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Argentina

Ruta de quesos y algo más

Llegar a la localidad bonaerense de Suipacha es traspasar una zona que ya se intuye conocida: la pampa, el ombú y las “vaquitas ajenas”. Lo que sorprende gratamente es la llamada Ruta del Queso.

Por Redacción LAVOZ.

“Basándonos en la identidad láctea del lugar, la posibilidad de contar con productos de carácter artesanal, usinas lácteas, la cercanía al área metropolitana y dos queserías premiadas en quesos de categoría de `leches finas´, se decidió crear la Ruta del Queso”, relata Nicolás Alessandro, uno de los co-fundadores e ideólogo del circuito.

La cuenca lechera de la República Argentina abarca gran parte de la provincia de Buenos Aires, sur de Santa Fe y sudeste de Córdoba, entonces el por qué Suipacha fue la elegida, se justifica nomás al probar sus característicos productos queseros.

Nicolás cuenta que “es un homenaje a los pioneros, y también a aquellos que hoy se acercan. Ofrecemos `in situ´ el fruto del mejor esfuerzo: nuestros quesos; en sus múltiples formas y presentaciones: de pastas duras o blandas, untables o rallados, en lonchas o en porciones; de vaca, de cabra, de oveja, o de búfala; solos o combinados con otros sabores o productos”.

El circuito. La Ruta del Queso cuenta con varias opciones para conocerla. Desde un circuito express hasta programas de dos días de estadía. Todos comienzan temprano, a la vera de la ruta nacional 5, en la boutique de La Ruta del Queso, donde Nicolás y los suyos reciben con una gran sonrisa y un café caliente a los visitantes. Allí, se encargan de contar la historia de la industria láctea, sus orígenes vascos, los vaivenes que sortearon hasta llegar a este presente promisorio, donde la industria a gran escala se combina y convive con los productores artesanales y gourmet. Desde allí se parte a visitar los establecimientos, donde los esperan sus propios dueños o encargados. De acuerdo a la extensión del circuito elegido, se llegan a conocer dos queserías, un establecimiento de jabalíes y dos plantaciones de arándanos, además de tres restaurantes, un local que reúne todos los productos de la Ruta del Queso y una casa de té artesanal.

“El queso es el llamador, es el por que la gente llega y luego se encuentra con emprendimientos sumamente atractivos”, dice Nicolás para explicar la diversidad de opciones, y detalla que para formar parte del circuito, cada uno de los productores respeta el patrón agroalimenticio artesanal y necesita cumplir con un protocolo de calidad.

Sobran las palabras al momento de la degustación de productos que se realiza en todos los lugares a visitar. Luego de una pedagógica charla sobre la producción de sus quesos de cabra (la leche es traída desde la provincia de Córdoba), la gente de Cabaña Piedras Blancas ofrece un abanico tan tentador como premiado en diferentes competencias de nivel nacional e internacional. Al seguir un patrón de sabor, el turista va descubriendo todo un mundo de quesos, del conocido queso feta hasta el muy personalísimo Camembert. Por supuesto, todo acompañado con buenos vinos Malbec.

Reino del arándano. Ya entonado el paladar y entusiasmado el ánimo, la próxima parada será en Il Martilo, el reino del arándano, fruto un tanto ajeno a nuestras costumbres, pero de muy buen talante en el hemisferio norte.

Mercedes abre la tranquera del campo y como maestra a sus alumnos, dedica todo el tiempo necesario en su explicación. Esta se hace en medio de las plantaciones, donde el visitante puede ver, sentir, (pero no tocar), casi ser parte del cultivo de la fruta. Al momento de la ansiada degustación, sorprende la variedad de productos obtenidos. Desde el simple jugo hasta diversas combinaciones de arándanos con chocolate al whisky o al Malbec, productos para diabéticos y la clásica mermelada, entre otros.

Por supuesto que el almuerzo, incluido en el itinerario, se basa en productos naturales de la Ruta del Queso. Deliciosos crepés caseros con queso de cabra fundido son la mejor recompensa para un espíritu ya extasiado de sabores, olores y colores.

Porque de eso se trata la Ruta del Queso, sentir en el propio cuerpo, con todos los sentidos posibles, sabores, olores, colores y vivencias de la gente de campo que ofrece el producto de su trabajo como si de una ofrenda al turista se tratara.

Por la tarde un pequeño city tour por la ciudad de Suipacha que ostenta el orgullo de haber sido fundada a instancias de una mujer, Rosario Suárez de Labat, como pocos pueblos del país. En el paseo se descubre un típico pueblo de llanura, con su iglesia, su plaza con varios monolitos dedicados y la estación de ferrocarril típicamente inglesa.

Tan tranquila es la vida en Suipacha, que hasta el único semáforo que hay se convierte en atractivo turístico.

Para terminar el día nada mejor que una merienda en la casa de té de la Hostería Aruma.

Allí mismo pueden alojarse quienes decidan quedarse un día más para conocer el establecimiento La Escuadra, dedicado a la cría y faena de jabalíes, la cabaña Fermier con sus quesos de vaca y otros emprendimientos orientados al arándano y cultivos frutales.

Bien vale acercarse a Suipacha para conocer la Ruta del Queso, ya sea como escala previa en el viaje a Buenos Aires o con partida desde la Ciudad de Buenos Aires.

Lo que hay que saber

Dónde. Suipacha queda sobre la ruta nacional 5, a 126 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. Desde Córdoba se llega por ruta nacional 9 hasta la intersección con ruta provincial 41 y luego ruta nacional 5, kilómetro 126.

Visitas. Son con reserva. En forma particular o en grupos de excursiones. Los paseos se suspenden por lluvia.

Reservas: en el teléfono (02324) 156-9497.

E-mail: visitas@rutadelqueso.com.ar / En Internet:   www.rutadelqueso.com.ar

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