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Escapadas

Boca del Río, el dique escondido de Traslasierra

Es ideal para practicar deportes náuticos sin motor y para disfrutar de tardes tornasoladas con aroma a té en un entorno donde sobra tranquilidad.

Por Redacción Voy de Viaje.

Se dice que es toda una sorpresa. Muchos desconocen el rumbo que toma el río Los Sauces, uno de los más importantes de Traslasierra. Formado en los límites de Villa Cura Brochero y Mina Clavero por la confluencia de los ríos Panaholma y Mina Clavero, corre por la llanura rumbo al sur y pasa por Nono –donde aumenta su caudal al recibir las aguas del río Chico– para ingresar finalmente al dique La Viña. Continuando su curso al oeste, hacia Villa Dolores, cruza esta ciudad y luego desaparece en una zona de bañados.

Pero antes, sus aguas son nuevamente embalsadas en un dique nivelador llamado Boca del Río. Si se persigue el camino del río, se entenderá la razón de ser de este tesoro escondido que ofrece tranquilidad, abundante vegetación y un calmo espejo de agua que nunca está invadido por muchos visitantes.

Para acceder hay que ingresar a la comuna Las Tapias, a 40 kilómetros de Mina Clavero. Casi llegando a Villa Dolores se encuentra el último embalse receptor de este río, que propone un paisaje con fauna y flora autóctonas como espinillo, tusca, brea y tala, así como montañas a la vista y senderos que conducen a minas abandonadas. Del mismo modo se puede llegar a un mirador para observar, hacia el este, cómo avanza el río por una profunda quebrada a este dique nivelador. Al pie del paredón se divisa un criadero de truchas con los típicos piletones de agua: de allí se provee a los restaurantes de Traslasierra para el deleite de los comensales.

Atardeceres coloridos y actividades sustentables

Las estrellas del dique son sus aguas tranquilas, que se convierten en el escenario propicio para practicar deportes náuticos sin motor e invitan a pasar un relajado día al aire libre. El lugar cuenta con un camping homónimo con asadores en sus orillas, proveeduría, un amplio quincho, sector para carpas y botes a pedal y a remos equipados con chalecos. Al mismo tiempo, un servicio de cabañas ofrece meriendas y tardes de té observando un paisaje único.

Los lugareños y visitantes esperan el “minuto mágico”, como lo llaman. Es un momento del atardecer en el que las montañas reciben una gama de colores que oscilan entre los lilas, naranjas y ocres y forman una postal que deslumbra a todos los que se encuentran en el lugar.

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