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Escapadas

Los que leen, aman

El Viejo Hotel Ostende es como “El libro de arena” de Borges: una vez adentro es imposible regresar al índice o arribar al final. Los números se borran y los relatos se modifican. Advertencia: si lee esta nota, se condenará a visitarlo. Una y otra vez.

Por Gastón Ribba (Especial).

El Viejo Hotel Ostende (VHO) no aloja huéspedes, esconde cómplices. Acechan a los no iniciados por los pasillos y disparan: “¿Sabía usted que Ostende puede traducirse como Punta del Este?”, “¿Sabía usted que Ostende era la ‘Perla del Atlántico’ y Mar del Plata se robó el título?”. Es uno de esos hoteles de playa que se disfruta mejor con lluvia o mar de fondo. Inmenso reloj de arena donde el placer se desgrana lento y las mismas historias nunca son idénticas. Los habitués cuentan una y otra vez –en el bar, la piscina o el balneario– viejas leyendas que mejoran con el paso de los veranos. Si el lector gusta, al finalizar esta nota puede pasar a la contratapa y leer algunas postales. Sucede que este hotel invita a leer y a escribir. Sobre papel, arena mojada o aire. Un fin de semana en el VHO y la redacción de telegramas, contratos de alquiler o publicaciones en redes sociales mejora con notoriedad. Allí Bioy Casares y Silvina Ocampo escribieron a cuatro manos Los que aman odian, thriller poético con furiosas tormentas de arena, famosas por sepultar el hotel cuando los médanos no habían sido domados a fuerza de tamariscos, pinos y uñas de gato. Se dice que Saint-Exupéry comenzó a escribir El Principito en la habitación 51. Se sabe que Miguel Briante escribió allí La capelina del recuerdo, que enseña el arte de la memoria y el oficio del olvido en apenas veinte líneas.

 
 
 
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A esta altura, el lector imagina una casona que lleva su centena larga con elegancia, puertas que suenan con discreción, columnas que sostienen el mito con solvencia, muros cubiertos de hiedras, cuartos tapizados de sombras, y no erra. Ninguna habitación es igual a otra. Allí, teléfonos, pantallas y ondas inalámbricas no han sido invitados y no son bienvenidos. Recovecos donde viejas máquinas para escritura tracción a sangre y daguerrotipos recuerdan al viajero por qué no eligió una torre vidriada. Durante los días en que este cronista lo habitó, los más solicitados en la biblioteca de la recepción fueron Pessoa y Borges hablando de Chesterton. Biblioteca que plumas como Forn, Fogwill o Uhart engordaron por mano propia. Una noche se proyectó la vida de Piazzolla en el club de playa. Se debatió sin sangre, aunque el documental hablara de su pasión por los tiburones. Uno de los periodistas que más sabe de la historia de los medios de comunicación fue visto mate en mano, un poeta de fuste con jarra de sangría y un psicólogo lacaniano de talla mundial a caballo de un flota-flota. Síntesis perfecta del espíritu VHO: terapeuta goza como un niño. Como en las pinturas juguetonas de Camilo Reato. Gente seria, jamás solemne. Para resumir la esencia VHO, basta un nombre y apellido: Roxana Salpeter. “Se suelta el pelo / y se la ve reinar / allí en el mar / como en el bar”. Versos del Indio Solari en Ostende Hotel que bien podrían definir a la dueña de casa. La pelirroja ejerce la hospitalidad con sabiduría, autoridad y cariño y cada temporada hechiza a nuevos apóstoles. En esta línea, el lector se pregunta si es de esos hoteles que exigen la bolsa o la vida a cambio de sus secretos.

La respuesta es no: no es low cost pero sí high value. Muy buena gastronomía sin pretensiones: honesta y sabrosa. Servicio de bar y tragos aprobado por escritores con más paladar y sed que esta firma. Se atribuye a un tal Baldassare Castiglione, un protegido de los Medici de Florencia, el concepto de sprezzatura. Puede traducirse como elegancia sin que se note la pose. El mejor suvenir del VHO es una bolsa de tela para hacer los mandados con clase. Por apenas unos pesos, el bagallo apto para recibir frutas o panes ofrece a las vecinas una cita de George Steiner: “La palabra huésped denota tanto a quién acoge como a quien es acogido. Es un término milagroso. Es ambas cosas. Aprender a ser el invitado de los demás y a dejar la casa a la que uno ha sido invitado un poco más rica, más humana, más justa, más bella que lo que uno la encontró”. Vale para que el barrio se dé una idea de la personalidad del hotel mágico y como lección de vida en general.

Datos útiles

CÓMO LLEGAR: la empresa Fonobus ofrece servicios semicama y cama ejecutivo Córdoba-Pinamar por entre $ 2.148 y $ 2.500. El precio es equivalente a un pasaje a Retiro más combinación con Plusmar o empresa similar. Un taxi desde la terminal de Pinamar hasta el hotel cuesta $ 200.

TARIFAS: desde $ 2.653 por persona en base doble para servicio de habitación con desayuno, cena y carpa en el balneario exclusivo (las habitaciones no disponen de wifi ni teléfono y se agradece). Desde $ 2.000 por persona en sistema apart. El hotel ofrece departamentos para cuatro a seis personas con servicio de desayuno y carpa. Amplios, luminosos y coquetos. El servicio de cena puede tomarse como opcional.

MÁS DATOS: la página oficial del VHO es viejohotelostende.com.ar. Se recomienda la lectura de las notas publicadas en el apartado de prensa. Además, el hotel es muy activo en las redes sociales (facebook; instagram) y tiene sus propias listas en Spotify. Cool. Muy cool.

El sistema de presupuestos y contrataciones es personalizado. El correo (info@hotelostende.com.ar) es el mejor punto de partida.

Info

Detalles

Para tener en cuenta. 

La Noche de Las Ideas. Al cierre de esta nota, el 30 y 31 de enero, el VHO fue sede por tercera vez de esta iniciativa del Institut Français d’Argentine y la Embajada de Francia. Dos lunas a puro arte, filosofía y política entre la arena, el bar, la pileta y el microcine. Agende para el próximo verano.

Santa Felicitas, ora pro nobis. La estatua de Felicitas Guerrero de Álzaga, matrona de los amores perros, es la única habitante permanente del VHO. Estos médanos fueron parte de su herencia. Su mirada atenta vigila que las copas nunca se vacíen y la conversación no se apague. Creer o reventar.

Balneario del Viejo Hotel. Brilla hasta en días de bandera roja. Duchas, carpas, reposeras, buena cocina y excelente atención. La carta incluye excelente banda de sonido, mística y vibra. Escenario ideal para aperitivo con picoteo, lecturas postergadas, libreta y birome. 

Un gran pez llamado Abraham. Salpeter padre soñó y sembró lo que su hija ofrece hoy al viajero experto o al turista desprevenido. Conversar con él es como hacerlo con Gesell o con Bunge. El patriarca se sabe un atractivo más y no escatima simpatía ni anécdotas.

Apto para todo público. Salas de juegos, cursos de cocina, literatura y dibujo con personal copado y capacitado. Los niños de cero a noventa y nueve la pasan bien y los padres pueden dar rienda a la siesta, los libros, la música y el cine; todas esas cosas aburridas.

 
 
 
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