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Ciudades

Villa Gesell: verano entre pinos y médanos

Playas, un paseo por los bosques en los que nació la ciudad y una travesía por las dunas hasta llegar al imponente faro Querandí son algunos planes para disfrutar de este destino.

Por Florencia Vigilante (Especial).

Con una nutrida agenda de eventos y propuestas de playa, cultura y aventura que ya son un clásico, Villa Gesell encara una nueva temporada de verano. El partido, que engloba además a Mar de las Pampas, Las Gaviotas, Mar Azul y Colonia Marina, ofrece la atractiva combinación de bosques de pinos junto al mar, dunas imponentes que invitan al turismo de aventura, una completa infraestructura y una variedad gastronómica que abarca desde los sabores marinos hasta las típicas opciones de comida rápida.

DATOS ÚTILES. Información útil para una escapada a Villa Gesell.

Quienes opten por los servicios y las arenas más concurridas deberán dirigirse a las playas del centro de Villa Gesell, sinónimo de diversión y con varias alternativas de recreación y comida. Los que prioricen pasar unos días de paz y tranquilidad, encontrarán lo necesario en las apacibles playas del sur, el entorno perfecto para largas caminatas por la costa, charlas amenas y lecturas con el sonido de las olas de fondo.

El loco de las dunas

Un precepto bíblico habla sobre un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena, quedando en la ruina. No aplica para Carlos Gesell: sobre dunas vivas (cuyas formas cambian constantemente a causa del viento), el hombre construyó una ciudad.

Así lo explican las visitas guiadas a Pinar del Norte, un parque de 15 hectáreas considerado el casco histórico de Villa Gesell. Allí, Carlos Gesell compró tierras, edificó su vivienda en la punta de un médano y comenzó un proceso de forestación que se extendió a lo largo de diez años. A base de ensayo y error, cada fin de semana tomaba un tren y volvía con bolsas llenas de plantas para descubrir cuáles crecían en ese terreno. Con el tiempo, logró dominar la naturaleza, forestó la zona y levantó casas para los obreros que trabajaban en el lugar. Después vinieron la escuela y un almacén; y de a poco el área se fue poblando. “De todos sus inventos, el más grande es Villa Gesell”, aseguran los guías.

Hoy, esas 15 hectáreas boscosas albergan el Museo y Archivo Histórico Municipal, el Centro Cultural “Chalet de Don Carlos”, el Museo de los Pioneros y el Museo Malvinas, atendido por ex combatientes. Además, en algunas de las antiguas estructuras funcionan actualmente talleres municipales, y hay también una confitería.

Pagando un bono contribución de 20 pesos, se puede acceder a todas las muestras y edificios. Más allá de la historia, el sitio invita a caminar a la sombra de árboles y plantas, y en verano se llena de gente que lo elige para hacer picnics.

Hacia el faro

Los aventureros –y los que no lo son tanto– disfrutarán especialmente de la visita a la Reserva Natural Municipal Faro Querandí. Se trata de unas 5.757 hectáreas de dunas vivas, ubicadas unos 30 kilómetros al sur de Villa Gesell, que son hogar de una gran biodiversidad.

Hay numerosas propuestas para hacer el camino hasta el faro: cuadriciclos, camionetas 4x4, cabalgatas y, para los más tranquilos, antiguos camiones militares. Aclaración: si bien existen varios prestadores que organizan esta excursión, la playa está habilitada para llegar con vehículo propio desde Mar Azul hasta el faro.

El recorrido es impactante: mientras se avanza por la arena –por momentos firme; por momentos volátil– de un lado se elevan las dunas y decenas de pájaros alzan vuelo a la vez, mientras que, del otro, el mar ruge desde lejos.

Al estacionar los vehículos, los que se animen pueden deslizarse en tablas por las dunas. Después de atravesar un pequeño bosque, aparece el faro azul y blanco que desde 1922 ilumina el mar. Con 54 metros, es el segundo más alto de la provincia de Buenos Aires. La entrada es libre y gratuita pero sólo se puede acceder a la base, visitar el pequeño museo que alberga y observar la su hipnótica escalera caracol.

Del camino de vuelta hay que llevarse, además de paisajes, el viento en la cara y el olor a sal.

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