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Imperdibles

Dormir a los pies de los viñedos en Traslasierra

La bodega Aráoz de Lamadrid ofrece, además de la cata de sus vinos, un alojamiento superior. El entorno es inmejorable: montañas, viñedos y un botánico.

Por Noelia Maldonado (Especial).

Llegar a Traslasierra implica hoy entrar en una dimensión poco explorada para Córdoba, que cada vez se hace más y más frecuente: la de los viñedos, las bodegas y el vino. Aráoz de Lamadrid es uno de esos proyectos que han crecido al calor de las ganas, el esfuerzo y el buen clima de esa región cordobesa y hoy ofrece un alojamiento superior, sin por eso ser ostentoso.

Mucha madera, piedra y tejidos regionales componen la estética serrana del lugar y le dan a las seis habitaciones una calidez que hace sentir al huésped como si estuviera en su casa... pero con las comodidades de un hotel de primera.

Ana y Goyo Aráoz de Lamadrid no son cordobeses, pero decidieron instalarse en Traslasierra unos años atrás, cuando crearon el proyecto del botánico y conectaron con el ritmo y la idiosincrasia del lugar. A partir de allí decidieron que querían llevar adelante un espacio sustentable que les generara placer y que tuviera un impacto favorable en la comunidad. De ahí que tanto la bodega como el alojamiento sean de un tamaño que sus dueños puedan administrar y disfrutar a la vez.

En palabras de Ana, su servicio apunta a personas sensibles con la naturaleza, la gastronomía y el arte, ya que en el lugar hay decenas de esculturas y pinturas de artistas locales.

Naturaleza en estado puro

Lo primero que sorprende del lugar son sus 10 hectáreas de naturaleza, al pie del Cerro de los Linderos. En ellas se combinan pequeños jardines completamente bien cuidados por su dueño (quien vino a San Javier luego de haber trabajo como paisajista en Washington) con grandes espacios de bosque nativo serrano, estanques de lotos, viñedos y un cactario renovado recientemente con más de 4.000 especies traídas de distintas partes del mundo. La vista no alcanza a procesar tanta belleza, por lo que bien vale hacer largas caminatas por el botánico hasta llegar al arroyo y descansar a su vera.

En horas de la tarde notará durante el paseo que el aire se siente aún más puro y la luz que rebota en la cadena montañosa más alta de Córdoba se refleja tenuemente sobre las vides ¿qué más se puede pedir? Un aperitivo, por supuesto. 

Aráoz de Lamadrid tiene el aperitivo llamado Cactus, entre sus últimos descubrimientos. Con sabor a hierbas serranas este vermú local se sirve con soda y jugo de naranjas y se toma al atardecer en uno de los decks del alojamiento con vistas a la piscina y los viñedos.

Las noches de la zona son apacibles, y es común que la luna se refleje en el arroyo. También escuchar el croar de las ranas y ver pasar algún que otro zorro por las inmediaciones de las habitaciones que están alejadas las unas de las otras en el bosque para brindar el máximo de privacidad. El alojamiento está completamente inmerso en la naturaleza y procura alterarla lo menos posible. En eso radica su encanto.

La cata de vinos

Existe un servicio que está incluido en el alojamiento y es el paseo matutino que Goyo Aráoz de Lamadrid brinda en persona por el botánico, los estanques y el cactario, y que se corona con una visita a la bodega y una cata de productos regionales y vinos. Todo de una delicadeza y simpleza superlativos.

En el paseo, Goyo relata las razones que lo llevaron a mudarse a las sierras, cuenta cómo llevó adelante el proyecto y cuáles son las máximas que lo hacen sustentable. Se le puede preguntar por cada especie que llama la atención y habita la zona.

Luego de un paseo por los espacios verdes, que son muchos y muy atractivos, llega el momento de ir a la bodega y descender a la cava. Allí, Aráoz de Lamadrid revela el secreto de su vino y el espíritu “boutique” del lugar que hace que no produzcan enormes cantidades sino las medidas justas para hacer un producto de calidad ofrecido en este recorrido.

En la cava muestran un nuevo artefacto que está comenzando a ser furor en las bodegas del mundo. Se trata de unos enormes huevos de almacenamiento traídos desde Francia que fueron fabricados con una resina especial y son los primeros en llegar a la provincia de Córdoba. 

En palabras de su enólogo Federico Zaina, “este material lo que hace es imitar el proceso que ocurre en la barrica, de microoxigenación. Esto cuida al medioambiente porque hace que usemos menos barricas de roble y son más higiénicos porque aseguran los aromas de la variedad pero disminuyen los riesgos de contaminaciones microbiológicas”.

Finalmente llega la parte más esperada que consiste en degustar charcutería local, quesos de la zona (especialmente delicioso el de cabra con ahumado de cenizas) y unos tostones agridulces. Todo acompañado en este caso por un vino rosé, un syrah y otro llamado “El inmortal” (combinación de cepas). 

Una yapa

Como yapa probamos dos novedades: el espumante y el vermú. Los interesados pueden acceder a este paseo y degustación sin estar alojados y preguntar por la carta de vinos disponibles para llevar que son casi una decena.

Ya sea como una escapada de fin de semana a puro placer o como una opción para disfrutar en verano, este alojamiento boutique está entre las mejores experiencias gastronómicas de la provincia.

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