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Argentina

Puerto Deseado: llegaron los reyes de las olas

La única colonia de pingüinos penacho amarillo de América ya llegó a las costas de Puerto Deseado, en el nordeste de la provincia de Santa Cruz, lugar que, desde que cautivó a Charles Darwin en 1883, es un paraíso exclusivo para fanáticos de la naturaleza.

Por Sandra Bonetto, Especial.

Puerto Deseado es una localidad portuaria conectada con el océano Atlántico a través de una magnífica ría de 40 kilómetros, y el único lugar del continente americano donde se reproducen los simpáticos pingüinos de penacho amarillo.

Llegó la primavera a Puerto Deseado con cerca de 30 mil pingüinos de penacho amarillo que vuelven de su migración desde la Antártida y convierten a ese puerto en el único lugar del continente donde los turistas pueden acercarse y disfrutar de los simpáticos ejemplares de la fauna.

La espera de ese acontecimiento y su singularidad tiene su merecido porque la isla Pingüino es la única colonia de esta especie en territorio continental, ya que las demás se encuentran en las islas sub antárticas y en las Malvinas (inaccesibles para el público en general). Según los expertos en el tema, los tres grandes grupos donde se encuentran esos ejemplares –cuyo nombre científico es eudyptes chrysocome– están en Argentina, otro al sur de Nueva Zelanda y el tercero en el océano Índico, con una población mundial apenas superior a tres millones.

Sin duda es un espectáculo que encubre la fragilidad y la maravilla de la naturaleza, que trae alegría al pueblo y a los turistas de todo el mundo que llegan entre septiembre y abril especialmente para vislumbrar esa explosión de vida en el mar y en la ría de un color turquesa sin igual.

Los pingüinos penacho amarillo tienen su marca registrada: cejas de plumas de color amarillo intenso que protegen a un par de ojos de un rojo profundo. Sin duda alguna, fueron ellos los inspiradores de los alocados surfers de la película Reyes de las olas.

El nido de esa especie queda en la isla Pingüino, a 11 millas náuticas (poco más de 20 kilómetros) de navegación de Puerto Deseado, la “bahía de los trabajos forzosos” como lo denominó Hernando de Magallanes en 1520.

Perpetuar la especie 

La isla presenta una superficie escarpada, entre sectores de rocas y llanos, y en ese relieve complicado que se suma a la irregularidad de sus costas llegan esas aves pequeñas que no superan los 55 centímetros y los tres kilos y medio de peso, para la temporada de reproducción.

Las parejas se refugian en esas grietas y se turnan para empollar así se alternan para alimentarse de sus platos preferidos: krill, calamar, pulpos, pescados, moluscos, plancton y crustáceos. La nidada consiste en dos huevos, de los cuales el primero suele ser más pequeño que el segundo y por un extraño mecanismo de la naturaleza generalmente desaparece, aunque en casos extraordinarios ambos llegan al final de la incubación. Pero en la mayoría de los casos sólo uno sobrevive.

Para llegar a este lugar de playas rocosas sólo es necesario tener un espíritu de aventura digno de los viajes y exploraciones descriptos por Julio Verne y la guía de un buen conocedor del lugar.

De naturaleza virgen, con corrientes de agua que van y vienen caprichosamente, desembarcar ahí es también toda una aventura, para lo cual hay que conocer los momentos de marea más propicios y estar dispuestos a saltar sobre las piedras en el momento adecuado. Luego de superadas las primeras pruebas físicas, una pequeña planicie brinda la oportunidad de descansar y disfrutar del paisaje.

A lo lejos, se ve un viejo faro que imprime al escenario un aura misteriosa junto a la inconfundible silueta de los pingüinos de Magallanes, primos cercanos de los penacho amarillo.

Los miradores de Darwin

El paseo que recorre los lugares por donde pasó el naturalista inglés Charles Darwin a bordo del Beagle es otra de las maravillas que ofrece el lugar.

El turista puede pararse en el mismo punto donde el artista de la expedición retrató su paisaje y donde el mismo Darwin escribió su célebre frase: “No creo haber visto jamás un lugar más alejado del resto del mundo que esta grieta de rocas en medio de la inmensa llanura”.

Todo se mantiene exactamente igual a como era entonces. El río Deseado dejó la huella de su magnitud en tiempos remotos y se lo navega en gomones semirrígidos por el cañón.

Luego se hace un trekking hasta los miradores que describió Darwin en su diario. Se puede llegar a los miradores por el agua, en una excursión náutica de siete horas en total, o por tierra, en cuatro horas, ida y vuelta. 

En tierra firme

Las bellezas naturales cercanas se complementan con la variedad de recorridos peatonales en la ciudad, para observar las particularidades de la arquitectura y conocer parte de la nutrida historia.

Estas caminatas requieren entre dos y tres horas de tiempo e incluyen las visitas al Vagón Histórico (1898), utilizado como coche reservado del ferrocarril comarcal; el Museo Padre Beauvoir; el primitivo muelle de 1911; el Centro Histórico, donde estuvo emplazada la fortaleza de San Carlos, y el edificio de la ex estación ferroviaria.

Herencia ancestral

El pueblo tehuelche supo hacer de estas inhóspitas estepas su lugar en el mundo. Dueño y señor originario de la meseta santacruceña, el tehuelche dejó una herencia invaluable de arte lítico.

Hoy se pueden recorrer estancias tradicionales donde, además de disfrutar del que probablemente sea el mejor cordero del mundo, las muestras de herramientas tehuelches originales, muy preciadas por su calidad superlativa. Flechas, hachas, arpones, boleadoras, y raspadores son algunas de las piezas que siguen despertando interrogantes acerca de cómo fueron creadas.

Hace casi un siglo

La historia nos cuenta los hechos de la conocida huelga general de 1921.

Puerto Deseado, junto a Río Gallegos y Puerto San Julián, fueron uno de los escenarios donde los trabajadores anarquistas de la lana, organizados bajo la Fora (Federación Obrera Regional Argentina), protagonizaron esa rebelión, llamada “Patagonia trágica”.

Ocurrida en pleno gobierno de Hipólito Yrigoyen la huelga fue desatada, entre otras razones, por la desocupación originada en la baja de la venta de la lana luego de terminada la Primera Guerra Mundial.

Estos sucesos lamentables y de grandes consecuencias para la historia argentina y para la provincia de Santa Cruz en particular inspiraron la novela histórica escrita por Osvaldo Bayer en la que luego se basó el director de cine Héctor Olivera para la película La Patagonia rebelde dirigió en 1974.

El filme fue protagonizado por Héctor Alterio, Luis Brandoni, Federico Luppi y Pepe Soriano, entre otros también destacados actores.

Lo que hay que saber

Cómo llegar. En avión: hay vuelos directos a Comodoro Rivadavia, desde Buenos Aires y luego en ómnibus cubrir los 300 kilómetros restantes. También hay un vuelo local operado por Lade (consultar frecuencias).

Clima. Temperaturas medias: anual: 9,8 grados; media máxima en enero 28 grados; media mínima en julio, dos grados bajo cero. Vientos predominantes: del sur y sudoeste. Precipitaciones: media anual 202 milímetros. Nieblas: 18 días/año, en general en invierno.

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