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Córdoba

Con las postales del otoño, un paseo en bicicleta por Sierras Chicas

El área de Sierras Chicas fue el circuito elegido para realizar cicloturismo en una sola jornada. Comenzó en Ascochinga, se extendió por 46 kilómetros a través de caminos serranos, con ascensos y descensos, para regresar al punto de partida.

Por Gustavo Rebord*.

Monte serrano nativo, onduladas chacras sembradas, hermosos ríos y un valioso patrimonio histórico realzan el recorrido ideal para hacer en una travesía por caminos serranos que unen pequeños parajes, como Santa Catalina, Colonia Hogar, Bajo de Olmos y San Jorge, entre otros.  

Tomamos como punto de partida la estación del ACA de Ascochinga, ubicada en la ruta provincial E-53 y abandonamos el asfalto para sumergirnos en un túnel vegetal que desciende hacia el vado del río Ascochinga, hasta el cartel que anuncia que el camino lleva el nombre del exgobernador provincial Pedro J. Frías.

Los colores ocres y dorados del otoño acompañan la ruta de los ciclistas. Un circuito por las Sierras Chicas para disfrutar del paisaje.

En las orillas se puede observar el impacto de la creciente del río en el último verano, que movió rocas y troncos hasta una altura impensada. Luego, la primera cuesta hasta llegar a La Pampa se tiñe de amarillo, por la presencia de grandes plátanos que como guardianes se alzan en la banquina. El sonido de las hojas al ser pisadas se convierte en un juego. 

En el paraje La Pampa nos enfrentamos con la primera bifurcación, donde un viejo cartel de fundición del ACA señala: “Santa Catalina 12 - Ascochinga 3”.

Más adelante llaman la atención una vieja carnicería; al lado, un antiguo teléfono público que sobrevive al vandalismo, y una fuente pública de agua realizada en piedra y con un grifo de bronce.

Otro vado y el camino presenta un par de curvas cerradas que muestran viejas casonas con parque y, poco a poco, el monte serrano se convierte en protagonista con algarrobos, espinillos y flores campanitas azules, que trepan los arbustos y ponen su cuota de color.

Entre serruchos y arenales trepamos continuas cuestas, hasta que a lo lejos divisamos las cúpulas blancas de la iglesia Santa Catalina.

Patrimonio de la Humanidad: la estancia de Santa Catalina, la perla del circuito.

Patrimonio

Un nuevo cruce, donde se une un camino que llega desde Jesús Maria, y la estancia Santa Catalina ofrece en detalle la hermosa construcción jesuítica.

Nos detenemos en la ranchería, vieja construcción de piedra donde funciona una despensa y bar, que desde siempre es atendida por Mariíta, simpática lugareña que muestra sus dotes para las comidas criollas y comenta la angustia vivida en febrero último, con la crecida del río que los incomunicó por 20 días.

Unos lugareños dan cuenta de un tinto en tetrabrik con gaseosa, mientras disfrutan del día de descanso. Seguimos viaje y bordeamos el complejo (existe la opción de realizar una visita guiada a la iglesia), superamos el ingreso principal, el tajamar, la muralla perimetral de piedra y nos adentramos de nuevo en los senderos serranos.

Despensa y bar Santa Catalina, en la ranchería de la estancia, y Mariíta, quien la atiende y muestra sus dotes de cocinera.

A poco de andar encontramos un estanciero que baja de su camioneta con el teléfono celular en alto y nos cuenta, entre risas y lamentos, que busca señal. 

Las vertientes corren a la vera del camino con pequeños saltos por los desniveles; de nuevo un cruce, y llegamos al pequeño caserío de Colonia Hogar. Dejamos la ruta principal y viramos a la izquierda, por un angosto camino que comienza a subir entre fresnos y moras.

A poco más de 20 kilómetros, trepamos 200 metros hasta llegar al paraje Unión de los Ríos, donde dos cursos de agua se hacen uno y forman el río Santa Catalina. Es un hermoso paraje típico de las sierras, que invita a quedarse para observar el avance del agua. Cruzamos un puente muy angosto y ahí se presenta el desafío ante una dura subida de nueve kilómetros. 

Sin aviso, cambia la pendiente y nos internamos en un valle; hacia el oeste sobresalen dos puntiagudos picos en forma de conos, que parecen volcanes. Transpirados por el esfuerzo, accedemos a una pequeña pampa de altura donde tomamos un respiro. 

