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Escapadas

La Quebrada de Humahuaca, color andino

La Quebrada de Humahuaca, al noroeste de nuestro país, es una región que celebra como pocas. En este rincón de Jujuy se come rico y los pueblos abren paso a paisajes de ensueño.

Por Guido Piotrkowski (Especial).

Procesiones. Ritos y costumbres. La Pachamama y el carnaval. Cerros deslumbrantes, pueblos apacibles, cementerios de colores. Empanadas. Locro, humitas y tamales. Queso de cabra y papines andinos, carne de llama y de cordero. Quinoa. Purmamarca, Tilcara y Maimará. Humahuaca, Tumbaya y Volcán. 

La Quebrada de Humahuaca es un tajo en la tierra, un surco entre los cerros en cuyas laderas se alzan pueblitos encantadores donde perduran tradiciones ancestrales. Es uno de los rincones que más celebra en Argentina. Aquí se rinde culto a la tierra en vistosas fiestas populares: desde el enero tilcareño -un festival de música folclórica- hasta los carnavales, la procesión al Abra de Punta Corral en Semana Santa, la Fiesta de la Pachamama en agosto y el Día de los Muertos en noviembre.

DATOS ÚTILES. Información útil para una escapada a La Quebrada de Humahuaca.

Esta región del norte argentino, ubicada a 2.500 metros de altura, es Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco desde el año 2001. Atrae al viajero con su geografía de naturaleza indómita, que se vislumbra en cerros labrados por la erosión y pintados por la fuerza de los minerales, en su exquisita gastronomía regional, en sus pobladores, de paso cansino y cosmovisión ancestral. 

De pueblo en pueblo

Volcán es el primer poblado al que se accede viniendo desde la ciudad de San Salvador de Jujuy por la ruta 9. Se trata de un pequeño paraje de mil habitantes considerado el “pórtico de entrada” a la Quebrada de Humahuaca. Por acá se encuentra la Feria Campesina de Quebrada y Puna, donde los lugareños exhiben sus artesanías en cuero, madera, tejidos, telares y alfarería. 

Pocos kilómetros después aparece Tumbaya, un sitio en el que vale la pena detenerse para visitar su iglesia, que conserva pinturas de la escuela cuzqueña y piezas de orfebrería. Más adelante, un colorido cementerio de la ruta indica la entrada a Maimará. Este es uno de los camposantos más llamativos de la región, con bóvedas que rebalsan de ofrendas y flores naturales que “duran toda una muerte”, sujetas a un proceso de disecación natural que siempre las hace ver como si fueran nuevas. Desde aquí, se obtiene una gran panorámica de la Paleta del Pintor, una de las clásicas formaciones de cerros multicolores que abundan en la región. 

El arte de los minerales

En Purmamarca despunta el célebre Cerro de los Siete Colores, la postal humahuaqueña, otro cerro que le debe su llamativa tonalidad a los minerales que abundan en sus entrañas. En “Purma”, la vida gira en torno de la plaza, sus puestos de artesanías y la iglesia Santa Rosa de Lima, Monumento Histórico Nacional. Alejarse una cuadra es encontrarse con el más absoluto silencio, como el que impera en el Paseo de los Colorados, un circuito de montañas de tinte rojizo y geoformas, que se puede disfrutar en auto, en bicicleta, caminando o a caballo. 

Tilcara está en la mitad del recorrido quebradeño. Es un buen sitio para hacer base. Tiene varios museos y un sitio arqueológico como el Pucará, antigua fortaleza que albergaba viviendas, corrales y santuarios. Por acá también se puede caminar y disfrutar de la caída de agua de la Garganta del Diablo, u optar por un paseo con llamas en los alrededores y más allá. 

La última parada es Humahuaca, el poblado más grande de la zona. Las callejuelas del centro están llenas de restaurantes con delicias locales y tiendas que venden recuerdos. En la plaza principal, frente a la iglesia, se encuentra el Monumento a los Héroes de la Independencia, un icono de la región. Y a 25 kilómetros, por un sinuoso y angosto camino de ripio, se llega a las Serranías del Hornocal, el más colorido, espectacular e indómito de todos los cerros de esta porción majestuosa del norte argentino.

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