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Argentina

Hábitat del cóndor andino

Es curioso ver tan de cerca a una pareja de cóndores, enormes y que casi como un humano pueden vivir 70 años.

Por Redacción LAVOZ.

A  unos mil metros en la ladera de la montaña, aguarda una pareja de cóndores dentro de un habitáculo que los protege. Ambos sufrieron heridas que les provocaron diferentes incapacidades, en especial para volar y una vez cuidados y recuperados, hasta lograron tener pichones.

Es curioso ver tan de cerca a una pareja de cóndores, enormes y que casi como un humano pueden vivir 70 años.

Este ave, el más grande que existe, es honrado desde tiempo inmemorial por las distintos pueblos andinos. Y estremece saber que su mayor depredador es el hombre “civilizado”. 

Imponente

Con las alas extendidas puede alcanzar unos 3,50 metros de envergadura y de altura alcanza 1,20 metros. En sus vuelos diarios pueden llegar a cubrir un radio de entre 100 y 200 kilómetros.

En el valle contenido por montañas, los caballos esperan por los jinetes.

Atacado desde la llegada de los españoles a suelo americano que tenían la falsa creencia de que los cóndores atacaban al ganado, sus poblaciones han sido diezmadas. Por esta razón, es tan exclusivo acceder a un sitio que alberga una condorera. En el caso de la Sierra de Los Quinteros, estrena pasarela. 

En los últimos meses, desde el área de Turismo que conduce, Álvaro Del Pino lograron instalar un deck proporcionado al lugar, que permite descansar y aguardar que los cóndores sobre vuelen a los extraños. 

Es que uno llega luego de la caminata a ritmo normal, con escaso nivel de dificultad, pero después de tres horas a paso lento, al llegar al borde del peñasco en la cima, es necesario aguardar, recuperar aire y permanecer en silencio. 

Tres pasos para tener éxito en el avistaje al que se debe sumar paciencia y respeto, condiciones básicas para andar en medio de la naturaleza. 

Así, es posible divisar en las laderas, pichones, que preanuncian las dimensiones grandes que alcanzarán pero su plumaje de ejemplar juvenil lo delatan: color marrón. 

Se observa cómo la madre lo empuja con el pico hasta el borde y le enseña a volar.

Plácida caminata por senderos con vegetación autóctona.

Y allí, si uno es espectador hay que sentirse un ganador porque se está presenciando el comportamiento de una especie silvestre, autóctona y en el marco de una naturaleza extrema. Un privilegio para los amantes del mundo natural.

El mirador natural de la sierra de Los Quinteros, en Finca Santa Cruz, permite vivir esa y otras experiencias de avistaje de cóndores.

Y por su altura y por estar en la cima de la montaña, el punto de vista deja observar al cóndor desde arriba, una imagen poco común. El lomo blanco y las alas extendidas cuando planea y aprovecha una corriente térmica que lo acerca y aleja de la montaña. Uno siente que casi puede tocarlo. Es una muestra que en el mundo, este rincón riojano está cerca del cielo.

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La Voz.