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Argentina

El Calafate: imperdible expedición a los glaciares

A bordo de una embarcación de alto nivel, le mostramos un paseo exclusivo que permite ingresar al Parque Nacional Los Glaciares y tener un contacto cercano con todo su encanto. Tres días y dos noches para disfrutar de los hielos milenarios, con El Calafate como base.

Por Adolfo Díaz*.

El agua es verde. Un verde particular. “Verde aguamarina”, dijo uno, aunque la mención no sea muy válida ya que se trata de un lago. Podríamos llamarlo verde “lago Argentino” y sería casi un nombre para catálogo de pintura. Ese verde es bien uniforme en todo el lago.

Milton, nuestro guía, nos explica que el sedimento que arrastra el glaciar a su paso, y que llaman “harina de roca”, queda en suspensión: ni flota en superficie, ni decanta en el fondo. En el juego de refracción del sol, compone este color tan particular. 

Por las plácidas aguas del lago navega nuestro barco. No siempre están tan tranquilas. Cuando el viento sopla, y eso es habitual en estas latitudes, se convierte en un mar enfurecido. Olas de hasta tres metros, dice Carlos “Coco” Turri, el capitán del Santa Cruz, barco insignia de Marpatag, una de las empresas que realiza excursiones en Calafate. Navegante del Paraná, vino a la región por un año y ya hace 12 que está: “Comí demasiados frutos de calafate y la leyenda es infalible”, explica.

Una de las cabinas del crucero, con amplio ventanal hacia el paisaje.

MIRADOR ESPECIAL. El Calafate: Puerta de entrada a los glaciares

Hoy, el día es ideal, el agua como aceite y el sol a pleno, que hace brillar los colores del otoño. Las lengas rojizas y doradas, los ñires, los verdes eternos de los coihues, forman una paleta de colores únicos, coronados por los hielos que aparecen por aquí y por allá. Coco es el responsable de que nuestro viaje sea placentero, a bordo de esta maravilla de tres cubiertas de altura, 40 metros de eslora y 10 metros de manga que, en 21 camarotes, uno de ellos una suite de lujo, puede albergar hasta 42 pasajeros. 

El servicio es tan personalizado, que la tripulación se compone de no menos de 10 personas. Camareros, cocineros, mucamas, guías y navegantes están siempre con una sonrisa atentos a todas las necesidades.

El barco fue provisto con lo último en materia de tecnología y equipamiento. Todas las cabinas con baño privado, camas Queen y grandes ventanales que permiten que el paisaje se meta en el camarote sin pedir permiso.

El viaje se inicia en Puerto Banderas, a escasos 50 km de El Calafate. A las 18 en punto parte y de inmediato se avanza por el lago Argentino hacia el noroeste. A poco de partir, los pasajeros son convocados al salón principal del tercer puente. Allí, el guía es el encargado de dar las instrucciones de seguridad y despliega sus conocimientos en una charla sobre glaciología, apoyado por un interesante video sobre el tema. 

Luego de un par de horas de navegación, se llega a una bahía a reparo de los vientos y rodeada vegetación, conocida como Bahía de las Vacas. Allí se experimenta el primer desembarco, seguido de una breve caminata al atardecer. 

En un pequeño adelanto de lo que serán las futuras excursiones, siempre bordeando la orilla del lago, se llega a la casa abandonada del último colono en habitar la bahía: Harry Hilden. Cuando vinieron los primeros colonos a la zona, hace más de 100 años, trajeron vacas para criar, pero cuando se creó el Parque Nacional, fueron obligados a retirarse y dejaron parte de su ganado.

Hoy es posible ver más de 500 ejemplares en estado salvaje, pastando en las alturas, colgados de las laderas de la montaña y resistiendo temperaturas de un par de decenas de grados bajo cero. Estos vacunos se alimentan de líquenes y los brotes de los árboles que intentan crecer, provocando preocupación en los guardaparques que abogan por extirparlos de la zona.

Uno de los rincones a descubrir de la Bahía de las Vacas, en el lago Argentino. Bordeando el agua, se llega a la casa de Harry Hilden, el último colono en vivir allí.

A las ramas mordidas de los árboles, se suman revolcaderos que parecen grandes cráteres y que muestran una clara diferencia entre los bosques vírgenes y los que habitan estas vacas salvajes.

De regreso al barco, es momento de la cena. La gastronomía dentro del Santa Cruz es cosa seria. Menú degustación de por lo menos cinco pasos, con una presentación original y muy cuidada. El cocinero a cargo, mendocino de origen, se acerca a cada mesa para contar paso por paso. Los vinos, sin cargo en las comidas, provienen de una cuidada selección de bodegas nacionales.

El barco descansa en la bahía hasta el día siguiente. De 8 a 9 se sirve el desayuno en el salón comedor. Un bufet con frutas, fiambres, cereales y pastelería, nos prepara para lo que va a venir. Una trepada en pleno bosque, entre plantas de calafate, fucsias magallánicas, canelos y árboles notofagus, tomados por llao llaos, un hongo comestible (también conocido como pan de indio) que los coloniza. 

