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Escapadas

Los Saltos del Moconá, un espectáculo único en el mundo

Como un gran catálogo natural, el centro-este de Misiones, en las márgenes del río Uruguay, ofrece tupidas selvas, gran variedad de flora y fauna y los imperdibles saltos.

Por Mario Rodriguez (Especial).

Posadas nos recibe con su habitual humedad y ascenso de temperatura. Desde la capital misionera, 250 kilómetros nos separan de nuestro destino: la ciudad de El Soberbio. También se puede llegar allí a través del vuelo directo Córdoba-Puerto Iguazú, completando el recorrido por ruta durante aproximadamente 290 kilómetros.

Seis kilómetros después de pasar El Soberbio y los habituales bancos de niebla de la zona al atardecer –se recomienda llegar antes de las 18–, abandonamos la ruta para recorrer los 700 metros del angosto camino que conduce a El Soberbio Lodge.

Junto con tortas fritas y chipá calientes, el desayuno trae buenas noticias: los saltos ofrecen una altura considerable para ser visitados. Es que hay épocas en las que, debido al importante caudal del río Uruguay, prácticamente desaparecen.

DATOS. Información útil para conocer los Saltos de Moconá.

De nuevo en la ruta, camino al Parque Provincial Moconá, los 60 kilómetros por recorrer son un paseo en sí mismo. La tierra colorada resalta las multicolores casitas de madera de los colonos de la zona, y los carros tirados por bueyes al costado del camino se suman al paisaje. Más adelante, varios miradores con infinitas vistas a la selva y los ríos invitan a tomar foto tras foto. En este lugar, la banda de sonido se comparte entre el silencio absoluto y el variado canto de las aves. 

El parque, con una superficie cercana a las mil hectáreas, se integra a la Reserva de la Biósfera Yabotí (tortuga, en guaraní), área natural protegida que ocupa unas 250 mil hectáreas, según comenta el guía del centro de interpretación.

La ansiedad nos empieza a ganar: el embarcadero nos espera.

El que todo lo traga

Moconá significa, traducido del guaraní, “el que todo lo traga”. Los saltos son cataratas de hasta 14 metros (dependiendo del caudal del río), que durante tres kilómetros interrumpen el curso del río Uruguay. La característica que los hacen únicos en el mundo es que se forman debido a una falla geológica paralela al río, a diferencia de, por ejemplo, las Cataratas del Iguazú, que son perpendiculares al cauce y alcanzan profundidades de hasta 140 metros.

Nos dirigimos al embarcadero. En esta zona, el río Uruguay se hace más angosto. La costa opuesta pertenece a Brasil, que no necesita embarcarse para poder ver los saltos ya que los tiene de frente. El país vecino cuenta también con una reserva natural protegida denominada Parque Estadual do Turvo, y a los saltos los llama Saltos do Yucumá.

Armados con gordos chalecos, abordamos uno de los gomones e iniciamos el recorrido, que tiene aproximadamente 1.600 metros navegables. Si bien resulta bastante tranquilo al principio –a nuestra izquierda, la pared vertical de piedra deja escurrir tímidos chorros–, a medida que avanzamos se forma una cortina casi continua de líquido, y el poder del agua se evidencia en estruendo y espuma. Por momentos, el spray dificulta la visión y todo lo moja. El piloto se suma al juego; se acerca más a la pared y la ducha se hace efectiva. La experiencia es por demás impactante y divertida. Saludamos a la gente del gomón vecino, gritamos, levantamos los brazos; volvemos a ser chicos durante los veinte minutos que dura el paseo.

Por los senderos

De regreso a El Soberbio Lodge, y con el espíritu aventurero ya despierto, iniciamos el recorrido de siete kilómetros de senderos de variada dificultad que ofrece el lugar. A través del tupido bosque nativo, observamos algunas aves hasta llegar a los inmensos campos de citronella, poderoso repelente natural que permite disfrutar la estadía sin mosquitos. Un poco más allá, fluye el omnipresente río Uruguay.

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