectáreas aproximadamente, que giraban en torno a cuatro aserraderos. 

Los relatos plasmados en libros de las bibliotecas de aquella localidad afirman que llegó a tener una subcomisaría, un bar y almacén. Más de 300 personas habitaban entre los años ´40 y los ´50. Del Chaco y de Santiago del Estero arribaban hacheros encargados de derribar quebrachos blancos, chañares y algarrobos para convertirlos en varillas, postes y “leña caldera” destinados a los hornos de panaderías y cremerías. 

Finalizada la explotación del monte, la zona se transformó en una estancia ganadera. El establecimiento sobrevivió hasta que en 1977 la creciente de la laguna obligó a realizar una verdadera hazaña para salvar las máquinas y el ganado y reubicar a sus pobladores. 

Entre recuerdos y naturaleza

Actualmente, esta isla posee alrededor de 14 kilómetros de largo por unos siete de ancho. Conserva algunos restos del casco de la estancia de su época de esplendor y es posible hallar un tupido y resurgido monte nativo, donde habitan especies animales únicas como pecaríes, corzuelas, ñandúes, zorrillos, pumas y quirquinchos. 

Se recomienda hacer la excursión desde Miramar de Ansenuza, sobre todo durante los meses de calor, para disfrutar de sus bañados y sumergir los pies en sus playas. En grupos de cuatro a ocho personas, se llega a través de embarcaciones en un viaje de una hora y 40 minutos. Dentro de la isla, las caminatas son ideales para irse deslumbrando con un paisaje que juega entre los recuerdos y la naturaleza. 

Más información: www.turismomiramar.com 

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