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Córdoba

De Capilla del Monte a San Marcos: travesía en bicicleta con gusto a miel

El camino elegido para hacer cicloturismo no figura en los mapas; los lugareños lo llaman Las Cañas y une Charbonier con San Marcos Sierras a través de un bello cordón serrano.

Por Gustavo Rebord*.

La partida en bicicleta desde Capilla del Monte por ruta nacional 38 hacia el norte, pronto demostró que no era el momento más oportuno por el alocado y caótico tráfico. 

Las pedaleadas se iniciaron entre carteles publicitarios ruteros que hablan de ovnis, universo, nueva humanidad y cosmos, entre otros términos, que pese a la insistencia no logró derribar nuestro escepticismo.

Después de recorrida una decena de kilómetros encontramos el cruce con el camino de acceso a Charbonier, localidad cuyo nombre recuerda al ingeniero Carlos Charbonier quien construyó el ramal del ferrocarril en el lugar a fines del siglo 19. Se trata de un caserío desparramado a lo largo de una calle bordeada por algarrobos y quebrachos y termina en la rosada capilla San Nicolás de Bari. 

Una pareja de horneros eligió hacer su morada en la espadaña de la iglesia, entre las campanas. Es curioso que cuando pintaron el templo la vivienda de las aves también quedó rosada.  

El pueblo se dispersa en el camino que continuamos hacia el oeste y la nota de color la pusieron gorros tejidos de vivos colores que imitaban las cabezas de algunos animales y se exponían en la verja de una vivienda. La venta incluía también huevos caseros y hierbas medicinales y las ofrecían Osana y su pequeña hija.

Al valle en bajada

Las bicicletas se alinearon para el descenso al valle entre montes de molles que se extienden a los cuatro vientos. En el horizonte, una brillante construcción con un molino resalta en la postal natural. Es un domo geodésico metalizado con un colorido cartel sobre la tranquera que anuncia: “Aldea de Paz Magos de Tollan”. Intrigados consultamos y se trataría de un proyecto comunitario que busca una relación con lo que llaman la ley del tiempo. Para ello realizan autoconstrucción natural y cultivos orgánicos.

En el camino se presentan extraños personajes que enriquecen el paseo con singulares experiencias. La región muestra un particular perfil.

Seguimos adelante por un hermoso paisaje serrano, verde como nunca y casi sin prestar atención al deterioro de la calzada por las lluvias, cuando de repente después de una curva, nos sorprendió lo que nos pareció un duende. No era una visión alucinada, era real. Caminaba por la arena, con un sombrero cónico de paja del que escapaban largas rastas, un poncho de mil colores, pantalón a rayas, descalzo, con termo y mate. Nos ofreció una amplia sonrisa y en portugués nos dio los buenos días. Avanzaba tranquilo por esa soledad.

A San Marcos 

Luego de tres fuertes cuestas, encaramos la bajada hacia San Marcos Sierras en una geografía de maravillosas vistas del dique Cruz del Eje y más allá, las Salinas y las sierras de Guasapampa. Descendimos más de 150 metros para llegar a la calle San Martín, que atraviesa el pueblo y por una pasarela cruzamos el río San Marcos para ingresar a la zona urbana.

De inmediato, la atmósfera del pueblo envuelve con carteles y afiches de comercios con nombres de hadas, ángeles, runas, magos y eternidad. En las columnas de alumbrado público se anunciaba una conferencia pública “La energía y su uso para recuperar la salud”, a cargo de la orden esotérica Rosacruz y más allá, el Museo Hippie.

Diversos personajes marchan libres, con coloridas ropas, largas barbas y rastas hacia la plaza. Ese espacio se encontraba lleno de gente de paseo en una mezcla de lugareños con turistas.

Frente a la plaza, la iglesia San Marcos de 1734 en cuyo interior una foto del Papa Francisco recibe sonriente entre diferentes avisos parroquiales. 

Iglesia San Marcos, de 1734, frente a la plaza principa

A la derecha del templo cierra el atrio un enorme algarrobo cuyo cantero era usado por dos lugareños para vender la popular miel del lugar y frutas secas, llenas de mágicos poderes. 

Uno de ellos atendía a la clientela mientras el otro, combatía las hormigas y reponía la mercadería que mantenía guardada dentro de la iglesia. Conversamos con ellos y nos hicieron partícipes de la añoranza del festejo de la patronal que hace dos años no se realiza. Emocionados contaron de la tradición gaucha se enlaza a la religión en ocasión de esa celebración.

Hicimos un descanso para almorzar y repasamos las experiencias vividas a lo largo del recorrido. De pronto, reapareció el hombrecillo al que llamamos duende quien nos volvió a saludar quitándose el sombrero. 

El regreso fue por calle Sarmiento, con rumbo al río Quilpo y luego desviamos a la derecha por la ruta que conduce al mirador. 

Es una trepada de unos 500 metros con un desnivel de 10 kilómetros, por camino de cornisa. La suerte estuvo de nuestra lado ya que el camino estaba cerrado a la circulación de autos. 

En la cima se encuentra un mirador, desde donde se observan Capilla del Monte, Charbonier y San Marcos Sierras. Es un arco de piedra que encierra un perfil de la provincia de Córdoba. Desde ese punto comenzamos a bajar hacia el valle de Punilla entre laderas cubiertas de vegetación que tapiza grandes rocas, aleros y cuevas y a 15 kilómetros, el balneario Agua Blanca.

Los últimos kilómetros antes de la ruta 38 son en subida, con moderada pendiente que tras largos y tediosos tramos conduce al dique El Cajón y por fin el asfalto, luego de 50 kilómetros de entretenido y pintoresco recorrido.

Lo que hay que saber

Desde el mirador, se desciende al pueblo entre fantásticas postales.

Nivel del circuito: de dificultad media, con tramos de duras pendientes. Por el estado de la calzada hay tramos muy técnicos. 

Circuito: comenzó y terminó en el mismo lugar. 

Advertencia: hay muchas espinas en el recorrido

Servicios. San Marcos Sierras cuenta con todos los servicios   

Recorrido total: 50 kilómetros.

Mapa ilustrativo para ubicar localidades:

*Especial

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