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Escapadas

Descubrí la historia de La Cumbrecita con este circuito

A paso lento y llevadero, un recorrido une los puntos que cuentan cómo vivieron los primeros europeos que se instalaron en la zona. Incluye paradas gastronómicas y spots para sacar fotos.

Por Carola Cinto (Especial).

En La Cumbrecita hay una premisa por sobre todas las otras: caminar para conocer. Este pueblo de montaña, a 120 kilómetros de la ciudad de Córdoba, fue declarado en 1996 como el primer destino peatonal de la Argentina. 

Haciendo honor a su espíritu, tiene muchos caminos por conocer y caminatas que conducen a paisajes que quitan el aliento. Uno de los paseos que no puede faltar es el recorrido por los puntos históricos que se esconden en algunas esquinas de este refugio natural.

Este circuito puede hacerse de manera autoguiada, con un folleto orientativo que se retira en la Oficina de Turismo en el ingreso al pueblo, o mediante visitas guiadas que suelen ofrecerse en la temporada de verano.

Árbol de mayo

Justo después de cruzar el puente de ingreso, los visitantes se encontrarán con la primera parada: el árbol de mayo o maibaum, un homenaje a las diferentes comunidades que fueron poblando La Cumbrecita.

Junto a un poste de madera, la artista María Gabriela López Truck fue la encargada de plasmar las identidades de las mujeres y los hombres que fueron pioneros en el lugar. Argentina, Checoslovaquia, Suiza, Italia, Alemania y España están representadas con carteles alusivos.

Este hito se utiliza como punto de referencia del pueblo: si uno pregunta a dónde queda el Hotel Cumbrecita o la cervecería Prosit, seguramente le dirán “a tantos metros del árbol de mayo”.

Hotel Cumbrecita 

Si de historia hablamos, habría que remontarse a 1934 cuando Helmut Cabjolsky, un economista alemán, tomó un tren, manejó un auto y domó un caballo para llegar al campo de 500 hectáreas que le habían ofrecido en la zona.

Se enamoró del lugar y comenzó a construir lo que sería el primer edificio: el actual Hotel Cumbrecita. Este hospedaje tenía ocho habitaciones con la intención de alojar a los amigos y familiares de Helmut que fueran a pasar unos días a las sierras de Córdoba. Hoy, puede hospedar a 91 visitantes.

Cervecería Prosit Bierhaus

Un punto que seguramente no escapará a ningún recorrido es la cervecería Prosit Bierhaus. Si bien forma parte del presente de La Cumbrecita por sus hamburguesas triples y su cerveza artesanal, también integra su pasado, ya que allí funcionaba el edificio comunal.

Por fuera, el lugar conserva la típica arquitectura alpina del resto de las edificaciones del centro. Por dentro, fue remodelado y decorado con un perfecto equilibrio de madera y hierro.

La carta también es una mixtura de pasado y presente: cuenta con platos tradicionales como el goulash y el strudel, y otros más modernos como las papas fritas con cheddar y las hamburguesas. 

Restaurante Casa Museo Helmut

En una pequeña construcción de piedra y ventanales amplios, el hijo del fundador de La Cumbrecita –que también se llamaba Helmut– ideó los hitos que los visitantes recorrerán a lo largo del camino: desde la capilla hasta el puente de ingreso.

A diferencia de su padre economista, Helmut era un ingeniero obsesivo y en ese pequeño chalet trazó cada uno de los planos que reflejan cómo era La Cumbrecita. Planos, bocetos, fotos y objetos están hoy conservados en ese mismo lugar que el tiempo perfumó con el aroma de la cocina del restaurante que actualmente funciona allí.

Castillo

Esta parada de la caminata es ideal para sacar fotos porque se encuentra en uno de los puntos más altos de la localidad. El castillo, que data de la década del ’40, fue el hogar de Erwing Müller, otro de los primeros habitantes de la zona.

Este hombre vivía solo e ideó un sistema para comunicarse con sus vecinos: colocaba banderas de colores en la puerta de su casa de acuerdo con su humor del día o su estado de salud. Si era verde, los vecinos sabían que podían tocarle la puerta. Si era roja, ni se acercaban.

 
 
 
Ver esta publicación, 2019 a las 7:49 PDT

La capilla

Esta construcción aparece en todos los perfiles de Instagram de los viajeros que han pasado por La Cumbrecita. Está ubicada en uno de los puntos más altos de la ciudad y funciona como un transportador hacia cualquier aldea europea.

Como la mayoría de las construcciones, también fue diseñada por Helmut Cabjolsky (hijo). Es sencilla y de ambientes muy pequeños. Una de sus particularidades es que es una iglesia ecuménica, diseñada para recibir a personas de todos los cultos.

Una buena recomendación es aprovechar para observar el pueblo desde ese lugar y sacar fotos cuando los últimos rayos de sol se esconden.

Caminata a Casas Viejas

Este recorrido comienza a unos 300 metros de la playa de estacionamiento comunal. Sobre la calle principal, un cartel de madera señaliza el inicio del sendero. El camino asciende paralelo al río y vira desde un paisaje árido hacia una pradera verde. El Pozo de las Cabras, una ollita encajonada, es ideal para hacer un descanso. El paseo termina en Casas Viejas, propiedad de la familia Merlo, en donde –con previo aviso– se puede comer un exquisito chivito.

Datos útiles

CÓMO LLEGAR: en auto, son 118 kilómetros por la RP 109. No hay ningún colectivo que llegue de manera directa. Se puede tomar un colectivo de Córdoba a Villa General Belgrano (400 pesos ida con Buses Lep) y otro de allí a La Cumbrecita (325 pesos ida). En total el viaje puede llevar tres horas.

DÓNDE DORMIR: el Hotel Las Cascadas (Las Truchas s/n) tiene una ubicación privilegiada y una tarifa que incluye desayuno buffet y cena. Precios: 4.402 pesos para dos personas por noche.

DÓNDE COMER: en Prosit Bierhaus (Calle Pública 000) se pueden disfrutar de cervezas artesanales por 120 pesos la pinta y unas gloriosas hamburguesas por 350 pesos. De postre, la recomendación de la casa es el apfel strudel, una tarta de manzana y arándanos por 130 pesos.

MÁS INFORMACIÓN: Oficina de Turismo de La Cumbrecita (Paseo Cabjolsky s/n). Horario de atención todos los días de 9 a 18. lacumbrecita.gov.ar

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La Voz.