El Santa Cruz, barco insignia de la naviera Marpatag.

Al final de la trepada, una caminata en la cima nos conduce a una de las más maravillosas vistas del canal Spegazzini y al fondo el imponente glaciar del mismo nombre. Su pared, tiene una altura de 135 metros y es la más alta de todos los glaciares del parque. Lo bautizaron así en honor al botánico Carlos Spegazzini, un estudioso de la flora local. Está alimentado por dos glaciares: el Mayo Norte y el Peineta. Además, es uno de los pocos que no presenta signos de retroceso.

De regreso al barco, llega el momento de navegar. Media hora nos separa del frente del glaciar Spegazzini. La masa de hielo celeste será ahora el telón de fondo de nuestro almuerzo. 

Finalizado el almuerzo, un corto trecho de navegación nos posiciona frente al gran glaciar Upsala. Originalmente era conocido como el glaciar del Gigante. Ver esos grandes surcos marcados en la superficie de hielo (llamados morrenas), despertó la imaginación de un inglés, que los comparó con huellas dejadas por el carro de un gigante. Pero el científico sueco Klaus Jacobson, que acompañó al Perito Moreno, lo bautizó como Upsala, el nombre de la universidad en la que estudió.

Es el de mayor superficie del Parque Los Glaciares, unos 765 kilómetros cuadrados, más grande que la ciudad de Córdoba. 

Acercarse a la pared del Upsala supone un gran riesgo. Al ser un glaciar flotante, o sea que su piso no toca el fondo, los desprendimientos se suceden en bloque, en todo el frente del glaciar, provocando olas gigantes cual tsunamis. Sólo la experiencia del capitán determina si es posible arrimarse o si conviene retirarse a toda marcha. 

Es hora de buscar refugio para pasar la noche. El lugar elegido es la Bahía Toro, un remanso del lago lleno de sorpresas. El barco se arrima a la orilla y hacemos nuestro tercer descenso. La caminata nos acerca a una cascada, producto del deshielo de un brazo de glaciar. 

Es el momento en que Milton nuestro guía, nos muestra su destreza y atrapa una enorme trucha sólo con sus brazos. Por lo resuelto y efectivo de su proceder, imaginamos que a la trucha ya la llama por su nombre y la pobre se entrega resignada a su show. 

De nuevo a bordo, cenar y relajarse en el amplio salón del tercer puente, con sus cómodos sillones y su barra de tragos.

Amanece con el cielo cubierto lo que nos hace temer por lo exitoso del último desembarco. Esta vez, abordamos un gomón Zodiac y nos alejamos hasta la zona llamada Seno Mayo. Un trekking de una hora, termina en un fantástico mirador que nos muestra el glaciar Mayo en toda su magnitud.

Desandamos el camino hasta que en medio del bosque aparece una casilla de madera, antiguo puesto de observación del Instituto Nacional de Hielos, Allí, nos esperaban con chocolate y whisky, para recuperar energías.

Nos esperaba el Santa Cruz para la frutilla del postre. Navegar por el Canal de los Témpanos y almorzar frente a la cara norte del glaciar Perito Moreno, del cual se ha dicho casi todo. Pero verlo desde el agua, una tarde de sol y con una copa de vino en la mano, es un espectáculo que el perito no pudo disfrutar. Ni siquiera conoció el glaciar que lleva su nombre.

Podés seguir explorando el lugar, acá:

Lo que hay que saber

CRUCERO. El crucero Santa Cruz Marpatag, operará esta temporada entre el 15 de septiembre de 2015 y el 16 de abril de 2016. Las tarifas en temporada baja (septiembre / octubre y de marzo a abril 2016), tres días, dos noches, cabina de luxe, base doble, desde U$S 1.430 por persona. Temporada alta, 1 de noviembre de 2015 al 28 de febrero de 2016, cabina de luxe, base doble, desde U$S 1.680 por persona.

AÉREOS. LAN vuela con una frecuencia diaria desde Córdoba a El Calafate, vía Buenos Aires. La tarifa es de $ 5.537,59 con impuestos incluidos. Más información: call center LAN 0810-9999-526 o en la página www.lan.com

ALOJAMIENTO. Posada Los Álamos 5* para este invierno: tarifa en habitación base doble, por noche, $1.165 finales. Incluye: desayuno, spa y copa de bienvenida.

TIPS DE VIAJE. Las temperaturas en El Calafate no son extremas. Lo que sí son fuertes son los vientos. Cuando soplan la sensación térmica puede ser rigurosa.

Conviene llevar ropa cómoda, que permita vestirse por capas e ir agregando o quitando de acuerdo a la variación del clima.

En el barco, la calefacción es impecable. Para la noche, se recomienda ropa cómoda y un poco más arreglada.  

Para las excursiones, ropa impermeable, zapatos para trekking, protector solar y anteojos de sol.

Las propinas no están incluidas: tampoco las bebidas fuera de las comidas. 

*Especial

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La Voz.