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Córdoba

De San Pedro Norte a Cerro Colorado

A poco de andar por el Camino Real nos deslumbró la estancia San Pedro Viejo, una de las cuatro que existen en la zona.

Por Redacción LAVOZ.

A  poco de andar por el Camino Real nos deslumbró la estancia San Pedro Viejo, una de las cuatro que existen en la zona.

De arquitectura colonial, muy bien conservada, hoy abre sus puertas como hotel de campo y haras de caballos peruano de paso.

Posee una de las iglesias más antiguas de Córdoba por donde  dicen pasaron Belgrano, San Martín y Facundo Quiroga. Blanca, de paredes de un metro de ancho, pisos de ladrillo, techos de teja y gruesas puertas de algarrobo que abren a un gran patio integrado por un lago, donde se refleja la iglesia. Aljibes, galerías con carruajes y un salón de estar completan el establecimiento rural.

Salimos de la estancia sorprendidos por el hermoso conjunto arquitectónico en el paisaje serrano. Para no perdérselo.

Más adelante se encuentra la cerrada fábrica Fibra Palma que explotaba la palma caranday que tapiza todos los campos de la zona.

Hacia Tulumba. Arribamos a Posta Santa Cruz, aún no restaurada. Todo el potencial está oculto entre tejas, adobes y pircas de piedra. En el caserío Santa Cruz cargamos agua en una despensa y seguimos por asfalto hasta Agua del Rodeo y luego por ripio a Tulumba. Errantes por varios kilómetros hasta que las torres de la iglesia oficiaron de guía.

El camino nos introdujo lentamente en un pueblo detenido en el tiempo. Los colores, la arquitectura, las calles empedradas y silenciosas, tienen el agradable influjo de hacer viajar al pasado. Lo único que devuelve a la realidad son los autos y las madejas de cables de luz y teléfono.

Almorzamos en un popular quincho-restaurante donde disfrutamos de unos exquisitos fideos. Volvimos a la ruta porque la meta era llegar a La Toma antes del atardecer.

El camino sube y baja constantemente con grandes diferencias de altura mientras une  caseríos como El Paso, Las Juntas y Corral de Barranca, antes de llegar a La Toma.

En estos parajes se observa  el monte serrano pleno y natural, sin la mano del hombre, con algarrobos, quebrachos, espinillos y pastizales donde habitan muchos pájaros.

En Corral de Barrancas hay dos o tres casas y un bar con patio de tierra.

En un potrero se disputaba un partido mientras los porrones parecían mojones en la banquina. Llegamos al almacén que divide las rutas a Caminiaga y a Churqui Cañada. Un enorme algarrobo, un almacén de ramos generales y la casilla de parada del ómnibus forman el centro urbano.

El dueño del almacén, Raúl, nos ofreció el galpón de herramientas donde guarda su camioneta, para armar la carpa. Luego compartimos unos mates, la cena, y la conversación. A la hora de acostarnos la blanca escarcha del patio lo decidió a invitarnos a dormir en una de sus habitaciones.

Hacia la meta. Por la mañana, entre mate y mate, nos informamos que hay un Camino Real del Alto (Córdoba, Jesús María, Sarmiento, Villa del Totoral, Tulumba y San Pedro Norte) y otro llamado del Bajo (Las Peñas, San José de la Dormida, San Agustín de Guayascate, Caminiaga, La Providencia y Las Piedritas) que conducen a San Francisco del Chañar y Ojo de Agua, en Santiago del Estero. Esto hizo pergeñar una aventura futura entre la ciudad de Córdoba con Ojo de Agua.

Ya avanzada la mañana partimos profundamente agradecidos rumbo a Churqui Cañada. En el trayecto nos llamaron la atención unos ruidos como si alguien le pegara a una lata en distintas direcciones. Después comenzamos a ver bandadas de palomas en uno y otro sentido, a gran velocidad, algunas caían en el camino. Provenían de los cotos de caza de palomas. Impresiona observar a ambos lados del trayecto la gran cantidad de aves heridas. En silencio llegamos a Churqui Cañada, obligados a pensar en lo que es capaz el hombre, unos para divertirse y otros, para ganar dinero.

Humilde, tranquila y silenciosa estaba la plaza, el vendedor de pan, don Barrera, se acercó y nos contó del origen de Churqui Cañada, producto de una merced del siglo XVII que el tiempo y el desarrollo dejó de lado.

Regresamos a la ruta para ir hacia Santa Elena, población cercana ubicada en el paraje Chininí que perteneció a una merced de 1615.

Estuvimos casi de paso, la población actúa como puerta de entrada a Cerro Colorado, el atractivo central de la zona.

De allí por camino vecinal llegamos a Rayo Cortado justo cuando en la calle principal se desarrollaba una especie de feria comercial. Al final de ella, solitaria se encuentra la iglesia.

Por la tarde volvimos al punto de partida, Cerro Colorado. Cumplimos la vuelta comenzada días atrás siguiendo la letra de la chacarera.
Recostados en la orilla del río Los Tártagos conversamos sobre los poblados visitados y su riqueza cultural que no está tan distante a la Capital provincial.  Algo similar a lo que dice  Atahualpa ,”me largo por las arenas y en el medio del camino ya me he olvidado las penas”, nos  nos ocurre al redescubrir la sencillez, solidaridad y el paisaje natural. Un efecto de carga de energías para volver a la ciudad con esperanzas renovadas.

Para agendar

Recorrido: Cerro Colorado, San Pedro Norte, Santa Cruz, Tulumba, Corral de Barrancas, La Toma, Churqui Cañada, Santa Elena, Rayo Cortado y Cerro Colorado.
Cuándo. Fin de semana largo de agosto de este año.
Recorrido total: 170 kilómetros.
Bicicletas: Giant modelo XLC
Alojamiento: casas de familia (gratuito). Hay alojamiento en Cerro Colorado, San Pedro Norte, San Pedro Viejo y Tulumba.
Carga: dos alforjas traseras y un bolso delantero Halawa, una carpa Mountain Harwear para dos personas y bolsas para transporte de agua.
Ropa: conjunto de ropa térmica Mountain Harwear.

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