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Córdoba

Cosquín en tren, un paseo de hoy y de siempre

El Tren de las Sierras se disfruta en el recorrido y en su destino final, con balnearios, buena comida y mucha historia.

Por Andrea Molina (Especial).

El Tren de las Sierras es un viaje en sí mismo. Sale desde la bella e histórica estación de Alta Córdoba y tiene varias paradas por la ciudad, como en el Hospital Neonatal y la estación Rodríguez del Busto. Luego el camino empieza a teñirse de tintes verdes y se adentra en el paisaje serrano. Su recorrido pasa por varios ríos e incluso tiene una maravillosa vista al lago San Roque y su nuevo puente. 

La mayoría de las paradas son sólo de ascenso y descenso de pasajeros, pero también se puede optar por bajar en esos destinos y disfrutar de sus balnearios como en La Calera, Bialet Massé o Santa María del Punilla. El viaje hasta Cosquín dura unas dos horas y media, aproximadamente, y en total hace un recorrido de 150 kilómetros. En el tren es posible descubrir pasajeros de los más variados, desde quienes lo usan como transporte diario hasta turistas, jubilados que recuerdan sus viajes de juventud en tren o niños que viven esa experiencia por primera vez. Es imposible no contagiarse de esa emoción cuando pasan por túneles y suena la bocina.

Para el viaje es una buena idea llevar el mate o alguna bebida, en Casa Bamba el tren hace una parada de pocos minutos donde se pueden comprar algunas delicias de elaboración artesanal como pastelitos, panes y tortas. 

El destino final está emplazado a orillas del río Cosquín y a los pies del cerro Pan de Azúcar donde te recibe la preciosa estación de tren ubicada en el centro de la ciudad, a pocos pasos del río. 

Esta localidad puede disfrutarse en cualquier época del año, ya que sus balnearios e impronta cultural ofrecen al viajero atracciones permanentemente. Cosquín es el pueblo más antiguo del Valle de Punilla y realmente merece la pena recorrerlo a pie, descubriendo sus casitas y construcciones de época. Tiene ese encanto de pueblo, con carteles y fachadas detenidos en el tiempo que son un tesoro. 

Existen también dos museos importantes que invitan al visitante a conocer más de su patrimonio: uno es el Museo del Artesano ubicado detrás de la plaza Próspero Molina donde se pueden encontrar valiosas piezas de artesanía local; hacia afuera del museo se encuentra una feria de artesanos y el Paseo de las Estatuas que homenajea a importantes músicos populares argentinos. El otro es el museo de mineralogía Camin Cosquín, donde hay exposición y venta de distintas piedras, minerales y restos fósiles.

Testigo de antaño

El gran protagonista de Cosquín es su río homónimo, en especial en épocas de calor donde se puede dar un chapuzón y pasar la tarde en ese privilegiado paisaje serrano. Existen numerosos balnearios para ello, uno de los más tradicionales y concurridos es La Toma, que se encuentra muy cerca del centro. 

A pocos kilómetros se encuentra otro rincón muy buscado por sus árboles y playitas de arena llamado Uranga: posee aguas más profundas que el anterior por lo que es ideal para nadar y hacer kayak. Otra opción más tranquila y familiar es el balneario Onofre Marimón que queda a pocas cuadras de la estación de trenes y quizás sea la más conveniente si uno desea ir sólo por el día usando el tren, ya que no queda mucho margen de horario entre la llegada y la partida. 

En las proximidades de estos balnearios se pueden encontrar almacenes y lugares para comer, también suele haber venta ambulante de algunas opciones caseras para deleitarse.

Para quienes gustan del trekking deben aventurarse a subir el cerro Pan de azúcar que tiene unos 1.260 metros de altura y ofrece vistas increíbles del Valle de Punilla, y hasta se puede divisar la ciudad de Córdoba. La otra opción es tomar la famosa aerosilla que llega a la cima, o combinar ambas alternativas.

Comer y beber

Otra de las razones por las cuales Cosquín es un destino imperdible es su gastronomía, un paseo que se saborea de principio a fin. Las opciones para tentarse son muchas y muy buenas. Por toda la zona céntrica y alrededores existen bares y restaurantes tradicionales en los que se puede disfrutar de buena comida criolla y minutas varias. También en ciertas fechas se realizan peñas y fogones criollos que son realmente un espectáculo. 

Una de las estrellas de Cosquín, y merece un párrafo aparte, es la confitería La Europea, un verdadero símbolo de la ciudad por su importancia histórica; en sus mesas comenzó a gestarse la mística del Festival Nacional de Folklore con músicos como Jorge Cafrune y Mercedes Sosa.

Hoy, con más de 100 años de historia, sigue siendo uno de los puntos de encuentro más importantes y la mejor opción para hacer que las tardecitas serranas sean deliciosas. Sus cafés y su variada pastelería de recetas únicas y elaboración artesanal son una parada obligada, mientras que sus dulces y colaciones son el souvenir perfecto para llevar de este destino. 

La experiencia gastronómica coscoína se completa con otra esquina emblemática: la confitería Munich, ubicada frente a la plaza San Martín y con hermosas vistas a las sierras, recomendada tanto para desayunar como para merendar o disfrutar de un rico lomito.

Viajar a Cosquín en tren es una experiencia completa que invita a encontrarse con las tradiciones e historias que siguen vivas, disfrutar la calidez propia del interior cordobés y rodearse de las bellas sierras del Valle de Punilla.

Escenario perfecto

Por supuesto que si hablamos de Cosquín, hablamos de festival. Pero no sólo por su gran encuentro de la música nativa sino también por otro evento que se ha consolidado con el correr de los años.

La ciudad es también sede del Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín (Ficic), que se realiza todos los años durante el mes de mayo desde 2011. Para conocer un poco más de este festival, la película cordobesa Tres D (Rosendo Ruiz, 2014) muestra a dos jóvenes que realizan entrevistas a los invitados del festival, y así entran en contacto con realizadores y personas de la industria cinematográfica local. 

Esta película muestra el mundo cinéfilo que emerge en esos días de festival, conociendo también a personajes locales que aportan desde un lugar más anónimo, como el dueño del proyector de 35 milímetros que se usa para exhibir algunas de las películas. 

También ya es tradición el locro que prepara Mary (madre de la productora del Festival) en su casa para el inicio del evento. Este festival es también la excusa para visitar Cosquín, disfrutar de buen cine y conocer personas en el tan especial paisaje coscoíno. Junto con el Festival Nacional de Folklore, ocupa un espacio importante en la historia de la ciudad y han hecho de la cultura una marca identitaria.

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