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(Casi) volver a casa: cómo se vive la cuarentena en un hotel

Así fue la experiencia de una jujeña que estudia en Córdoba y que debió regresar a su provincia en pleno aislamiento.

Por María Cruz Mercado Luna (Especial).

“Por suerte tenía pava eléctrica en la habitación y cama grande”, se ríe Natalia. Es jujeña, estudia en la Universidad Nacional de Córdoba y vive en un departamento en el Centro. Como a muchos estudiantes, la cuarentena la encontró en Córdoba. Cuando se cancelaron los exámenes de la facultad y las semanas se hicieron meses, gestionó la vuelta.

El viaje más largo

La gestión de la vuelta la hizo con la Casa de Jujuy, representante del Gobierno jujeño en Córdoba. Se inscribió los primeros días de mayo y, tras esperar unas semanas, le avisaron un día antes que salía el colectivo en el que iba a viajar. Todos los que entraban a la provincia norteña tenían que cumplir con el aislamiento social.

“Llegar a la terminal de Córdoba y no ver gente fue superextraño. No había nadie, salvo los que volvíamos a Jujuy. Casi todos éramos estudiantes”, cuenta. Al ser un viaje gestionado por el Gobierno, el precio del pasaje fue más económico, de 1.500 pesos.

Fue un viaje largo: en varios momentos le pidieron los permisos de circulación al chofer. En entrar a la provincia tardaron unas cuatro horas, por los controles a todos los vehículos que ingresaban. La llegada a la terminal de San Salvador de Jujuy también se hizo sentir: seis horas de espera, controles de temperatura y presentación de los permisos correspondientes. Después, el colectivo acercó a cada uno a su lugar de estadía durante los siguientes 14 días.

Las opciones eran dos: cumplir la totalidad del aislamiento en un hotel o realizarse un test para determinar la presencia de coronavirus y, si daba negativo, pasar el resto de la cuarentena en el domicilio. Natalia eligió la primera opción.

La experiencia, en cuatro claves

Cumplir el aislamiento en un hotel significa que no se pueden usar los espacios comunes, ni tener contacto con familiares o con los encargados del establecimiento. Dice Natalia que no se puede quejar, que tenía una pava eléctrica, cable, cama de dos plazas y una buena vista.

Así fue su experiencia:

1. Comida: como no pueden usar el bar, los huéspedes comen en sus habitaciones. A ella, los primeros días le acercaba la comida su mamá. Cuando el hotel se empezó a llenar de gente, la modalidad cambió y un guardia le alcanzó los platos a la pieza.

2. Limpieza: tampoco puede haber servicio de aseo en la habitación. Por eso, los elementos de higiene y las sabanas nuevas se dejan en la puerta y son los propios huéspedes los que se encargan de la limpieza.

3. Seguimiento: un médico del Centro de Operaciones de Emergencia (COE) hace un seguimiento personalizado de cada huésped mediante consultas telefónicas todos los días.

4. El alta: y, finalmente, llega. Cuando se cumplen los 14 días, la Policía informa que se cumplió debidamente la cuarentena, se le da el alta al huésped, se firman los papeles necesarios y puede volver a su hogar.

“Fue una odisea. Pero, ya en casa, me doy cuenta de que estos protocolos permiten que la ciudad se mantenga cuidada”, cierra Natalia.

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La Voz.