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Península Valdés: mucho más que ballenas

La costa del Chubut, con su paisaje único de acantilado y restinga, es el hogar de varias especies de cetáceos que seguirán allí para cuando vuelvan los viajeros.

Por Silvina Pini (Especial).

La costa de la provincia de Chubut presenta un accidente geográfico único: acantilados y restinga, producto de una pronunciada diferencia entre la pleamar y la bajamar que deja al descubierto lenguas de arena y piedra arcillosa apenas cubiertas por el agua. Puerto Madryn, recostada sobre el Golfo Nuevo, es la ciudad cabecera de la Península Valdés, donde se aprecia este paisaje, interrumpido por algunas playas, como la del centro de la ciudad. Esta playa, bordeada por una rambla de casi cinco kilómetros, une el puerto de cruceros con el Ecocentro, un museo para entender la relación entre la vida y el mar. 

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Cerca del puerto está el Monumento a los Colonos Galeses, una mujer de espalda al mar que mira a la tierra que la recibe; y sobre la punta que cierra la bahía, el Monumento al Indio Tehuelche da la espalda a la tierra y mira al mar. Estas dos figuras representan la convivencia pacífica y colaboración mutua que tuvieron los colonos y los pueblos originarios. Una vista panorámica de los acantilados se aprecia desde el Cerro Avanzado, sobre todo al atardecer, cuando los rayos pegan en la restinga que muestran áreas verdes cubiertas de algas.

La Península Valdés, 349.862 hectáreas declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1999, está unida al continente por el istmo Ameghino, de cinco kilómetros de ancho, flanqueado por el Golfo Nuevo a la derecha y el Golfo San José a la izquierda. Sobre el Golfo Nuevo, a 94 kilómetros de Puerto Madryn, se ubica Puerto Pirámides, pequeño pueblo de apenas 500 habitantes. Su única playa está encerrada por acantilados de declive amable que exhiben, incrustados en la piedra arcillosa, innumerables fósiles y caracolas petrificadas de millones de años. 

La costa de la provincia de Chubut presenta un accidente geográfico único, con acantilados y restinga. (Mario Cherrutti)

Imponente fauna

En las playas de la península descansan lobos y elefantes marinos. (Mario Cherrutti)

Entre junio y diciembre se pasea por sus costas la estrella de la región, la ballena franca austral, un coloso del mar que puede medir hasta 15 metros y pesar 40 toneladas. Viene en busca de aguas más cálidas para aparearse. La región es el principal punto de avistamiento del mundo de este espécimen de ballena, Eubalaena australis, declarada Monumento Natural en 1984. Sin embargo, no es la única visitante de estas costas: pingüinos, elefantes marinos, orcas y delfines tienen su temporada de llegada y partida, mientras que toninas y lobos marinos son habitantes permanentes.

Septiembre es el mes en que llegan los pingüinos de Magallanes. La Estancia San Lorenzo, a 80 kilómetros de Puerto Pirámides hacia Punta Norte, alberga la pingüinera más grande del continente: 800 mil ejemplares. Cada año llegan las parejas a cavar su nido próximo al mar, en el suelo o bajo un arbusto, y a veces reacondicionan una cueva preexistente. Los pingüinos son monógamos y pasan toda su vida con la misma pareja. 

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Para octubre, la hembra ya puso dos huevos que serán empollados durante 42 días por ambos padres, que se turnarán para alimentarse en el mar. Los pichones nacen en diciembre y son alimentados por ambos padres que suelen nadar kilómetros hasta los bancos de anchoas. Pueden tardar más de un día en regresar. A veces, los pichones se acercan a otros nidos y aguardan en lo que los biólogos llaman guarderías. Los padres trabajan arduamente en la alimentación de los pichones hasta que están listos para sobrevivir por sí mismos y, en abril, abandonan el nido.

Muy cerca de la Estancia San Lorenzo está la lobería Punta Norte, donde hay una importante colonia de lobos de un pelo. Algunos machos miden más de dos metros y llegan a pesar 300 kilos. También hay elefantes marinos que pueden pesar hasta 400 kilos y medir casi cinco metros. Solo los machos jóvenes y adultos tienen una trompa inflable, llamada “proboscis”, que les da el nombre. 

El espectáculo impresionante en Punta Norte lo dan las orcas que, si bien habitan la zona todo el año, patrullan la orilla en grupo entre diciembre y enero, época en la que nacen los lobitos marinos, su bocado preferido de 15 kilos. Saltan donde los lobitos se animan a hacer sus primeros baños y quedan prácticamente varadas para llevarse su presa y volver al mar con la ola siguiente.

Más allá del mar

Si bien la reina de esta reserva es la ballena, en tierra también hay una rica fauna para observar. (Mario Cherrutti).

Los atractivos de Valdés no se agotan en el agua. En tierra, entre su vegetación achaparrada característica de la estepa, con sus arbustos de quilimbay, piquillín, molle y coirón duro, habitan manadas de guanacos, choiques (avestruces patagónicos), maras (variedad de liebres), armadillos y zorros que conviven con el ganado lanar. 

En la costa este de la península está la Caleta Valdés, un paisaje irreal formado por una larga lonja de tierra de 32 kilómetros de largo que corre paralela al continente. El agua de mar entra por una boca al sur y es el hogar de una importante colonia de pingüinos y elefantes marinos que llegan a reproducirse y mudar la piel.

El cielo también tiene sus habitantes: loicas de pechito rojo y jotes sobrevuelan la tierra, mientras que en la Isla de los Pájaros habitan cormoranes, biguás, gaviotas, garzas y patos entre otros.

Así es como, ajena a las vicisitudes humanas, la naturaleza en Valdés sigue su ritmo. Ya llegará el momento de volver a disfrutarla.

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Datos útiles

Se puede observar pingüinos desde septiembre a abril en Punta Tombo, Punta Ninfas y Península Valdés. (Mario Cherrutti)

Un trecho. Unos 1.383 kilómetros separan a Córdoba capital de Puerto Madryn.

Más información. www.argentinavision.com; www.chubutpatagonia.gob.ar; peninsulavaldes.org.ar; www.ecocentro.org.ar.

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