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Córdoba

Con el viento en la cara

Paisajes de montaña y pampas de altura, soledad, viento y el imponente vuelo de cóndores fueron condimentos esenciales de una travesía en bicicleta por la ruta 28, que parte de Tanti y cruza a la provincia de La Rioja por Los Túneles.

Por Gustavo Rebord*.

La jornada comenzó a primera hora en el albergue La Rotonda, en Los Gigantes, y partió por un camino interno que atraviesa el paraje Casas Nuevas que emerge entre tupidos mimbres y corrales y deposita en una parada de ómnibus, ya sobre la ruta provincial 28, en cuya garita un grafiti cita a Mahatma Gandhi: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”.

Con ese pensamiento salimos con dirección oeste para bajar hacia el río Yuspe. Con el cerro La Cruz en las espaldas bajamos rápido por un camino sinuoso hasta encontrar el Parador Yuspe, montado en una vieja casa de piedra canteada, en cuyo comedor venden buenos salames y queso criollo. 

A nuestra llegada, Hugo, sacaba del horno el pan casero cuyo aroma nos sedujo de inmediato.

Con provisiones para el camino, seguimos bajando, hasta cruzar el puente, y a continuación encontramos una trepada de dura pendiente, donde en cada curva hay distintas vistas sobre el río.

A más de 1.800 metros sobre el nivel del mar encontramos el ingreso a la estancia San Luis y luego la estancia Buena Costa, ambas dedicadas a la explotación ganadera. A esa altura hay escasa vegetación, aunque las intensas lluvias mantienen el pasto duro. 

Desde ese punto se visualiza el macizo Los Gigantes que recorta su perfil en el cielo en una soñada panorámica y da la fuerza necesaria para continuar con la exigente pendiente. Un corte perpendicular en la montaña  permite el paso para arribar al mirador a 1.900 metros, uno de los lugares más altos del camino y divisoria de aguas. Desde allí se ven hacia el oeste, las Cumbres de Gaspar y algunos de los volcanes de Pocho.

Nos detuvimos en un remanso del camino para observar las sierras, casi desnudas, que muestran la roca gris del cerro La Plazoleta mientras abajo, en el valle unos manchones de verde intenso delatan las vertientes que dan origen a pequeños cursos de agua que bajan al río Guasta.

Sobre una ladera de la montaña una pequeña ermita en la roca guarda tras una puerta de vidrio, encontramos una imagen de la Virgen del Valle con una vela encendida. Rodeada de paquetes de velas, pequeños pajaritos embalsamados y flores plásticas. Lo curioso es que al regresar, también había una vela encendida. 

En camino

Reiniciamos la travesía por un sector de pampa donde las vacas dispersas se ven como manchas negras en el pastizal y en tramos de banquinas viejos muros de piedra.

La entrada a la estancia Pampa Alta, revela con su nombre la geografía de los próximos kilómetros, hermosos y extensos campos  donde la ruta es una cinta que toma la forma ondulada de la sierras.

Una bajada nos condujo al cruce que lleva a estancia La Candelaria por Piedra Azul, a través de 38 kilómetros. Una garita pintada de amarillo y azul brinda refugio de los fuertes vientos a los que esperan el ómnibus en los desolados parajes. A lo lejos, unos cóndores sobrevolaban en círculo y Cuchilla Nevada, la formación rocosa, dibujaba su perfil recortado sobre el horizonte.

Un caserío, una familia y tupidos mimbres forman el asentamiento del mismo nombre donde tiempo atrás había una posta policial y un puesto de Vialidad Provincial. Ahora, sólo carteles oxidados y placas, recuerdan sus presencias.

Tras una inspiración profunda arremetimos la trepada que nos condujo a 1.900 metros en un camino que reproduce precarios refugios de piedra apilada con vista al valle y que fueron usados por los pastores de ovejas para protegerse del viento.  

En el kilómetro 22, un monolito indica el desvío a la estancia La Candelaria por el paraje llamado Loma Grande. Continuamos por allí hacia el norte mientras la ruta 28 sigue hacia el oeste hasta perderse de vista en las Cumbres de Gaspar.  

Vuelve el paisaje de pampa, vacas, ovejas y caballos que pastan espaldas al viento. Es una pena que con el correr del tiempo se prolonguen los alambrados de campos que hasta no hace mucho tiempo estaban todos comunicados.

El viento en contra, nos exigió mayor esfuerzo, superamos dos molones de granito gris, colocados sobre la margen izquierda del camino, hasta llegar a un tercero de tres metros de alto. Después de transitar cinco kilómetros desde el cruce de rutas se nos presentó un sendero donde las huellas están casi ocultas entre el pastizal. Un pequeño cartel artesanal con una flecha nos indicó nuestro objetivo: Ciénaga de Britos.

Bajamos por un hermoso camino, a cuya izquierda una pirca de piedra cierra el paso del ganado y a la derecha, una quebrada donde se escucha correr el agua entre cortaderas con sus plumerillos inclinados por el viento. 

Son siete kilómetros de conducción técnica, donde se baja unos 400 metros de desnivel para llegar hasta el río San Guillermo.

El río crecido nos impidió el cruce del vado y determinó el fin del recorrido y la postergación de la visita a Ciénaga de Britos. Armamos un improvisado comedor entre las piedras del río para almorzar acompañados por el rumor de las aguas del río.

Con renovadas energías encaramos el regreso. Muy dura fue la subida hasta la ruta para recuperar los 400 metros de diferencia de nivel. El monolito se dejó ver a la distancia y nos anunció la presencia del camino. Nos detuvimos para hacer algunas fotos en el desvío y encaramos la vuelta hacia Los Gigantes.

Tras varias pinchaduras en las cubiertas de las bicicletas ingresamos al atardecer al parador La Rotonda mientras Los Gigantes se cubrían de nubes grises que llevaban una fresca brisa. 

Lo que hay que saber

Ruta: con poco mantenimiento y con un relieve exigente para andar en bicicleta. Un tramo del camino hacia el río tiene espinas.

Servicios: agua potable y alimentos en el parador del río Yuspe.

Señalización: hasta el desvío al río San Guillermo. 

Comunicación: mínima o nula señal de celulares. 

Población más cercana: Tanti.

Si se sigue hacia el oeste por ruta 28 se atraviesan poblaciones como San Gerónimo, Tala Cañada y Taninga en el cruce con ruta 15. 

Recorrido total de la travesía: 70 kilómetros.

Nivel de exigencia: dificultad media.

*Especial

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La Voz.