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78 cosas para hacer antes de salir de viaje

No está leyendo, está pensando si dejó la puerta abierta o el termotanque enchufado. (123RF)
No está leyendo, está pensando si dejó la puerta abierta o el termotanque enchufado. (123RF)

Claro que es una exageración, pero para una persona que sufre de TOCs nada es suficiente.

Dejar la casa lista antes de salir de viaje puede resultar toda una odisea para una persona que sufre de TOCs. Para comenzar, es importante esta aclaración: si se sufre de un Trastorno Obsesivo Compulsivo es necesario consultar con un especialista para obtener el tratamiento médico adecuado. Dicho esto, lo que viene a continuación es la experiencia de esta cronista. Demos rienda suelta a la locura del chequeo.

Antes de salir de viaje, ya sea que tenga por delante 200 km en colectivo o cruzar un océano entero en avión, me vaya por un mísero día o un mes entero, hay ciertas cosas que tengo que hacer. Esencialmente se trata de un chequeo de diversos aspectos de la casa, de mi persona y de mi equipaje.

Si me voy a ir de viaje la casa tiene que quedar ordenada, tal cual luce diariamente. Es decir, no se negocia un repasador arriba de la mesada, ni un vaso fuera de lugar, ni los almohadones desparramados. Ustedes pensarán, pobre mujer, y bueno, cada uno con sus demonios, ¿no es cierto? Sigo: me resulta necesario pasar el piso, así me recibe el buen aroma al llegar, los objetos en la simetría deseada, las plantas hidratadas, los libros ordenados en pilas perfectas.

Una vez la casa queda tal cual la deseo encontrar a mi regreso, ordenada, limpia y con buen aroma, me encamino en la tarea de asegurarme de cosas: asegurarme de que tenga todo lo que tenga que llevar, el pasaporte, el documento, la ropa que desee, el calzado apropiado, chequeo varias veces que estén los borcegos, me digo a mí misma que no puedo olvidarlos, que me resultan vitales, los miro, los palpo, están. Si estoy completamente segura de que todo lo que necesito está en mi equipaje, puedo empezar a pensar en salir de casa.

Esta suele ser la parte más difícil, tengo que concentrarme profundamente para evitar tener que volver más tarde a hacer un rechequeo. Ahora vivo en un departamento enteramente eléctrico, entonces recorro cada toma corriente para asegurarme de que no hay aparatos eléctricos enchufados. Repito en voz alta: está apagado, está apagado, está apagado. Así, tres veces. Puedo estar hablando del termotanque, de la pava eléctrica o del anafe. Lo hago con cada cosa. He llegado al punto de sacar una foto, nunca he necesitado verla luego, pero en el momento funciona como un aliciente. Como no confío en mi mirada, le sumo un sentido, el del tacto: toco la superficie, le paso la mano extendida al toma corriente.

Ya casi, me faltan las ventanas. Asegurarme de que queden cerradas, porque puede venir tormenta y entrar agua o quien sabe, justo llueve mucho y se inunda, en fin, una sucesión de eventos desafortunados. Por eso, cerrarlas. Qué alivio no tener gas, imaginen el calvario de verificar las llaves, las perillas de las hornallas, ustedes saben. ¡Ah! Casi lo olvido, la heladera. La última vez pensé que había dejado la puerta de la heladera abierta pero luego de conversar con mi hermana pude confirmar que no, que era sólo una suposición, aunque admito que fueron momentos de pensar lo peor.

Estoy lista para salir, me siento confiada, todo está de maravilla, la casa huele bien, está ordenada con la estética deseada, la paleta de colores me acompaña y es un día precioso, no hace tanto calor. Una mirada panorámica final y ya estoy. Estoy muy contenta hasta que, desafortunadamente, veo el tacho de basura. No puedo dejar basura, se descompone y genera olor. Bueno, tengo que sacarme la mochila, dejar las llaves, hacer un nudo a la bolsita, ir afuera, volver, lavarme las manos y ahora sí. Estoy lista para mi viaje, me siento realizada, apenas me llevó unos minutos. No son 78 cosas, pero casi. ¿Te pasa? Te paso el número de mi terapeuta cuando quieras. Me hago pis. Maldición, tendré que regresar.