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Ciudades

Qué hacer en Mar del Plata fuera de temporada

Sinónimo de arena y mar, la ciudad costera es una de las más bellas de Argentina. Hay que animarse a conocerla más allá del verano: con frío y al compás del viento, muestra su mejor cara.

Por Juan Manuel Pairone (Especial).

La imagen de las playas atestadas y el reporte de números de turistas en los noticieros conforman una de las ideas más recurrentes que tienen los argentinos respecto de Mar del Plata. Uno de los destinos turísticos por excelencia a nivel país es, ante todo, un balneario. Y como tal, en verano vive su momento de esplendor. Sin embargo, la ciudad no depende sólo de la temporada estival. Con una infraestructura urbana y hotelera de trascendencia, “La Feliz” es una de las áreas urbanas más pujantes del país, y por ende una opción más que interesante durante el resto del año, en particular en el invierno. ¿El secreto? El mar, sus bondades, y un espíritu propio que sólo se encuentra cuando el calor ya quedó atrás.

DATOS. Información útil para una escapada a Mar del Plata.

Las olas y el viento

Pase lo que pase, el Atlántico seguirá estando allí, en el mismo lugar. Esa es la sensación que deja la imponente vista que ofrece la costa marplatense. No es un aspecto más en la fisonomía de la ciudad, sino aquello que la convierte en un lugar como ningún otro. Desde el Club de Pesca, frente al Casino y al Hotel Provincial, el rigor del mar puede sentirse en primera persona. Si en el verano la postal se completa con hordas de turistas tratando de conseguir el mejor hueco para instalar reposeras y sombrilla, el invierno se caracteriza por la soledad que transmite el paisaje gris y el clima levemente hostil. Nunca mejor pensado: a orillas del mar también se encuentra el paraíso de los pulóveres, en plena avenida Juan B. Justo. 

Pulso urbano

Más allá del impacto de las playas desiertas y el vaivén infinito de las olas, Mar del Plata es una ciudad que alimenta las ganas de caminar, recorrer y conocer. A metros de la peatonal San Martín, los bulevares y las avenidas se expanden en todas las direcciones y la mística porteña de teatros, pizzerías y edificios se adueña del paisaje de una ciudad diseñada para albergar al doble de sus habitantes estables. Entre departamentos vacíos y avenidas con poco tránsito, el verdadero carácter marplatense aparece en chalets y casas con un estilo arquitectónico que no deja de impresionar. Muchas de esas construcciones se han convertido en bares y restaurantes que hacen gala de los sabores propios del destino: los frutos de mar (generalmente rebozados, con las rabas como primera opción por unos $ 120) y la cerveza artesanal (pintas desde $ 50), cuya capital nacional debería ser Mar del Plata.

La costa y más allá

Siguiendo el curso de la costanera desde La Rambla hacia el sur, las postales marplatenses no dejan de asombrar por su elegancia y su conexión con el entorno. Se pueden recorrer algunos de los hitos históricos de “La Feliz”, como el coqueto Torreón del Monje, la reserva natural del puerto (con su idiosincrasia y sus clásicos gastronómicos) y el balneario Punta Mogotes. Un poco más allá, el Bosque Peralta Ramos se lleva toda la atención de los viajeros que llegan hasta allí sin saber que la ciudad cuenta con uno de los espacios verdes más bellos de toda la provincia de Buenos Aires. 

Mar del Plata es única en su especie. Cuando se la conoce desde adentro, de seguro sorprende. Y las ganas de volver empiezan a multiplicarse con sólo repasar el recuerdo de su arquitectura, su carácter metropolitano y su riqueza de paisajes estimulantes.

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