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Entre siestas y tradiciones en Santiago del Estero

Santiago del Estero desnuda su esencia a los viajeros que llegan sin prejuicios. Fuertes costumbres y nueva infraestructura conviven en la ciudad más antigua del país.

Por Pablo Bertorello.

“Mi pueblo es un cantor que canta la chacarera. No ha de cantar lo que muy dentro no sienta. Cuando lo quiera escuchar entre a mi pago sin golpear”.

El canto de Los Carabajal acompaña la tranquilidad que se hace carne en la siesta santiagueña. Un rasgo distintivo, cultural y casi innegociable. Eso hay que tenerlo en claro cuando uno se apresta a conocer Santiago del Estero.

En la tierra de encuentros, leyendas, tradiciones, folklore y bostezos de tarde hay un abanico de opciones que se fueron nutriendo en los últimos años, cuando decididamente se buscó hacer foco en el desarrollo turístico.

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Todo comienza en la plaza Libertad y sus inmediaciones. En el paseo público, renovado, confluyen los jóvenes en sus ratos libres y alrededor, en los bares, se dan cita grupos de amigos para darle rienda suelta a los debates de café y hacer arder cuantiosos oídos. Al frente se ubica la Catedral Basílica, la primera erigida en el país, que data de la segunda mitad del siglo XVI. Es de estilo neoclásico, con columnas y capiteles corintios. Allí hay que visitar la Cripta de los Obispos y los Héroes Provinciales.

A vuelo de pájaro

A menos de 100 metros del epicentro urbano se levantan las renombradas “Torres Gemelas”. Se trata del complejo Juan Felipe Ibarra, donde funcionan los ministerios de Educación y Economía, una inversión millonaria que generó polémica por la falta de servicios esenciales que todavía sufren muchos santiagueños. Desde su mirador, en el piso 24, se puede apreciar la mejor vista de la ciudad. 

Bien cerquita se posiciona el Centro Cultural del Bicentenario (antigua casa de gobierno), con sus museos, salón de exposiciones y demás. Junto con el centro de convenciones Fórum –que se asemeja a un palacio europeo– y el Tren al Desarrollo, son algunos precedentes de la apuesta a la infraestructura moderna que se viene dando hace rato.

El renovado itinerario turístico tiene otra de sus escalas insoslayables en el Parque Aguirre, el mayor pulmón verde de la ciudad, sustentado por bulevares, eucaliptos, pinos, un vivero municipal, canteros llenos de flores y un rosedal.

Pero Santiago no es sólo eso. Las ferias y mercados revelan mucho de lo que es su pueblo. En el Mercado Armonía, un tanto venido a menos, se percibe con fuerza el olor a pimentón, comino y orégano. En sus más de 1.200 metros cuadrados se puede conseguir una amplia variedad de especias, además de que su formato cooperativista es la base de los artesanos de la cestería, los tejidos en telar, los quesos artesanales, los dulces y licores de tuna, mistol y chañar, y mucho más.

En la previa de un nuevo aniversario

Mediando el año la invitación se vuelve más que interesante para los amantes del folklore y las tradiciones. Entre junio y agosto vibran las chacareras, gatos y zambas, acompañados de chipacos y tortillas calientes, y sobran las reuniones masivas que se congestionan de bombos, guitarras y zapateos.

A la clásica Marcha de los Bombos, la marea humana cargada del instrumento legüero que cada año recorre las calles con sus tres columnas en el marco del aniversario de la ciudad, hay que sumarle dos espacios que se han vuelto una cita ineludible para quienes llegan a la tierra que vio nacer a Mama Antula: el patio del Indio Froilán y Upianita.

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Desde la casa del luthier que dio talleres en Europa, en la zona norte, salen bombos que viajan por todas partes (le vendió a Shakira y al Cirque du Soleil, entre tantos). Pero él prefiere quedarse en su patio, ese que reivindica la tradición de los patios familiares provinciales, donde “todo el que llega es recibido como un hermano”, según él mismo señala. Por aquí, los domingos pasan centenares de personas y una decena de familias lo utilizan como sustento, preparando y vendiendo platos regionales, mientras por el escenario desfilan artistas que honran la costumbre a la sombra de chañares y algarrobos.

El otro lugar, dejando atrás la ciudad en sentido sur, es un baluarte de la cultura local que no hay que perderse, y no sólo por los probos que allí entregan su canto. Además, en términos sociales la apuesta es fuerte y se manifiesta en los feriantes que ocupan puestos de producciones pequeñas y artesanales. Están custodiados por el Parque Temático Mitos y Leyendas, que expone algunas obras realizadas en madera entre las que se destacan las historias míticas del Kakuy y La Telesita.

Con su música, Santiago puede ser una buena oportunidad para conectar con la gente del interior profundo, esa que tiene otra manera de ver el mundo.

Maximiliano Rodríguez (42), periodista, santiagueño

Capital del turismo slow

Las Termas de Río Hondo, a unos 70 kilómetros de la capital, es la opción ineludible para buscar relajación. En el “spa de América latina” hay buenos hoteles que brindan calma como contracara a la velocidad y adrenalina del autódromo internacional inaugurado en 2008, uno de los más completos de la región y apto para competencias de automovilismo y motociclismo de nivel internacional.

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Además de las aguas bendecidas con poderes curativos –ricas en sodio, potasio, calcio, fósforo, magnesio y oligoelementos–, hay otros atractivos como la Reserva Natural Tara Inti y en los próximos días se inaugurará una cancha de golf internacional, única en Sudamérica, diseñada por Robert Trent Jones Jr.

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