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El humedal santafesino Jaaukanigás, cuna del ecoturismo

Lo imposible ya no parece tan imposible. Los documentales nos muestran tantos lugares hermosos y tan lejanos. Sin embargo, en Santa Fe, el humedal Jaaukanigás te sorprenderá.

Por Miguel Cabrera (Especial).

Nuestro país es poseedor de una riqueza turística todavía no dimensionada por quienes vivimos en él. Regiones donde lo natural sorprende y deslumbra de la manera más pura. Lugares insuperables que a gritos piden ser recorridos. Espacios donde se encuentran experiencias únicas, que enlazan con nuestro interior profundo.

En el nordeste de la provincia de Santa Fe, más precisamente en el departamento de General Obligado, se haya uno de esos tesoros. Se trata del Ramsar Jaaukanigás, un humedal formado por el río Paraná, sus brazos, riachos, lagunas, esteros, bañados y madrejones.

El humedal propone sorprendernos, en sus casi 500 mil hectáreas, con la observación de aves, yacarés y monos para vivir a pleno la vida ribereña. Jaaukanigás era el nombre que recibía la etnia Abipón que habitaba en las márgenes de los ríos del litoral argentino. En su lengua significa “gente del agua” y de ellos hoy en día sólo queda el recuerdo de sus nombres.

El paisaje se caracteriza por una amplia planicie de inundación, parte del valle aluvial del Paraná, que comprende el bioma llamado Delta e Islas del Paraná. Su biodiversidad es maravillosamente rica, con una flora compuesta por casi 900 especies como sangre de drago, granadillo, timbó blanco, palo jabón, sauce, aliso, palma blanca, algarrobo negro y quebracho colorado, además de los infaltables camalotales y carrizales. Su fauna incluye 250 especies de peces, la delicia de los pescadores deportivos. Allí se puede pescar sábalo, surubí, dorado, pacú y paty. También existen 36 especies de anfibios y 46 de reptiles que incluyen cascabel, yarará, yacaré overo y negro, las tortugas de agua y la gran anaconda amarilla.

Paraná: una experiencia distinta 

También residen esa esa zona ideal para el ecoturismo 68 especies de mamíferos, entre los que se destaca el roedor más grande del mundo, el carpincho. Junto a él hay nutrias, lobitos de río, aguará guazú y monos aulladores. Para coronar tanta diversidad hay registradas más de 300 especies de aves que hacen de este humedal el más diverso y rico del país.

Un mundo de sensaciones

En la región existen cuatro cooperativas de pescadores artesanales que ofrecen opciones de ecoturismo. También de gastronomía regional, como el pacú a las brasas.

A modo de triatlón, saliendo de la Villa San Vicente, se realiza un circuito que combina senderismo, cabalgata y navegación por uno de los canales, el denominado Ñatiú. Esta travesía incluye un desayuno en medio de un bosque de sauces que marcará un antes y un después en quien lo disfruta.

Triatlón. Senderismo, cabalgata y navegación por el humedal. (Secretaría de Turismo de Santa Fe)

Se parte bien temprano para aprovechar la fresca, como dicen los lugareños. A lomo de caballo se transita por sendas marcadas. La experiencia de sentir cómo los olores del humedal penetran en la mente del visitante, no tiene un adjetivo creado. Excelente, agradable, exquisito, placentero, delicioso, encantador o espléndido no son suficientes.

Con un andar lento, se discurre por bosques donde las hojas acarician al jinete. En el mientras tanto, el baqueano que guía la fila india relata alguna anécdota cargada de magia litoraleña. Como la de esa joven abipón que se enamoró de un soldado que llegó junto con los primeros conquistadores. Cuando el español dejó el lugar, la muchacha fue a despedirlo hasta la orilla del río. Al llegar al lugar donde estaba amarrada la nave, sólo vio a la embarcación perdiéndose devorada por la selva. Mucho lloró la mujer, más aún porque sabía que, como fruto de sus amores, no tardaría en ser madre. Todas las mañanas y atardeceres esperaba en el río el retorno de su amado. Desesperada, imploró a Tupá, dios del agua, que la ayudara con su triste situación. Apiadado este, la convirtió en la planta de camalote que constantemente baja del alto de los ríos surcando todos los cauces en busca del ser amado.

