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En pareja

Buenos Aires y una ruta al ritmo del 2x4

Opciones para visitar y recorrer las calles de la ciudad a través de casas de artistas, esquinas y plazas milongas claves en la historia del tango.

Por Christian Quinteros (Especial).

En 2009, el tango fue declarado por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Es una distinción que comparten Buenos Aires y Montevideo, las ciudades que vieron nacer a este género musical. En los suburbios y barrios populares de ambas capitales se mezclaron esclavos, criollos e inmigrantes europeos, cuyas costumbres y raíces se amalgamaron generando la identidad rioplatense. El tango, con su baile y su música entre marginal y nostálgica, surgió como el reflejo de esa cultura popular.

Para los amantes del 2x4, un recorrido por las calles de Buenos Aires permite rememorar aquellos escenarios de historias que marcaron una época. La propuesta es armar la ruta propia según el tiempo del que se disponga, y apreciar todas las formas que adopta el tango. Esto incluye esquinas, calles inmortalizadas en letras, barrios, plazas, bares, museos, milongas, hoteles y restaurantes con shows de orquestas y bailarines.

DATOS ÚTILES. Información útil para bailar en Buenos Aires.

Una opción es visitar la casa natal de Aníbal Troilo en Palermo, actualmente convertida en un centro cultural donde se pueden tomar clases de tango, entre otras actividades. Otro plan consiste en recorrer el Museo Casa Carlos Gardel, en la zona del Abasto, propiedad que el cantante compró a su madre en 1926 y en la que vivió los últimos cinco años antes de su fatídica muerte en Medellín. Allí se puede apreciar una copia de la partida de nacimiento del “zorzal criollo” que dice que nació en Toulouse en 1890; escuchar su obra completa compuesta por 893 canciones grabadas; y ver material audiovisual inédito con las últimas imágenes que lo registraron con vida. ¿Una tercera alternativa? Transitar la ruta de Osvaldo Pugliese, que se inicia en Villa Crespo con la visita a su casa de Av. Corrientes, continúa por la pintoresca plazoleta construida en su homenaje entre Corrientes y Scalabrini Ortiz, y termina en la unión de Boedo y Carlos Calvo en lo que fue el café Alabama, hoy café Recuerdo o esquina Osvaldo Pugliese, donde el maestro y su esposa finalizaban las largas caminatas que hacían varias veces a la semana.

Esquinas famosas

Buenos Aires conserva muchas esquinas consideradas infaltables en el periplo tanguero. Una es la emblemática San Juan y Boedo, inmortalizada en el tango Sur. Allí, en un local de 1927, funciona un bar por cuyas mesas pasaron varios de los músicos que hicieron del tango la expresión más representativa de la ciudad; entre ellos, Homero Manzi. Otra es la esquina sin ochava de Balcarce e Independencia, en San Telmo, donde funciona El Viejo Almacén. Es una casona de estilo colonial de 1780 convertida en tanguería en 1969 por Edmundo Rivero, que vio las presentaciones de personajes como Roberto Goyeneche, Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese y Horacio Salgán. Otra para tener en cuenta es la esquina de Rivadavia y Rincón, en el barrio de Balvanera, donde existe el mítico Café de los Angelitos por el que alguna vez pasaron Gardel, Razzano y Florencio Parravicini.

Sacándole viruta al piso

Las parejas que danzan al compás de los acordes del bandoneón, el violín o el piano conforman el espectáculo callejero que más turistas convoca. Una parada tradicional es plaza Dorrego, en San Telmo, una pista a cielo abierto donde bailarines profesionales actúan a la gorra y en la que también se encuentran los amantes con zapatos de charol para entrelazarse con un valsecito criollo o una milonga. Otro punto fundamental es la calle Caminito, en La Boca, que ofrece baile y música en un contexto de pintorescas casas, cantinas, artesanos y artistas.

Pero para saber cómo se baila este ritmo hay que vivir la experiencia de las milongas, espacios donde el tango se democratiza. Allí, las clases sociales, los géneros y las edades no tienen distinción, sólo importa el gusto por sacarle viruta al piso. Están aquellas conocidas de Palermo, como Parakultural y La Viruta; Marabú, en pleno centro porteño; Los Laureles, en el barrio de Barracas; las milongas de verano en club Ferro y las centenarias Sunderland y Sin Rumbo, en Urquiza, que hace unos años fueron clausuradas y por cuya reapertura claman los fieles tangueros.

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