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Ernesto Sábato, su lugar en el mundo

Es inevitable que, al nombrar Santos Lugares, en el partido Tres de Febrero, se nos aparezca la figura de Ernesto Sábato. El escritor se afincó allí con su familia. Escritorio, “atelier” de pintura y musas aparecen en la vieja casona de la calle Langeri.

Por Bibiana Fulchieri (Especial).

En los paredones del Club Defensores, al frente de la casa de Ernesto Sábato, el escritor pervive en un gigantesco mural, mirando a su barrio con ojos de eternidad.

Apenas unas pocas estaciones de tren hacia el oeste separan a la Capital Federal de Santos Lugares, que pertenece al partido de Tres de Febrero. La historia nos dice que esas tierras fueron de querandíes y pampas, moradores a la vera del río Reconquista, que resistieron a Juan de Garay, allá por 1580. El territorio fue, después, adquirido en la época de la colonia por el próspero Manuel Lynch, quien arrendaba a quinteros y tamberos. El 3 de febrero de 1852 se libró en la zona la Batalla de Caseros.

Fue recién en 1906, con la llegada del Ferrocarril a Santos Lugares, que se produjo la urbanización general, más o menos como hoy se advierte, donde viven unos 40 mil habitantes.

DATOS. Información útil para visitar Santos Lugares.

 

La casa del escritor

Un cartel blanco con austeras letras azules anuncia que allí es la casa de Ernesto Sábato, dentro de una maraña de plantas rastreras, ciprés, palmera, araucaria y laurel; todo aromatizado por jazmines y magnolias. “Este jardín selvático está siempre según la voluntad de mi abuelo”, nos dice Luciana Sábato, apenas llegamos. “Él no quería ninguna poda y lo mantenemos así, aunque debimos sacar las enredaderas que se estaban comiendo las tejas del techo”, confiesa la nieta, quien también fue la arquitecta que supervisó las obras de reciclado y se ocupa de las visitas guiadas, dotando al recorrido de un contenido afectivo muy especial.

“Esta casa tiene más de 100 años y perteneció a Federico Valle, un pionero en la historia del cine argentino, quien era amigo de mi abuelo y ya le había prestado su rancho de El Pantanillo en San Javier, Córdoba”, relata Luciana mientras nos habilita el paso al living biblioteca que introduce de lleno en la intimidad del escritor. “Ernesto vivió dos años en ese lugar serrano, sin luz ni agua. Allí pintó y terminó su libro Uno y el universo, pero volvió a Buenos Aires y en 1945 alquiló por pocos pesos esta casa con su mujer, Matilde Kusminsky Richter, y su amigo Federico, instalado en el sótano de esta vivienda, que se inundó pero ya lo habilitaremos más adelante. La cuestión es que acá nacieron Mario -mi papá- y Jorge, los dos hijos. Con el tiempo, compró la casa según el dinero que fuera teniendo y jamás se mudó”, comenta la nieta.

[video:https://www.youtube.com/watch?v=UFovu4wWeRA]

Una visita guiada por Sábato

En el recibidor de la casa hay un perchero con el sombrero gris y el mítico piloto beige de Sábato: “La idea es que esta casa sea “contada” por el mismo Ernesto… acá mostramos cuando él se colocaba el impermeable. Le daba un aire misterioso y lo usaba sin necesidad de que lloviera. Cuando lo veía, con ojos de niña, me parecía muy ridículo que habiendo sol él saliera así”, acota Luciana risueña, quien de inmediato comienza a enumerar el “alma” de la biblioteca y la sala de estar. Aunque muy austero, ese espacio tiene la riqueza particular de sus 6.500 volúmenes.

“Acá están todas las traducciones hechas de El túnel y muchas del informe Nunca más. También, los ejemplares firmados por Bioy Casares, Castillo, Medina, Mujica Láinez y tantos más. Junto a los libros de Ernesto estaba la colección de mi abuela Matilde, mucha poesía y literatura francesa. Este lugar era el preferido para recibir visitas y hacer las entrevistas. Es muy bonita la vista que da al jardín de mi abuela. Se puede ver una estatua de Ceres que le regalaron y le recordaba a Parque Lezama, un escenario fundamental en Sobre héroes y tumbas. La mayoría de los cuadros son obsequios de artistas plásticos amigos”, asegura Luciana.

La casa de Sábato, el gran refugio de su vida, fue también el sitio que ocupó el escritor brasileño Jorge Amado en época de su exilio. Visitaron este lugar Juan Carlos Castagnino, Antonio Berni, Arturo Jauretche, Leopoldo Marechal y tantos otros: ex presidentes de la democracia, periodistas, artistas e intelectuales.

 

Obsesiones

“Este atelier fue agregado más tarde, cuando dejó de escribir y se dedicó exclusivamente a la pintura -relata la nieta con especial cuidado de no mencionar el verdadero motivo que lo alejó de la literatura- Aquí están sus cuadros y, si observamos bien, nos daremos cuenta de que estas obras tienen las mismas temáticas de sus libros. Las obsesiones siempre son las mismas ¿no?” Las casas son espejos y mundos. Qué duda cabe.

Espacios de creación

El recorrido por la casa de Ernesto Sábato se hace en una hora, aproximadamente. Hay varias pequeñas habitaciones con diversos objetos. “Esta vitrina contiene la colección completa de la revista Sur, de Victoria Ocampo, muy valiosa. Hay muchos discos y películas. Todo está muy prolijamente guardado porque mi abuelo decía que el orden lo calmaba y que, justamente, amaba tanto las matemáticas porque representaban el orden perfecto”, confiesa Luciana Sábato mientras muestra el escritorio donde escribía Ernesto en su Olivetti. Allí yacen sus inconfundibles anteojos de marco oscurísimo.

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