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Argentina

Soho y Hollywood

Camino sobre empedrados centenarios, bajo calles arboladas abarrotadas de trinar de pájaros y sombras naturales

Por Redacción LAVOZ.

 

Esa misma mañana me dirijo hacia Palermo Soho. Camino sobre empedrados centenarios, bajo calles arboladas abarrotadas de trinar de pájaros y sombras naturales. Me invade otra vez cierta nostalgia al recordar a los enanos que abundaban en la puerta y en la barra del mítico boliche “Nave Jungla” de la calle Nicaragua. Veo y fotografío grafitis y cuadros espontáneos en muchísimas paredes.

Recuerdo también aquella vez que vi por estas calles el cuerpo orondo y agitado de Francis Ford Coppola, quien compró un petit hotel en Gorriti al 4700 y vivió y trabajó allí durante una larga temporada hasta que unos bandoleros (cada vez más atentos a lo que pasa en todos los Palermos) desplumaron su casa-productora y el intenso idilio del famoso director con la Ciudad de Buenos Aires acabó de inmediato, junto con la venta del inmueble.

Al calor de la primavera democrática, atraídos por la tranquilidad y los bajos precios del lugar, artistas, diseñadores de moda, galeristas, intelectuales y gastronómicos se instalaron poco a poco en lo que antes era conocido como “Palermo Viejo”, restaurando las hoy tan codiciadas “casas chorizo”, que transformaron en viviendas o negocios. Esta parte de Palermo, rebautizada en la actualidad con el añadido internacional de “Soho” (por la mítica zona bohemia de Nueva York), reúne a las mejores marcas de ropa, galerías de arte, restaurantes de muy buen comer, bares y pubs.

El epicentro de la movida está en los alrededores de la plaza Cortázar, antes “Placita Serrano”, rebautizada así en honor a los muchos cuentos que el cronopio le dedicó a este barrio.

Hay ríos de tinta que señalan que la denominación de “Palermo Hollywood” nació en un barcito que había frente al canal de televisión América. Favorecieron el crecimiento de su fama y, claro, el precio de todas las propiedades, la cantidad de productoras de cine y televisión que se fueron propagando de aquel lado de la avenida Juan B. Justo.

También es un lugar común, pero muy acertado, bromear con que allí lo que antes era servido como una simple “milanga”, hoy se presenta en la infinidad de lugares para comer como (imagino) “trozo generoso de carne tierna de ternera alegre, aderezado con huevo de codorniz serena y pan de centeno rayado, el cual recuerda a los trigales de un mediodía otoñal en el campo argentino”.

La híper modernidad, con sus enormes rascacielos, productoras, y el bla bla bla, están invadiendo al viejo barrio, y a los bolsillos, pero también aquí me sorprendí gratamente con precios accesibles en varios menús y con varias obras de teatro de excelente calidad, montadas en viviendas recicladas. Cabe mencionar que hay reductos tradicionales que todavía resisten, como el Club Atlético Palermo, fundado en 1914; o la peluquería de Luca, un calabrés que hace 57 años mantiene la decoración de su negocio como el primer día, o las Marcovecchio, dos hermanas encantadoras, nativas del barrio, que siguen al frente con la tradición familiar de una mueblería de caña y mimbre instalada hace ya 82 años sobre Gorriti.

Finalizo mi recorrido con una conclusión obvia: al fin y al cabo, la palabra “Palermo” vende. Y esto los “vivos” de siempre lo saben, aunque le hagan perder con su codicia buena parte de su aura de encanto al barrio más bello de la ciudad. Sin embargo, cuando alguien me pregunta si me siento latinoamericano, argentino, porteño o, incluso, cordobés, yo contesto afirmativamente por separado o en conjunto, pero por las dudas aclaro que mi corazón, ante todo fue, es y será palermitano.

Lo que hay que saber

 

Imperdibles:
Varela Varelita, clásico entre los clásicos palermitanos, este bar está en la esquina de Scalabrini Ortiz y Charcas, divide al Soho y Villa Freud,

Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires), avenida Figueroa Alcorta 3415.

Jardín Japonés, Figueroa Alcorta y Casares.

Jardín Botánico, entre Las Heras y Santa Fe, vecino a plaza Italia.

Thelonious, Salguero esquina Güemes, el mejor jazz de Palermo (y quizá de Buenos Aires).

Pulpería Ña Serapia, avenida Las Heras, frente al parque homónimo (ex Penitenciaria).

Hipódromo, avenida del Libertador 4101.

 

 

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