Bajo de Olmos

Frente a nuestros ojos se presenta el río, brilloso, con álamos desnudos, estamos en el paraje Bajo de Olmos, un lugar encerrado entre sierras con viejas casonas. 

Pirca, tranquera, hilera de árboles y en segundo término una casona de blanca arquitectura y galería con columnata, que según se dice perteneció a la familia Olmos.

Lo destacable es la cantidad y variedad de árboles: pinos, tipas, espinillos, plátanos, frutales, un liquid ámbar de furioso rojo salvaje y un poderoso paraíso que sirve para realizar acrobacia en tela a una habilidosa joven, que aparece entremezclada con el paño colgante de una rama. Arte y naturaleza para llenar el alma.

Mientras las vertientes cortan la calle y hacen que nuestra huella se prolongue por la tierra hasta esfumarse, sigue la subida que no ofrece tregua, pero con ese entorno es todo felicidad. 

Viene bien la sombra de un bosque de eucaliptos, seguramente plantado por el hombre, y las loras en lo alto se alborotan a nuestro paso. Al parecer no quieren que compitamos con sus colores.

De nuevo bajo la luz del sol, atrás quedó el bosque y se avecina un nuevo mirador, más alto que el anterior, con vistas que se prolongan hacia el este hasta la llanura, mientras una línea serpenteante, más verde que el resto, devela el paso del río El Sauce, A pesar de la distancia, se puede observar la cascada de Quiroga. 

Serpenteante curso del río El Sauce y, a lo lejos, la cascada Quiroga.

Finalmente cruzamos un bonito puente de piedra sobre el río El Sauce, y encontramos una vivienda con corrales y almacén, donde decidimos descansar. 

Nos recostamos en la pirca que cierra la casa, la que luego supimos es de don Carlos Videla, poblador de toda la vida del lugar conocido como San Jorge. 

Almorzamos al sol, mientras algunos caballos ingresan al patio de don Carlos y convierten en comida las plantas del jardín. Tras ahuyentarlos, nos cuenta que son parte de la tropilla de doma de su sobrino y que son más de un centenar.

Llegan tres jinetes que buscan rehidratarse para seguir con su misión de curar unos animales en el campo. Uno de ellos, Iván La Rubia, domador que monta un hermoso potro negro. Cuenta que en el último verano participó del Festival de Doma y Folklore de Jesús María y, mientras él admira nuestras bicicletas, nosotros hacemos lo propio con su fantástico caballo. 

Proseguimos la trepada, a esa altura con menos pendiente; superamos la escuela y dispensario de San Jorge, y llegamos al punto más alto del recorrido, para comenzar a descender hacia el punto de partida.

Una tropa de negras vacas avanza en sentido contrario a nosotros; los gauchos se manejan con silbidos y gritos para hacerlas marchar hasta que nos encontramos en medio de la manada, en una densa polvareda. 

Continuamos por una nueva bifurcación de caminos en el paraje Los Manzanos (también llamado El Manzanar), cruzamos el río por sobre troncos colocados a modo de puente, con las bicicletas levantadas. La última inundación destruyó el antiguo vado.

Descendemos a toda velocidad hacia La Pampa, un nuevo cruce de rutas, desandamos el tramo y atravesamos el río Ascochinga lleno de familias que toman mate al sol y nos encontramos de nuevo en la ruta de asfalto, para llegar a la estación de servicio del ACA. Fin de la travesía.

El puente sobre el río El Sauce. El verde muestra la presencia del agua.

Lo que hay que saber

Total del recorrido: 46 kilómetros por camino consolidado. 

Precaución: algunos tramos presentan serruchos y arena sobre la calzada.

En caso de jornadas lluviosas puede haber dificultades en sectores del camino y en caso de tener que superar vados. 

Ciclistas. Tienen que estar alertas por la presencia de muchas espinas. 

Servicios. En la mayoría de los pueblos se puede abastecer de agua y alimentos. 

Modalidad del circuito: hay ascensos y descensos continuos que tornan el recorrido como de dificultad técnica baja y de esfuerzo físico medio.

Altura máxima: 1.183 metros.

Altura mínima: 683 metros (vado del río Ascochinga).

Comunicación. La señal de telefonía celular es intermitente, de acuerdo a los lugares por los que se circula.

*Especial

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