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Escapadas

Copacabana, uno de los secretos mejor guardados del noroeste cordobés

Pueblo de artesanos, es un destino ideal para conocer en medio de su río homónimo. Paisajes rojizos, detalles de pobladores originarios y una capilla histórica.

Por Redacción Voy de Viaje.

Repleta de palmares y con algunos animales de campo pastando por la zona, Copacabana es uno de los rincones menos visitados del departamento Ischilín. De características agrestes y sencillas, esta localidad se encuentra en el noroeste de la provincia, a unos 137 kilómetros de la ciudad de Córdoba. 

En este pequeño paraje rural se mezclan rastros de los pueblos originarios, de la colonia y de la vida actual de los artesanos y campesinos que viven allí. Recorriendo sus senderos y caminos de ripio y tierra rojiza, es posible llegar a un punto de su geografía que se transforma en el mejor mirador natural. Se puede observar la sierra del Pajarillo, Cruz del Eje y la sierra La Salamanca, como la conocen los lugareños. 

Por la zona se dejan entrever entre enormes paredones de piedras y cuevas, las pictografías de los primeros pobladores. En relación con esto, Myriam Mathieu, una cordobesa que viaja siempre por la provincia, dice: “Las pinturas rupestres que encontramos en Copacabana, originales y hermosas, difieren mucho de las que conocemos en el cerro Colorado o los petroglifos que encontramos en las piedras al margen del río Yuspe”. A su vez explica que tienen diferentes diseños y técnicas y que, indudablemente, es necesario prestar atención para no perderse estos tesoros prehispánicos.  

Además, otra de sus postales imperdibles es su bella y pintoresca iglesia, Nuestra Señora de Copacabana, construida en 1812 por Nicolás Cabrera. Se encuentra pegada al ancho y arenoso río de Copacabana y cercana a un antiguo cementerio. La fiesta patronal del poblado es el 2 de febrero y es un verdadero hito religioso para toda la comunidad.   

Artesanías, su distintivo

Con no más de 300 habitantes, este paraje serrano se caracteriza porque tanto hombres como mujeres poseen una actividad en común: la artesanía con tejido de la palma Caranday. Esta tradición se une a la producción caprina y otras tareas agropecuarias. 

El aprovechamiento del árbol propio de la región, un saber heredado y compartido por todos los vecinos, es el principal oficio de sus habitantes. De esto se trata una de las propuestas distintivas que puede disfrutar el visitante: conocer su trabajo, su cultura, sus paisajes y tradiciones. 

Entre leyendas y relatos de la región, los artesanos comparten un mate y la sabiduría de esta técnica. La variedad de productos es sorprendente: canastos, porta macetas, carteras y otros tantos se suman a la lista. Un catálogo de verdaderas obras de arte, que se pueden adquirir para contribuir a las pequeñas economías regionales de la zona.  

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