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Ciudades

Tres días en San Luis: Potrero de los Funes, La Punta y La Carolina

El circuito atraviesa un embalse que es pura paz, “la ciudad de las réplicas” y un pueblo minero de piedra que vive como detenido en el tiempo.

Por Graciela Cutuli (Especial).

Descanso, lo que se dice descanso, es lo que hay en Potrero de los Funes. Un embalse que es pura paz, en un valle donde brotan las cabañas que aprovechan lo que ya no hay: un tiempo que parece no terminarse nunca. El dique está a 18 kilómetros de la capital de San Luis y es conocido por el gran hotel que se ubica justo enfrente del lago, a mil metros sobre el nivel del mar, rodeado de costas donde crecen molles y algarrobos. Se puede acceder a su confitería flotante aunque no se esté alojado allí, para disfrutar de la hermosa vista sobre los alrededores. El pueblo en sí es chiquito y su actividad se enciende sobre todo en verano, pero siempre hay restaurantes, bares y cabañas disponibles.

DATOS ÚTILES. Información útil para pasear por San Luis.

En las cercanías existen varios circuitos de trekking, como el que lleva hasta el Salto de la Moneda. Es uno de los paseos más populares en verano, aunque se realiza todo el año: la cascada, de unos 15 metros de altura, cae sobre un piletón natural sobre las rocas cubiertas de helechos. Desde Potrero, quienes tengan más entrenamiento también pueden intentar el ascenso al cerro Retana: lleva un día completo y es de dificultad media, pero valdrá el trofeo de haber subido a una de las mayores elevaciones de la provincia (2.152 msnm). El cerro también es accesible desde la localidad de El Suyuque, donde vale la pena una visita al monasterio Nuestra Señora de la Fidelidad, habitado por monjas benedictinas y rodeado del entorno natural de las Sierras Grandes. 

Desde 2003

Entre Potrero de los Funes y La Punta hay una hermosa ruta que atraviesa las sierras. La Punta en sí desconcierta un poco: es una ciudad en formación, fundada en 2003, a sólo 20 kilómetros de la capital puntana. Se dio a conocer en sus comienzos como sede del programa San Luis Cine, en busca de desarrollar el arraigo de esta industria mediante la creación de estudios de filmación e iniciativas varias. Aquí funcionan también una universidad y un parque informático, pero para los turistas es más conocido por su Parque Astronómico y sobre todo por las réplicas del Cabildo Histórico de Buenos Aires –es decir, no el Cabildo como se lo ve hoy, acortado y reformado, sino tal como era en 1810– y de la Casa Histórica de Tucumán. Es curioso pero a la vez interesante, porque ambos incluyen representaciones de la vida a principios del siglo XIX bien logradas y capaces de ubicar a grandes y chicos en el contexto de los últimos años de la Argentina colonial.

Vetas de oro

La Carolina es el punto más distante de Potrero de los Funes propuesto en este circuito: son unos 70 kilómetros que vale la pena recorrer para llegar hasta este pueblito de piedra que parece detenido en el tiempo. En invierno sabe del frío y hasta de nevadas, pero no importa: en realidad le suma atractivo a esta pequeña localidad que fue próspera en el siglo XIX, cuando el descubrimiento de una minera generó una temprana “fiebre del oro”, en busca de extraer el metal para exportarlo a Chile y acuñar monedas. Se cuenta que en aquellos tiempos de bonanza, todo un contraste con la soledad de hoy, había en el corazón de la montaña vetas de oro más gruesas que el brazo de los propios mineros.

La mina ya no funciona, aunque no faltan quienes aún tamizan las aguas del río en busca de alguna pepita. Y la suerte no siempre es esquiva: es posible con tiempo y esfuerzo encontrar algunas pistas del valioso metal que entregan las entrañas del cerro Tomolasta, de 2.018 metros de altura. Pero el verdadero tesoro es el paseo por el pueblo íntegramente en la misma piedra gris que se extrae del cerro, y también el recorrido por las galerías desactivadas de la mina, que organiza una agencia local. Es posible internarse unos 300 metros en las galerías, bien equipados con botas y cascos, hasta experimentar la oscuridad total de la profundidad de la mina. Una vez fuera, son muy lindos para recorrer tanto el pueblo –con sus calles vacías bordeadas de casitas de piedra– como las grutas y cascadas de los alrededores.

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