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Escapadas

El almacén de Quito: una parada obligatoria en Falda del Carmen

Es “el” lugar para comer los sándwiches más ricos de la RP C45. 

Por Redacción Voy de Viaje.

A sólo 20 kilómetros de la ciudad de Córdoba, un lugar tradicional para detenerse sobre la RP C45 (frente a la RP E96) es la despensa de Quito, un almacén de campo en Falda del Carmen que convoca con sus sándwiches de fiambres, abundantes y deliciosos, y la excelente atención de sus dueños. 

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Punto de encuentro

La construcción es centenaria y fue edificada por una familia descendiente de franceses. Luego se vendió a otras personas, hasta que la familia Arias la adquirió y la nombró “Quito”, apodo de Juan Manuel Arias, su dueño hace 48 años. 

Así, pasó de ser un antiguo almacén de ramos generales a bodegón, pulpería y bar donde se detenían los que se trasladan a caballo o a pie. Era el principal sitio de entretenimiento de la zona, donde se podía tomar una copa y jugar al pool y al metegol. 

Más tarde se convirtió en despensa, y fue Don Quito quien comenzó a preparar una picada de fiambres para los que pasaban por allí. 

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El furor del sándwich

Después de las picadas, el sándwich se convirtió en la estrella del lugar, con pan francés –que desde el comienzo compran en la panadería más famosa de Alta Gracia– y exquisitos fiambres, muchos importados, como el jamón crudo español ibérico de Navarra.

Son de excelente calidad, sumamente abundantes y elaborados en el momento y a la vista, y se pueden preparar con mayonesa o manteca, con o sin corteza, con o sin miga. 

Marcos Arias, hijo de don Quito, dijo a Voy de Viaje: “Gracias al ‘boca en boca’ el sándwich es furor, y todos los días, pero sobre todo los fines de semana, el almacén se convierte en un parador turístico, donde recibimos visitantes de todos lados”.

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Destaca también que son múltiples los artistas, políticos y deportistas que visitan el almacén. Además, grandes personalidades de la gastronomía como Osvaldo Gross y Dolly Irigoyen quedaron encantados con el sándwich. También hay empanadas, dulces, galletas, café al paso y otros snacks salados. 

Hoy, el lugar sigue conservando su estructura, con las puertas, ventanas y pisos originales, además de los muebles y mostradores, especialmente uno de 150 años de antigüedad con estaño. Sobre él se servía el copeo y se deslizaban fácilmente los vasos de vidrio. También hay antiguas paneras y carameleras que transportan a otros tiempos. ¿El plus? Una pequeña colección de objetos antiguos que es imperdible de ver. 

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Datos útiles

Está abierto de lunes a lunes de 8.30 a 22 (horario de corrido); domingos y feriados de 9.30 a 22. Sólo cierra el 25 de diciembre y 1° de enero. 

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