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Córdoba

El legendario molino Eiffel

La estructura de un molino de hierro se asoma entre las serranías del valle de Punilla por los recovecos de Dolores, pequeño pueblo ubicado a dos kilómetros de San Esteban.

Por Erica Marcel (Especial).

 

Poco antes de llegar a Capilla del Monte y sobre el margen izquierdo de la ruta nacional 38, se asoma mimetizándose entre las copas de los pinos, una misteriosa estructura de hierro: se trata de un molino de viento, pero no uno más de los tantos que bordean los paisajes serranos sino uno diseñado y construido por Alexandre Gustave Eiffel, el padre de la torre Eiffel de París.

La genialidad Eiffel, autor de la famosa torre que es ícono de París, a quien se lo llegó a llamar “ingeniero del universo”, fue tal que traspasó los límites geográficos de Francia y que dejó en Córdoba obras como la “Vuelta al mundo” que hoy no gira pero se mantiene en el Zoológico Córdoba; la casa metálica de barrio San Vicente (más conocida como el chalé Eiffel) y el molino de viento que ahora, ya sin sus aspas, se parece más a una torre de hierro, cual versión serrana de la torre Eiffel.

Lo que se lleva el viento. Corría 1900 cuando Adelia María Harislao de Olmos (esposa Ambrosio Olmos, quien fue gobernador de Córdoba) adquirió dos molinos Eiffel que ingresaron al país como atracciones de la Exposición Rural de Buenos Aires. Uno lo envió a la estancia El Duraznillo en Río Cuarto (con el tiempo fue desmantelado) y el otro lo trasladó a la casa colonial de San Sebastián, en el paraje Dolores, ambas de su propiedad.

El molino en el enclave serrano abastecía de agua al sector y era el punto de reunión de la dueña de casa y sus amigas que se asomaban al balcón del tanque principal para disfrutar de una bella panorámica del valle. Hace 30 años atrás una fuerte tormenta volteó la enorme rueda con aspas que al girar permitía la extracción del agua. La contaminación de las napas originales lo que obligó incluir un pozo-cisterna con bomba eléctrica, que aún provee de agua a buena parte de la población.

La rueda del molino se conserva en el interior del casco de la estancia San Sebastián y nunca fue reinsertada. El resultado es un desalineado molino de hierros retorcidos.

En color sepia. La estructura del molino está formado por tres niveles: el superior donde estaba la rueda con aspas, el del medio con un tanque de agua pequeño y el de abajo con un tanque de mayor tamaño. Los tres están delicadamente circundados por una barandilla decorativa y conectados a través de una escalera caracol enroscada alrededor del eje.

Aunque las llaves de acceso sólo las tiene el encargado quien cuenta que lamentablemente el cerco de alambre de la propiedad muchas veces es traspasado por turistas, algunos de los cuales dejan pintadas con aerosol. Incluso las oxidadas paredes de hierro forjado parecen traslucir nostalgias en color sepia por los tiempos de esplendor cuando el molino estaba completo y giraba conforme soplara el viento.

La magia parece desvanecerse ante el cartel de ingreso a Dolores donde un puñado de letras pequeñas pone en duda la autoría de Eiffel y adjudica la obra al ingeniero A. Saglio de Buenos Aires. Al menos, así lo demuestran las inscripciones de la industria metalúrgica grabadas sobre las paredes, al igual que la marca Hércules perforada en el piso de chapa del mirador superior. Aunque el ADN del oxidado hierro prefabricado del molino no confirme nada, se trata de un elemento histórico único por sus características en Argentina y tal vez también de Sudamérica, ya que hace un tiempo se habría desmontado uno similar en Paraguay.

El molino aún imponente desde su porte de 35 metros de alto, sorprende al imaginar el viaje que hizo desmantelado desde Buenos Aires a Córdoba en tren. Una vez en el pueblo de Dolores fue trasladado en carros tirados por bueyes para ser montado con hierro forjado y remaches, en tiempos en los que no se conocían las soldaduras.

 

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