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Escapadas

Por verdes caminos: montañas, microclima y ríos paradisíacos en Catamarca

Cerca de la capital provincial, se puede disfrutar del sosiego de pueblos serranos, con turismo ecológico, arqueológico y de aventura.

Por Juan Manuel Mannarino (Especial).

Tan sólo hay que salir de San Fernando del Valle hacia el cordón verde para sentir ese aire fresco que llega desde las montañas, entrando en la ruta provincial 4 con cuesta incluida. Para un visitante ocasional, es posible sorprenderse con la atmósfera selvática que semeja a la yunga salteña. El sentido común sigue encasillando a Catamarca como una región desértica, algo atribuible a zonas como el oeste. Nada más lejos de la realidad a la hora de hablar de su diversidad geográfica e histórica.

Por eso es que la “Catamarca Verde” se revela como un pequeño oasis a lo largo del Ambato, donde se siente 10 grados menos de temperatura que en la ciudad, un alivio nada menor para el calor del verano. 

Uno de los primeros destinos que aparecen es el dique Las Pirquitas “Fray Mamerto Esquiú”, el más grande de la provincia. Construido con el sistema ancestral de pirca, se encuentra un lago artificial de siete kilómetros, donde hay un camping con asaderas y la posibilidad de realizar excursiones náuticas y pescar truchas y pejerreyes con una vista extraordinaria.

Siguiendo por el silencio encantador del camino encumbrado está el pueblo Isla Larga, ideal para el senderismo de aventura -donde es posible hallar pozones de agua en altura-, a casi mil metros y con una variedad de colores en la montaña. Su centro neurálgico es el caudaloso Río del Valle, el balneario más atractivo de la zona. A pocos kilómetros aparece La Puerta, con su iglesia colonial y calzadas de mountain bike, otro imán junto a espectáculos autóctonos como el Festival de la Guitarra.

Entre zambas, chamamés y tradiciones como el caballo peruano de paso, en Las Juntas, nombre derivado por la confluencia de los ríos Las Trancas y La Salvia, se siente un sosiego de flora y fauna, otro estupendo sitio para trekking, pesca de truchas y cabalgatas. Paradigma del membrillo orgánico es un edén ecológico y una de las visitas principales es el paseo de “La Silleta”, un sinuoso recorrido a 1.500 metros de altura y por suelos de tierra arcillosa. Allí surge, casi de improviso, el más bello paisaje de montaña con el canto de pájaros y un campo de margaritas, escena natural que parece durar eternamente en la sensibilidad. 

En el pueblo también se puede visitar el balneario Pozo de los Curas, donde se forman toboganes de aguas cristalinas entre las rocas, recomendable para hacer picnic o simplemente ir a tomar unos mates a la orilla del río.

Puntos emblemáticos

La ruta de la “Catamarca Verde” se completa con dos puntos emblemáticos del turismo: la villa El Rodeo y Aconquija. En el primero se expresa una oferta nocturna más a tono con los jóvenes, equipada con bares, paseos rurales y prácticas de enduro, aunque no todo termina allí: su serie de iglesias, junto al Cristo Redentor y el exigente Cerro Manchao, a 4.450 metros, un ascenso que lleva cinco días, agregan una biodiversidad con una amplia oferta tanto para el descanso como para la escalada.

Catamarca es tan católica como notablemente arqueológica, y los rastros de los pueblos antiguos siguen vivos. Como ocurre con el vistoso sitio de El Pucará de Aconquija, escondido entre los cerros. Declarado como Patrimonio Cultural de la Humanidad, al cual se accede por un senderismo de nivel medio y con guía, es una gran fortaleza de piedra del imperio incaico en el cual se conectaban varios centros de producción, administrativos y ceremoniales. Estar allí, entre caballos salvajes, yuyos y plantas medicinales, es toparse con la tecnología más avanzada en tiempos remotos, una sensación histórica similar al Shincal, en Belén.

Aconquija es otro pueblo idílico, con microclima y balnearios naturales, un planetario municipal en la punta del cerro y una fauna que incluye guanacos y perdices, donde se combina el esplendor del valle catamarqueño con la belleza panorámica de sus cumbres nevadas. Una naturaleza que no sufre el ruido ambiental, silvestre y ancestral, a la espera de nuevas revelaciones.

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