Rosario: nuevo circuito turístico 

La caravana hace un alto en un descampado. Allí, el pan de campo con olor a horno de barro espera junto a unas tortas fritas y chipá, un pancito de harina de mandioca y queso. El mate cocido humea en la olla. Sucede entonces ese instante en el que el visitante reflexiona sobre su vida cotidiana y descubre que se puede vivir a un ritmo menos fagocitador de placeres que el de la gran ciudad.

Luego se inicia una caminata por senderos angostos donde el sonido del mono aullador invade todos los espacios. A pesar de ser un primate de apenas siete kilos, similar a un perro pequeño, el aullido que produce con su garganta alcanza una frecuencia similar al de un yaguareté, lo que lo hace parecer más grande de lo que es. Ese imponente coro de bramidos, por más imaginación que se eche a volar, no es siquiera comparable a la vibrante experiencia de estar ahí.

En una parte del recorrido, los monos aulladores aparecen entre los árboles para observar a los visitantes. (Secretaría de Turismo de Santa Fe)

Al final del sendero, una lancha pequeña reposa sobre el calmado canal Ñatiú. El circuito es ideal para fotografiar especies que de otra manera no se podrían observar. El guía recomienda que el mejor recuerdo es el que se lleva en la retina. Y así es. Por momentos, el cauce de agua amarronada se hace angosto. Es la oportunidad para ver de cerca a los monos aulladores, un instante en el que las miradas del observador y el observado reflejan la misma expresión de asombro.

Visita en flor

Si el viaje al humedal se realiza de diciembre a mayo, se puede alcanzar a ver la hermosa flor del irupé, que en lengua guaraní significa “plato de agua”, aludiendo así a la forma de sus hojas.

También abundan los carpinchos que asoman curiosamente sus cabezas y se dejan bambolear por el surco que deja en el agua el vehículo de transporte.

Donde el canal se ensancha, cercano a la orilla, ojos de yacaré contemplan al visitante. El lanchero desacelera y el silencio envuelve a la comitiva. Un momento eterno de contemplación al paisaje circundante que hechiza a cualquiera.

Independientemente de sus intereses, el humedal de Jaaukanigás ofrece a los viajeros una variedad de experiencias únicas. Sin dudas, no deja de ser una de esas ocasiones ideales para reservar las vacaciones y comenzar una historia de amor con la naturaleza, desde un lado diferente de Santa Fe.

Pesca, una de las actividades para realizar en la naturaleza más pura. (Secretaría de Turismo de Santa Fe)

Datos útiles

CÓMO LLEGAR. El humedal de Jaaukanigás se encuentra a 775 km de la capital de Córdoba. Se sale por la ruta 19 para empalmar, en Santa Fe, con la ruta nacional 11 hasta llegar a Villa Ocampo. Hay líneas de colectivo que cubren el trayecto desde Córdoba en 11 horas.

DÓNDE ALOJARSE. Villa Ocampo, Cooperativa de Ecoturismo Portal del Humedal. Cabañas, hostel, camping. Piscina, paseos en bote, kayak, senderismo, cabalgatas. Tour de pesca y avistajes. Teléfonos: 03482-525893/683289. Cooperativa El Pirá Tuchá. Pesca guiada, observación de aves, paseos en lancha. Teléfonos: 03482-469062/467836.

GASTRONOMÍA. En Puerto de Reconquista, Cooperativa Irupe: gastronomía regional en base al pescado de río. Cooperativa Sabor al Natural, a base de pescado de río, frutas y vegetales de la región. Teléfono: 03482-530548. La empanada de pescado es considerado el plato típico de la ciudad.

FESTIVIDADES. En febrero, se realiza la Fiesta Nacional de los Humedades.

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