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Argentina

Cataratas del Iguazú: en la constelación naturaleza

En el extremo norte de la provincia de Misiones se encuentran las Cataratas del Iguazú. Protegidas en la jurisdicción de un parque nacional de 67.720 hectáreas, en la selva paranaense, de tierra roja, concentran una alucinante flora y fauna.

Por María Navajas (Especial).

Cruzan con su frenético aleteo la ruta, eluden los vehículos, se posan en la vegetación hasta que, como en cumplimiento de un genético mandato se posan una, dos, cientos de ellas, a la vera del camino y forman un tapiz de vida. Son mariposas, una presencia sutil que da la bienvenida a Iguazú.

Su presencia habla de biodiversidad y al margen de su belleza son fundamentales para la vida de la flora. Más del 80 por ciento de todas las especies en floración y más de las tres cuartas partes de los cultivos del mundo, dependen de mariposas, abejas, moscas, murciélagos, avispas, escarabajos y pájaros.

Al llegar al Aeropuerto Internacional Cataratas del Iguazú, al norte de Misiones, se ingresa a la atmósfera húmeda de la selva paranaense. Un trayecto de siete kilómetros separa del Parque Nacional donde se encuentran las cataratas, en el área natural preservada que abarca 67.720 hectáreas.

La tierra roja avanza entre la espesura de la flora y los aromas vegetales lo invaden todo, algunos charcos delatan lluvias recientes y preanuncian a “la mayor cortina de agua”, tal como son consideradas las cataratas del Iguazú.

Son 275 saltos de agua (el 80 por ciento del lado argentino) ubicados a 17 kilómetros de la desembocadura del río Iguazú en el curso del Paraná, punto en el que coinciden las fronteras de Brasil, Paraguay y Argentina.

Las cataratas están flanqueadas del lado argentino por la ciudad de Puerto Iguazú y en el sector brasileño, por Foz do Iguaçú.

Al ahondar en la historia se conoce que el primer propietario de esas tierras fue Gregorio Lezama quien subestimó su valor y las vendió en un remate a Domingo Ayarragaray, un vasco que hizo un hotel y algunos caminos para atraer a visitantes, aunque su verdadero negocio fue comerciar madera y arrasó con árboles autóctonos de gran porte.

Felizmente, las precarias condiciones del trabajo muy rudimentario en esa época, resultaron aliadas para evitar la devastación. La mano de obra eran los esclavos conocidos como los “mensú” cuyos salarios sólo los podían canjear por mercaderías en el almacén del pueblo. Esa injusta situación laboral se ve plasmada en Las aguas bajan turbias, filme argentino dirigido y protagonizado por Hugo del Carril a mediados del siglo 20.

Fue durante el gobierno del presidente Hipólito Yrigoyen cuando el Estado adquirió esos terrenos que en 1934 los declararon patrimonio nacional y tras ello se creó el Parque Nacional Iguazú.

En 1984, la Unesco galardonó al Parque Nacional como Patrimonio Natural de la Humanidad y en 2012 las cataratas fueron consagradas como una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo por la fundación suiza New7Wonder.

Safari 4x4

“La selva tiene más de 2.000 especies de flora autóctona que en algunos espacios está empobrecida por la tala realizada en el primer tercio del siglo 20. Esos puntos fueron colonizados por bambú y tacuara que proliferaron pero al menos protegieron la humedad de la tierra” dice Mauricio, el platense que desde 2001 hizo del Parque Nacional Iguazú su hábitat, al desempeñarse como guía.

Montados en la camioneta con techo replegado, se recorren los senderos habilitados del circuito Yacaratia, que muestra algunos ejemplares de petiribí, el “hermano del bosque o de la selva”, en lengua guaraní. Es el árbol más alto, del grupo que protege bañados ocupados por la “sultana”, nombre vulgar de una especie de jengibre, y entre lianas y helechos.

Asimismo, hay 115 especies de plantas exóticas en cuya erradicación trabaja un grupo de tareas.

En la mayor espesura, donde la humedad impera cobijada por la sombra, se encuentran las orquídeas las que, contrariamente a lo que se cree, no son parásitas, sino epífitas. Es decir, no absorben la savia del árbol que trepan, sólo lo usan como soporte. Situación similar a los filodendros (popularmente llamadas “sandalias”).

Ficus enormes se despliegan en el parque y algunos palo rosa, que son objeto de culto, ya que a comienzos del siglo pasado su madera muy codiciada los hizo blanco de la tala indiscriminada.  

“El yaguareté, el tapir, el palo rosa y el águila arpía son monumento nacional” y se encuentran en riesgo de extinción, sentencia Mauricio y agrega “estos lugares son recorridos de día por monos y de noche por murciélagos”.

En la actualidad en el parque nacional hay 600 especies de mamíferos (monos caí, coatíes, cuises, agutíes, corzuelas y zorros) y entre las aves hay más de 450 especies donde destacan los tucanes, jotes y vencejos (presencia protagónica en las cascadas); tucanes y urracas paraguayas, además de algunos yaguaretés, yacarés, peces y tortugas de agua.

El safari recorre 22 kilómetros y tiene la opción de hacer 12 kilómetros en camioneta y los 10 restantes a pie.

Circuito inferior

A través de pasarelas, se ingresa a la selva en búsqueda de los saltos Dos Hermanas, Chico Méndez y Ramírez.

Son alrededor de 1.700 metros, sin escaleras, hasta el salto Bossetti y el balcón del cañón del Iguazú.

El salto Bossetti es una imponente caída de agua que conduce a bordear el río Iguazú, el cual separa de la isla San Martín, que se puede visitar en bote con excursiones gratuitas, cuando el caudal de agua lo permite.

La caminata lleva al mirador desde donde se observa el encuentro del río con el cañón del Iguazú, y al fondo, la Garganta del Diablo envuelta en una niebla, mientras el ruido de las aguas al caer envuelven la escena.

En la parte final del circuito se regresa a Dos Hermanas y a través de escaleras se descorre el velo para observar las caídas de los saltos Alvar Núñez y Elenita entre otros.

El recorrido total es de aproximadamente dos horas.

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